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sábado, 12 de enero de 2008

RETRATO, Antonio Machado


Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla

Y un huerto claro donde madura el limonero;

Mi juventud, veinte años en tierra de Castilla;

Mi historia, algunos casos que recordar no quiero.


Ni un seductor Mañana ni un Bradomín he sido

-Ya conocéis mi torpe aliño indumentario-,

Mas recibí la flecha que me asignó Cupido,

Y amé cuanto ellas pueden tener de hospitalario.


Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,

Pero mi verso brota de manantial sereno;

Y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,

Soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.


Adoro la hermosura, y en la moderna estética

Corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;

Mas no amo los afeites de la actual cosmética

Ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.


Desdeño las romanzas de los tenores huecos

Y el coro de los grillos que cantan a la luna.

A distinguir me paro las voces de los ecos,

Y escucho solamente, entre las voces, una.


¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera

Mi verso, como deja el capitán su espada:

Famosa por la mano viril que la blandiera

No por el docto oficio del forjador preciada.


Converso con el hombre que sierre va conmigo

-Quien habla solo espera hablar a Dios un día-:

Mi soliloquio es plática con este buen amigo

Que me enseñó el secreto de la filantropía.


Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.

A mi trabajo acudo, con mi dinero pago

El traje que me cubre y la mansión que habito,

El pan que me alimenta y el lecho en donde yago.


Y cuando llegue el día del último vïaje,

Y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,

Me encontraréis a bordo, ligero de equipaje,

Casi desnudo, como los hijos de la mar.



Antonio Machado,

España