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sábado, 24 de septiembre de 2011

Gabriel García Márquez: DULCE SABOR DE UNA MUJER EXQUISITA

Vale más canción humilde que sinfonía sin fe. J.C.
"Si no vives para servir, no sirves para vivir" es el lema de
www.mesterdeobreria.blogspot.com




Si aún no ha pasado el bisturí por tu piel, 
si no tienes implantes de silicona en alguna parte de tu cuerpo, 
si los rollitos no te generan trauma, 
si nunca has sufrido de anorexia o bulimia, 
si tu estatura no afecta tu desarrollo personal, 
si cuando vas a la playa prefieres divertirte en el mar y no estar
sobre una toalla durante horas o tapada ocultando tu cuerpo, 
si crees que la fidelidad sí es posible y la practicas, 
si sabes cómo se prepara un arroz, 
si puedes preparar un almuerzo completo con postre, 
si tu prioridad no es ser rubia a como dé lugar, 
si no te levantas a las 4:00 a.m. para llegar de primera al gimnasio, 
si puedes salir con ropa de gimnasia tranquila a la calle un domingo, 
sin una gota de maquillaje en el rostro... 
ESTÁS EN VÍA DE EXTINCIÓN... Eres una mujer exquisita! 

Una mujer exquisita no es aquélla que más hombres tiene a sus pies; 
sino aquélla que tiene uno sólo que la hace realmente feliz. 
Una mujer hermosa no es la más joven, ni la más flaca, 
ni la que tiene el cutis más terso o el cabello más llamativo; 
es aquélla que con tan sólo una franca y abierta sonrisa, 
con una simple caricia y un buen consejo puede alegrarte la vida. 

Una mujer valiosa no es aquélla que tiene más títulos, ni más cargos académicos; 
Una mujer exquisita no es la más ardiente (aunque si me preguntan a mí,
todas las mujeres son muy ardientes... y los que estamos fuera de foco 
somos los hombres);
sino la que vibra al hacer el am or solamente con el hombre que ama.

Una mujer interesante no es aquélla que se siente halagada al ser admirada por su belleza y elegancia; 
es aquella mujer firme de carácter que puede decir NO. 

Y un HOMBRE... UN HOMBRE EXQUISITO es aquél que valora a una mujer así.
Que se siente orgulloso de tenerla como compañera... 
Que sabe tocarla como un músico virtuosísimo toca su amado instrumento... 
Que lucha a su lado compartiendo todos sus roles, desde lavar platos y tender la ropa,
hasta devolverle los masajes y cuidados que ella le prodigó antes... 

La verdad, compañeros hombres, es que las mujeres en eso de ser "muy machas"
nos llevan un gran recorrido... 


¡Qué tontos hemos sido -y somos- cuando valoramos el "regalo" 
solamente por la vistosidad de su empaque...! 
Tonto y mil veces tonto el hombre que come bagazo en la calle,
teniendo 
un exquisito manjar en su casa. 


martes, 6 de septiembre de 2011

Silvio Rodríguez: Llover sobre mojado

Vale más canción humilde que sinfonía sin fe. J.C.
"Si no vives para servir, no sirves para vivir"
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Album Tríptico, 1979


Despierto en una erótica caricia
y, sin amanecer, me estoy quemando.
Ruego que antes del fin de la delicia
la luz me diga quién estoy amando.
Hago un café romántico o barroco,
recobro mi cabeza en agua fría
y en el espejo veo al viejo loco
que cada día piensa que es su día.
Vaya forma de saber
que aún quiere llover
sobre mojado.
Leo que hubo masacre y recompensa,
que retocan la muerte, el egoísmo.
Reviso, pues, la fecha de la prensa.
Me pareció que ayer decía lo mismo.
Me entrego preocupado a la lectura
del diario acontecer de nuestra trama.
Y sé por la sección de la cultura
que el pasado conquista nueva fama.
Vaya forma de saber
que aún quiere llover
sobre mojado.
Salgo y pregunto por un viejo amigo
de aquellos tiempos duramente humanos,
pero nos lo ha podrido el enemigo,
degollaron su alma en nuestras manos.
Absurdo suponer que el paraíso
es sólo la igualdad, las buenas leyes.
El sueño se hace a mano y sin permiso,
arando el porvenir con viejos bueyes.
Vaya forma de saber
que aún quiere llover
sobre mojado.

sábado, 3 de septiembre de 2011

César Lévano: Adiós a Natalia, mi amada inmortal

Vale más canción humilde que sinfonía sin fe. J.C.
"Si no vives para servir, no sirves para vivir" es el lema de
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Respetando ese dolor
me aúno a la condolencia:
de todo queda la esencia,
mucho más cuando hay amor.

Julio Carmona
He sido huérfano de padre y madre desde niño. Pero ahora soy más huérfano que nunca. Ayer me dejó Natalia, mi esposa de toda la vida, la delicada y hermosa flor que no sé cómo supo acompañarme y ayudarme siempre, en las buenas, en las malas y en las pésimas.


Ni siquiera cuando, con cuatro hijos a cuestas, estaba en la lista negra redactada en Palacio y no me daban trabajo, nunca jamás le escuché una queja, un reproche, una cólera. Era el retrato vivo de la mujer fuerte y dulce de nuestro pueblo.

Yo no puedo olvidar los años en que, siendo mi enamorada, me esperó hasta que saliera de la prisión en los tiempos del dictador Odría.

Por eso recuerdo ahora con más fuerza el día en que Juan Gonzalo Rose, recién llegado del destierro, me dijo:

“Voy a escribir un poema, pero no sobre ti, sino sobre la mujer que te esperó tantos años cuando estabas detrás de las rejas”.

Ignoro si Rose llegó a escribir tal poema; pero la idea lo muestra como era: poeta hasta las raíces del amor.

Al conjuro de esa remembranza aprovecho para transcribir aquí en homenaje a Natalia un soneto que ella me inspiró, que inscribí en la memoria, cuando estaba encerrado en una jaula de cemento y hierro, en el Panóptico, a pocos metros del Paseo de la República, por donde circulaban los tranvías.



Dice así:

El ruido pasajero de un tranvía
me hurta la almohada oscura de aquel silencio denso,
y en la celda, de los sayones ya vacía,
se llena de ciudad el aire intenso.

Viaja tal vez allí la amada mía
con ojos tristes que mejor ni pienso,
rodeada por la aureola de su melancolía.
Mal retiene su llanto el nervio tenso.

¡Oh, delicados tiempos que fuimos de las manos
paseando por las calles y los parques urbanos
y un tranvía llevaba tu risa y mi alegría!

Hemos sido felices como en cuentos y sueños,
Hemos sido tan claros, que éramos dos pequeños
Dando vueltas y vueltas en el mismo tranvía.

Penitenciaría de Lima, febrero del 53.


Al poco tiempo de salir yo de la prisión, nos casamos. Era casi una irresponsabilidad edulcorada por el amor. Yo era un pobre aprendiz de periodista. Un cuarto de callejón en la calle Salitral del Rímac fue nuestro albergue nupcial durante meses, con un colchón tendido en el suelo, un primus y muchos libros regados encima de diarios.

Después, ella me ayudó a levantar el hogar en que hemos vivido con nuestros hijos, y en el que hemos compartido manjares, alegrías, dolores, amigos. Durante lustros, mi casa era una fiesta. Que lo digan Manuel Acosta, Carlos Hayre, Alicia Maguiña y otros muchos: Algunos de ellos compartirán el cielo con Natalia, si es que el cielo existe. Debería existir para acoger a seres como ella. Allí Pablo casas, su tío, la acogería con una melodía que cantara la dulzura, la altivez, la divina fineza.

Natalia: seguiremos dando vueltas y vueltas en el mismo tranvía.



lunes, 29 de agosto de 2011

Varios: Trabajo, rutina e inspiración

Vale más canción humilde que sinfonía sin fe. J.C.
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Flor de carne



Artistas e intelectuales, en su mayoría, coinciden: si las musas existen, se acercan solo a quienes están transpirando: 

“La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando”, aseguraba el pintor Pablo Picasso. 

"Si la inspiración no viene a mí, salgo a su encuentro, a la mitad del camino", advertía Sigmund Freud, médico austríaco (o creativo intelectual, si se tiene en cuenta que fundó el psicoanálisis). 

“El genio es 1% de inspiración y un 99% de sudor”, declaraba el inventor Thomas Alva Edison. 

La pregunta es: "¿Existe para usted una rutina a la hora de escribir? ¿Repentina inspiración o hábito sostenido?". Aquí, las respuestas más jugosas: 

Andrés Neuman, contra el lugar común acostumbrado (inspiración vs. hábito), plantea:
"Creo que no existe ninguna diferencia entre el hábito y la inspiración. La costumbre fabrica epifanías. ¿Alguna rutina? La salvaje: escribir todo lo que pueda, siempre que pueda. 

La autora Elsa Drucaroff opina:
"Sin el hábito sostenido, la repentina inspiración se pasa rápido y además nos maneja, llega cuando llega. Sola no sirve. Sirve cuando irrumpe mágicamente (me ocurrió, pero pocas veces), si no, hay que aprender a convocarla, facilitarla. El negro Fontanarrosa decía que la inspiración existe y a él siempre lo agarró trabajando. Ídem. Mi rutina para escribir consiste en usar todo el tiempo que puedo en depositar mi trasero en una silla preferentemente cómoda, ponerme los anteojos y empezar a teclear. Hay un momento en la elaboración de las novelas (cuando están bastante avanzadas y ese mundo y los personajes andan desplegándose en mí casi sin esfuerzo mío) en que preciso aislarme de la familia: me quedo completamente sola en algún lugar y trabajo ocho o nueve horas diarias, suelo escribir así un tercio del libro y o lo termino, o vuelvo con todo casi terminado". 

Noé Jitrik, por su parte, define:
"Podría creer que padezco de inspiración pero en realidad son solo ocurrencias a las que no les atribuyo ese carácter divino. Diría, correlativamente, que escribo por hábito sostenido; eso puede ser considerado rutina, pero en realidad escribo en cualquier parte y en cualquier momento". 

Abelardo Castillo responde con determinación: 
"Ninguna rutina; detesto la palabra rutina. También detesto la palabra inspiración, que me hace pensar en señoritas sublimes al borde del desmayo. Escribo como puedo y cuando puedo". 

Y, finalmente, la siempre libre de corsets Hebe Uhart declara: 
"No tengo rutina, y no sé por qué le parece a la gente tan importante la rutina de un escritor cuando al ser individuos tan distintos los escritores todos tienen hábitos tan distintos como sus peculiaridades como individuos. En cuanto a la segunda parte de la pregunta, la repentina inspiración y el hábito sostenido no son dicotómicos: la inspiración (configuración de una imagen, sensación, etc.) suele venir cuando uno está o estuvo pensando largamente en una dirección". 

martes, 9 de agosto de 2011

Juan Cristóbal: Poema de amor

Vale más canción humilde que sinfonía sin fe. J.C.
 "Si no vives para servir, no sirves para vivir"
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(s/n)

descubrí
mirando las azoteas
y los pequeños pasos
que los peregrinos daban
antes de llegar a los sueños
que era mejor
estar enfermo que sano
porque podía escuchar llorar a los gatos
a los frutos caer y saludar a la luna en mis manos
y decirte mirando a los ojos
como si mirara duraznos
 te amo
llueve
                                                                           y te amo

jueves, 28 de julio de 2011

Siete escritores comentan sobre el escribir…

Vale más canción humilde que sinfonía sin fe. J.C.
"Si no vives para servir, no sirves para vivir"
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Oswaldo Soriano



“Tratá de no meter todo en tu primer libro. El primer libro es eso, el primero. Después tiene que seguir otro. Y otro. Este oficio consiste en trabajo, paciencia y no aflojar”. 
- No es saludable que con un primer libro te vaya ni muy bien ni muy mal. Si te va fenómeno, después te va a costar el doble que el primero llegar al segundo. Si te ignoran o te aplastan, se necesita mucha fuerza para levantarse después”. “Cuando te ganás lectores, tenés una responsabilidad. Los lectores te pueden perdonar un tropiezo, dos. Pero así como te siguieron, si les mentís se dan cuenta. Y te abandonan. 

- No sé qué es el estilo. Quizá no conviene que un autor lo sepa. Pero los que sí lo saben son los lectores. 

- Hay cosas que los argentinos, y en particular los intelectuales, no perdonan. Que te vaya bien. Hay ejemplos. 

- Nadie escribe para no publicar. Es mentira que a uno no le importan ni la crítica ni la opinión de los lectores. 

- Hay escritores que no se traban nunca, que no tienen problemas con la página en blanco. Por lo general, son los más prolíficos, los más petulantes y, por supuesto, también los más mediocres. Cuando te trabás, ahí es donde hay que retomar el impulso, insistir. 

- No hay que mostrar mucho lo que uno anda escribiendo. Con unos pocos buenos amigos, que sean también buenos lectores y no perdonavidas, es suficiente. La crítica de un amigo suele ser más justa que el elogio de un crítico. 

- No hay que confiar nunca en los editores. Sí, hay editores honestos, pero sobran los dedos de una mano para contarlos. Mientras un escritor tiene tres, cuatro, a lo sumo una docena de libros para escribir en toda una vida, un editor tiene cientos de miles, para vender. El autor se envanece con la posibilidad de dar conocer su obra. El editor, en cambio, se conforma con hacer un buen negocio a costo de otro. Se supone que un escritor es valiente. Sin embargo, cada vez que se discuten estas cuestiones de los derechos de autor, somos siempre los mismos dos o tres desconocidos de siempre los que puteamos. Y nos toman por borrachos. 

- Los perdedores son siempre más interesantes que los ganadores. A los ganadores no se les cree. Por lo general, se agrandan y mienten. Por eso los perdedores resultan más atractivos, más humanos. Los perdedores todavía ignoran cómo se hace para ganar, prueban, lo intentan y fracasan, vuelven a intentarlo y vuelven a fracasar. Además se mantienen fieles a sí mismos en esa lucha. 

Jorge Luis Borges


El tiempo me ha enseñado algunas astucias: 

* Eludir los sinónimos, que tienen la desventaja de sugerir diferencias imaginarias. 

* Eludir hispanismos, argentinismos, arcaísmos y neologismos. 

* Preferir las palabras habituales a las palabras asombrosas. 

* Intercalar en un relato rasgos circunstanciales, exigidos ahora por el lector. 

* Simular pequeñas incertidumbres, ya que si la realidad es precisa la memoria no lo es. 

* Narrar los hechos (esto lo aprendí en Kipling y en las sagas de Islandia) como si no los entendiera del todo. 

* Recordar que las normas anteriores no son obligaciones y que el tiempo se encargará de abolirlas. 


Friedrich Wilhelm Nietzsche



1. Lo que importa más es la vida: el estilo debe vivir.

2. El estilo debe ser apropiado a tu persona, en función de una persona determinada a la que quieres comunicar tu pensamiento.

3. Antes de tomar la pluma, hay que saber exactamente como se expresaría de viva voz lo que se tiene que decir. Escribir debe ser solo una imitación.

4. El escritor está lejos de poseer todos los medios del orador. Debe, pues, inspirarse en una forma de discurso muy expresiva. Su reflejo escrito parecerá de todos modos mucho más apagado que su modelo.

5. La riqueza de la vida se traduce por la riqueza de los gestos. Hay que aprender a considerar todo como un gesto: la longitud y la cesura de las frases, la puntuación, las respiraciones; También la elección de las palabras, y la sucesión de los argumentos.

6. Cuidado con el período. Solo tienen derecho a el aquellos que tienen la respiración muy larga hablando. Para la mayor parte, el período es tan solo una afectación.

7. El estilo debe mostrar que uno cree en sus pensamientos, no solo que los piensa, sino que los siente.

8. Cuanto más abstracta es la verdad que se quiere enseñar, más importante es hacer converger hacia ella todos los sentidos del lector.

9. El tacto del buen prosista en la elección de sus medios consiste en aproximarse a la poesía hasta rozarla, pero sin franquear jamás el límite que la separa.

10. No es sensato ni hábil privar al lector de sus refutaciones más fáciles; es muy sensato y muy hábil, por el contrario, dejarle el cuidado de formular el mismo la última palabra de nuestra sabiduría.


Augusto Monterroso



El Decálogo del Escritor

Primero.
Cuando tengas algo que decir, dilo; cuando no, también. Escribe siempre.

Segundo.
No escribas nunca para tus contemporáneos, ni mucho menos, como hacen tantos, para tus antepasados. Hazlo para la posteridad, en la cual sin duda serás famoso, pues es bien sabido que la posteridad siempre hace justicia.

Tercero.
En ninguna circunstancia olvides el célebre díctum: "En literatura no hay nada escrito".

Cuarto.
Lo que puedas decir con cien palabras dilo con cien palabras; lo que con una, con una. No emplees nunca el término medio; así, jamás escribas nada con cincuenta palabras.

Quinto.
Aunque no lo parezca, escribir es un arte; ser escritor es ser un artista, como el artista del trapecio, o el luchador por antonomasia, que es el que lucha con el lenguaje; para esta lucha ejercítate de día y de noche.

Sexto.
Aprovecha todas las desventajas, como el insomnio, la prisión, o la pobreza; el primero hizo a Baudelaire, la segunda a Pellico y la tercera a todos tus amigos escritores; evita pues, dormir como Homero, la vida tranquila de un Byron, o ganar tanto como Bloy.

Séptimo.
No persigas el éxito. El éxito acabó con Cervantes, tan buen novelista hasta el Quijote. Aunque el éxito es siempre inevitable, procúrate un buen fracaso de vez en cuando para que tus amigos se entristezcan.

Octavo.
Fórmate un público inteligente, que se consigue más entre los ricos y los poderosos. De esta manera no te faltarán ni la comprensión ni el estímulo, que emana de estas dos únicas fuentes.

Noveno.
Cree en ti, pero no tanto; duda de ti, pero no tanto. Cuando sientas duda, cree; cuando creas, duda. En esto estriba la única verdadera sabiduría que puede acompañar a un escritor.

Décimo.
Trata de decir las cosas de manera que el lector sienta siempre que en el fondo es tanto o más inteligente que tú. De vez en cuando procura que efectivamente lo sea; pero para lograr eso tendrás que ser más inteligente que él.

Undécimo.
No olvides los sentimientos de los lectores. Por lo general es lo mejor que tienen; no como tú, que careces de ellos, pues de otro modo no intentarías meterte en este oficio.

Duodécimo.
Otra vez el lector. Entre mejor escribas más lectores tendrás; mientras les des obras cada vez más refinadas, un número cada vez mayor apetecerá tus creaciones; si escribes cosas para el montón nunca serás popular y nadie tratará de tocarte el saco en la calle, ni te señalará con el dedo en el supermercado.

( El autor da la opción al escritor de descartar dos de estos enunciados, y quedarse con los restantes diez. ) 

Horacio Quiroga



Decálogo del perfecto cuentista

I. Cree en un maestro -Poe, Maupassant, Kipling, Chejov- como en Dios mismo.

II. Cree que su arte es una cima inaccesible. No sueñes en domarla. Cuando puedas hacerlo, lo conseguirás sin saberlo tu mismo.

III. Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia.

IV. Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón.

V. No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adonde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas.

VI. Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia: "Desde el río soplaba el viento frío", no hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para expresarla. Una vez dueño de tus palabras, no te preocupes de observar si son entre sí consonantes o asonantes.

VII. No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas de color adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, el solo tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo.

VIII. Toma a tus personajes de la mano y llevalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo t? lo que ellos pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea.

IX. No escribas bajo el imperio de la emoción. Dejala morir, y continúa luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino.

X. No pienses en tus amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia. Cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida del cuento. 

Gabriel García Márquez



Advertencias de un escritor

1. Una cosa es una historia larga, y otra, una historia alargada.

2. El final de un reportaje hay que escribirlo cuando vas por la mitad.

3. El autor recuerda más como termina un artículo que como empieza.

4. Es más fácil atrapar un conejo que un lector.

5. Hay que empezar con la voluntad de que aquello que escribimos va a ser lo mejor que se ha escrito nunca, porque luego siempre queda algo de esa voluntad.

6. Cuando uno se aburre escribiendo el lector se aburre leyendo.

7. No debemos obligar al lector a leer una frase de nuevo. 

Ernest Hemingway



Consejos para escribir sin miedo

1. Escribe frases breves. Comienza siempre con una oración corta. Utiliza un inglés vigoroso. Sé positivo, no negativo.
2. La jerga que adoptes debe ser reciente, de lo contrario no sirve.
3. Evita el uso de adjetivos, especialmente los extravagantes como “espléndido, grande, magnífico, suntuoso”.
4. Nadie que tenga un cierto ingenio, que sienta y escriba con sinceridad acerca de las cosas que desea decir, puede escribir mal si se atiene a estas reglas.
5. Para escribir me retrotraigo a la antigua desolación del cuarto de hotel en el que empecé a escribir. Dile a todo el mundo que vives en un hotel y hospédate en otro. Cuando te localicen, múdate al campo. Cuando te localicen en el campo, múdate a otra parte. Trabaja todo el día hasta que estés tan agotado que todo el ejercicio que puedas enfrentar sea leer los diarios. Entonces come, juega tenis, nada, o realiza alguna labor que te atonte sólo para mantener tu intestino en movimiento, y al día siguiente vuelve a escribir.
6. Los escritores deberían trabajar solos. Deberían verse sólo una vez terminadas sus obras, y aun entonces, no con demasiada frecuencia. Si no, se vuelven como los escritores de Nueva York. Como lombrices de tierra dentro de una botella, tratando de nutrirse a partir del contacto entre ellos y de la botella. A veces la botella tiene forma artística, a veces económica, a veces económico-religiosa. Pero una vez que están en la botella, se quedan allí. Se sienten solos afuera de la botella. No quieren sentirse solos. Les da miedo estar solos en sus creencias…
7. A veces, cuando me resulta difícil escribir, leo mis propios libros para levantarme el ánimo, y después recuerdo que siempre me resultó difícil y a veces casi imposible escribirlos
8. Un escritor, si sirve para algo, no describe. Inventa o construye a partir del conocimiento personal o impersonal.

Diez Consejos de Hemingway para escribir algo importante en la vida

1. Enamorarse.

2. Creer en uno mismo cuando se escribe.

3. Mirar el mundo.

4. Frecuentar a los escritores del barrio.

5. No perder el tiempo.

6. Escuchar música y mirar pintura.

7. Leer sin parar.

8. No buscar explicarse a uno mismo.

9. Seguir aquello que te da placer.

10. Callarse la boca
 

domingo, 24 de julio de 2011

Víctor Hurtado Oviedo: Me gustan los estilistas; es decir, no leo a Vargas Llosa

Vale más canción humilde que sinfonía sin fe. J.C.
"Si no vives para servir, no sirves para vivir" es el lema de
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Mis objeciones serán estéticas. No leo a Mario Vargas Llosa porque me gustan los estilistas, y Vargas Llosa
es un buen escritor, mas no ha sido ni será un estilista. Ha brindado todo lo que pudo dar, y ha sido notable
en cierto modo, pero nunca ha ondulado el estilo de elegancia -clásica o barroca- que me agrada. Hay algo 
de solemne y formal en lo suyo: cierto mármol sin pulir que pesa y no brilla.

Por supuesto, todo es cuestión de gustos, y los míos se formaron en el verso y en la prosa de don Francisco
de Quevedo, en sus relumbres de ira y de gracia que no encuentro en Vargas Llosa -a quien el ingenio 
nunca acompañó ni siquiera media cuadra-.

También importa que busque uno en la literatura: ¿anécdota, suspenso, amor, justicia? Están bien, pero 
nunca serán suficientes pues la literatura es el arte aplicado de la retórica; es el uso perenne y sorpresivo 
de las figuras literarias. “Lo demás es caligrafía”, como enseñó el maestro del estilo Francisco Umbral. Ya 
le conozco la caligrafía sin puntas a Vargas Llosa.

Por el contrario, hay una decencia de escribir -una voluntad de estilo- en otros autores peruanos que han caído poco o nada en la agotadora tentación de la novela (la prosa no es novela; la prosa es otra cosa).

Estilistas de la prosa fueron o son Manuel González-Prada, Abraham Valdelomar, Raúl Porras 
Barrenechea, Luis Alberto Sánchez -por citar sólo algunos-. El censo es mayor y está abierto, y entre
los españoles del siglo XX se defienden solos Ramón del Valle-Inclán, Eugenio d’Ors, César 
González Ruano, Francisco Umbral y Raúl del Pozo. 


Nunca pondría a Mario Vargas Llosa en tan reluciente familia: él sería el primo lejano que se aparece 
en la fiesta del estilo y a quien, cuando empieza a bailar, se le cae la gracia.

Francisco Umbral