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miércoles, 22 de septiembre de 2010

Julio Carmona: A Violeta Carnero de Valcárcel. In memoriam

Vale más canción humilde que sinfonía sin fe. J.C.
"Si no vives para servir, no sirves para vivir" es el lema de
http://www.mesterdeobreria.blogspot.com/



Violeta Carnero de Valcárcel
A Violeta Carnero de Valcárcel, la conocí personalmente –si mal no recuerdo– allá por el año 2006. A pesar de haber vivido yo en Lima por un espacio de veinte años (1966-1986), nunca tuve la oportunidad de ni siquiera conversar con ella, aunque la conocía de vista y de lejos cuando asistió con Gustavo Valcárcel al Primer Encuentro de Poetas realizado en Chiclayo (conservo un libro de poemas autografiado por el poeta). O sea que con Gustavo tampoco hubo una cercanía amical. Producto también de mis aprehensiones cívicas (por entonces era –y creo seguir siéndolo– un tanto renuente a acercarme a los poetas consagrados). Incluso con la hija de ambos, Rosina Valcárcel (también consagrada poeta), tuve muy pocas oportunidades de tratarla durante mi permanencia en Lima, pese a habernos encontrado en eventos populares o de haber compartido un premio de poesía (en los años setenta). Pero, allá por el año de 1999, tuvo que pasarme la desgracia de tener un problema judicial (de injusticia laboral, cometida –por supuesto– contra mí) para que se diera la oportunidad de acercarnos amicalmente. Rosina, con esa generosidad que la caracteriza me apoyó con una nota periodística, con un desprendimiento inusual y sin ningún compromiso, pues ni siquiera habíamos cultivado hasta entonces una mínima amistad. Pero esa circunstancia me llevó a buscarla en su domicilio para manifestarle mi gratitud. Y desde entonces hemos edificado una amistad de la que no sólo me siento orgulloso, sino que cuido como si en realidad se tratase de cultivar una rosa (como la rosa de Martí). Entonces, cada vez que voy a Lima lo primero que hago es telefonear a mi amiga Rosina. Y ella, siempre generosa, reserva un lapso de su tiempo para vernos y conversar e intercambiar libros y abrazos y besos. Y, a propósito de besos, en uno de esos encuentros, acordamos con Rosina ir un día a visitar a Violeta. Y, al momento de saludarnos con un beso en la mejilla, se generó un lapsus y nos besamos en los labios. Es una anécdota maravillosa. Y allí pude constatar que, definitivamente, la sabiduría popular es totalmente acertada, comprobé en esa ocasión que “de tal palo, tal astilla”: Rosina es un reflejo del inmenso afecto que irradiaba Violeta. Cada quien con su propia personalidad, pero ambas unidas por una calidad humana singularísima. Violeta Carnero era un amor de persona. Me recibió con una demostración de aprecio que pocas veces he experimentado. Y con una sinceridad a prueba de cualquier duda. Y en los últimos años la he llamado muchas veces desde Piura para saludarla y recibir con su cálida voz la seguridad de que a mujeres y madres como ella muy bien les viene la expresión vallejiana de “Muerta inmortal”. Al día siguiente de recibir la noticia de su pase a la inmortalidad (a donde ha ido a encontrarse con su amado Gustavo), volví a difundir un poema que escribí el mismo día que la conocí en su casa. Al poco tiempo volví a dedicarle otro poema que ahora quiero –de manera virtual– hacerle llegar a Gustavo Valcárcel, como expresión de mi rendido reconocimiento al gran aporte que ambos le han hecho al pueblo peruano con su vida feraz.

CARTA ABIERTA A GUSTAVO VALCÁRCEL

Le robé un beso a tu esposa,
Inmenso poeta, Gustavo
(Un pétalo más a la rosa
No le hace menoscabo).

Pero sabes que ese beso
Tiene el don de carta abierta:
Como el fruto del cerezo
Llega a toda voz despierta.

Y a miles veo en soslayo
Dando besos a Violeta,
Convertidos en vasallos

De sus lágrimas discretas,
Pues no deja de haber mayo
Que no llore a su poeta.



De izquierda a derecha: Gustavo Valcárcel, Violeta Carnero,
Manuel Scorza y Juan Gonzalo Rose


domingo, 11 de abril de 2010

Julio Carmona: "Canto desde tu nombre"

Vale más canción humilde que sinfonía sin fe. J.C.
"Si no vives para servir, no sirves para vivir" es el lema de www.mesterdeobreria.blogspot.com


Patria, carta de entrañas amorosas,
He subido a las alturas erizadas de tu nombre,
He llegado a duras penas a sus agudas notas,
Allí donde se hace grito congelado
Como el dolor en los labios de un hombre herido.


Llegué, vi y dejé
Intactos tus cerros,
No quité nada a tu cielo. Sólo grabé mi nombre
En su corteza de aire. Llegué para clavarme
En las espinas de tu altura, buscándote
El secreto, la flor, la maravilla.


Subí a tu cielo azul como a un campanario
Y no encontré lo dulce que de ti buscaba.
Anduve por tus calles blancas,
Comprobé sus techos rojos, mordí la pureza
De tus árboles. Y tus piedras, como todas
Las alas, fieles a su trabajo,
Me golpearon,
Y no encontré, no vi, no hallé
La chispa de mi búsqueda.


Pero, de pronto -ciego,
Ciego de mí-, me cosquilleó una mano,
Suave como un suspiro,
Tenue mano de nube derretida: era el hombre,
Era el hombre que venía convertido en amigos,
En pellejos de llamas para la noche dura,
Con ponchos y frazadas para un mejor mañana
(Que no es lo mismo que decir buenas noches).


Y fue el mote del día siguiente,
Y el queso nieve abierta en pecho tierno,
Y el disculpen hermanos la pobreza,
Fue lo que me condujo al borde mismo del sollozo.
Y quise no seguir buscando más.
Me parecía todo revelado.


Pero surgió la clara
Dulzura de Graciela Eucalipto
Ordeñando las ubres de la noche
Para la sed infinita de mi amor desierto,
Ordenando a mis ojos la admiración y el éxtasis
Para su doble calma de manantial sin ruido.
Todo sonaba a gusto de cereza:
El agua, el cardo, la totora, el cerro.
Y nuevamente y otra vez seguí buscando
Otras dulces bellezas, más altas hermosuras:
Y así aprendí a empinarme a tus alturas
Para coger la mano del tiempo detenida
En cada flor o piedra o lluvia sin reposo.


En tus alturas, Patria, tramonté
El recuerdo de mi obrero:
Por ese sufrimiento de las manos mordidas,
Del dolor y la angustia
Del caer desde siglos de sudores sin premio.
Y en tu espacio me vi pequeño, ínfimo.
Esas alturas no eran
Para mi escuela ausente de epidermis oscura,
De pulmones ajados
Por la cruda fiereza del humoso cemento.


Pero subir a tu nombre, Patria, es beber el cielo.
Y fui a enmendar mi adusta permanencia en la sombra.
En tus alturas todo era claro.
Pero también todo era helado.
Desde tu piel de piedra, pasando
Por el mote pelado hasta el ardiente
Cañazo (y del aguijón
Del agua ni se diga) todo era frío.


Todo era frío menos los ojos vistos o vividos
En fogones tiernísimos alimentando el trago
Calientito, en la fría madrugada
Del toro-velay “que morirá mañana”.
Todo era frío menos el llanto
Del arpa, del wakrapuko
Y el violín que volaba sus cuerdas
En medio de la noche,
Aleteando un poncho de calores
Para el baile redondo
De corazones hambrientos (tal en el día
Vi avegar al cernícalo
En la penumbra del totoral
Hurgando alas menudas).


Perú, carta escondida,
Recién allí en la historia
De mi amor ardió tu nombre,
Como un llanto de fuego llegó a enriquecerme:
Yo no tengo palabras sino mundos
Metidos del dolor al dolor:
Porque no todo es risa
En ti, Perú, si hasta tu nombre
Tiene más cicatrices que la vida; y sabes,
Perú,
Que no todo sufrimiento es pena dolorida,
Pero sabes también por tus heridas
Que si el dolor es pena pero pena vivida
Es un anuncio opaco,
Pero anuncio al fin y al cabo
De nuevos, bellos, buenos o mejores días.


(Este poema es el introductorio del poemario -inédito- Mester de obrería, de Julio Carmona).
 

martes, 26 de enero de 2010

Julio Carmona: Poema 5 de "Código de Construcción Civil"

Vale más canción humilde que sinfonía sin fe. J.C.
"Si no vives para servir, no sirves para vivir" es el lema de http://www.mesterdeobreria.blogspot.com/



Hice ilusiones de mis caminatas. Edifiqué llamaradas con la sola presencia



Del amor. Me convertí en un faro de noticias al que todos los caminos


Conducían, mientras las mariposas, inocentes animalitos de la noche,


Confundían mis manos con el atardecer o la misericordia. Yo sabía


Que es más fácil defender una ciudad sitiada que acabar con la insania


De los que creen saberlo todo. Y observé cómo se abren en silencio


Unos labios verdes tras varios días de horadar la resistencia de la tierra.


Y llegué a comprender que nada de eso me convertía ni en más ni en menos


Sabio (aunque quien sabe de sí sabe más de los demás que los demás


De sí mismos empeñados en saber más de los otros), y antes de llegar


A converso de egoísmos, me hice discípulo del árbol que derrama sus frutos


Amarillos sin importarle el eco sin destino de los ojos cerrados, y aprendí


De la hierba que rodea al árbol caído y va tejiendo su red de pueblo erguido.


Y observando ese prodigio de solitaria solidaridad me alejé de la vereda


Que esparce, sin sentido, los pasos de la duda.

sábado, 17 de octubre de 2009

Julio Carmona: "La de Lucho de la Puente es lucha de valientes"

Vale más canción humilde que sinfonía sin fe. J.C.



A LA MONTAÑA SUBIÓ
CON VALOR DE COMANDANTE,
DE LA MONTAÑA VOLVIÓ
CUAL LOS HÉROES: TRIUNFANTE.

Con su perfil aguileño
Vivió oteando las alturas,
Émulas de su estatura
De gigante liberteño;
Alto como él sólo el sueño
De la libertad que amó
(No sólo su tierra, no:
Sino aquella que honra al hombre)
Y, valorando ese nombre,
A LA MONTAÑA SUBIÓ.

Cuando se lanzó al intento
De asaltar al cielo, iba
Acompañado de vivas
Miradas cortando el viento,
Poniéndole sentimiento
A una realidad cambiante;
Si la vida es un instante
Comparándola al futuro;
Él se enfrentó a ese muro
CON VALOR DE COMANDANTE.

Un valor que le dio vida
Eterna: su solo ejemplo
Se ha convertido en el templo
Donde la llama encendida
De la rebelión anida,
Y el socialismo que amó
Con su sangre alimentó,
Y, uniendo vida a destino,
Siguiendo el mismo camino
DE LA MONTAÑA VOLVIÓ.

Lucho de la Puente Uceda
Es parte de esa montaña
Que engrandeció con su hazaña;
Por eso su imagen queda
Grabada como en moneda
De valor nunca menguante:
Cual liberteño: gigante;
Cual los dioses: inmortal;
Cual los hombres: sin igual;
CUAL LOS HÉROES: TRIUNFANTE.

lunes, 15 de septiembre de 2008

ME INDIGNO DE QUE ME CREAN INDIGNO, Julio Carmona



Vale más canción humilde que sinfonía sin fe. J.C.


Sí, estoy rojo de dolor

Pero también de cólera porque no puede ser

Que las auroras sirvan sólo para despertar

A la misma pesadilla y que los ojos

Se abran sólo para gritar no quiero

Ahogarme en este llanto de luceros fofos

O que las manos encallezcan de no hacer nada

Para agarrarse a golpes con el obeso presente

Y hacerlo parir el porvenir

O haber nacido para olvidar

Los recuerdos apagados por el último disparo

De la traición a sabiendas de que el vino

En odres viejos siempre es mejor

Porque sirve de ejemplo

Y porque no puedo creer

En esos dioses falsos que se esfuerzan

En dorarnos la píldora y seguir embarazándonos

De miedo seguros como estamos de que nadie

Es dueño de la verdad y menos del que pregona serlo

Porque la verdad no se dice sino se hace

Y no nace sino se hace con cada latido

Del trabajo

Sí, estoy rojo de amor

Pero también de odio por los golpes recibidos

Desde hace siglos por los que creen que la piedra

Es de acero y aunque lo fuera qué se han creído

Que no duele el honor la dignidad o la vergüenza?


Sí, y por eso, liberando a la poesía de su aura núbil,

Me cago en la puta que los parió.



Julio Carmona
Perú

sábado, 17 de mayo de 2008

LETANÍA A JAVIER HERAUD, Julio Carmona

Ay, Javier de las cortas primaveras,
francamente no he podido,
no he tenido valor
para llorarte. Tú comprendes,
altísimo gorrión, ay, río inagotable.

No te puedo mirar
en mis paredes (todas
las llenas: tu presencia vigila
mis poemas), repito: no te puedo tener
ante mi vida, sin tu sangre quemándome
la angustia, el amor, la rebeldía... Y...
ya ves, cuando quiero llorar
tus aguas rotas, te siento
en mi guitarra; siento
que me impones
su silencio desgarrado y unas ganas enormes de seguirte
o de odiar (mejor: seguir odiando todavía)
las gorras y las botas y
su correo negro
que vaciaron tus aguas
a ese río
de ti inagotable.

Me ha sucedido siempre,
Javier de eternas alboradas,
siempre que tu presencia
me renace en el pecho,
en la camisa,
en el sol
que voy tragándome sin asco...

Lo sé y te pido
perdón, hermano mío,
por no poder llorarte todavía,
por no poder decirte:
Camarada,
“Las montañas,
los pájaros
y el mar
para siempre nos
pertenecen.”


Julio Carmona,
Perú

domingo, 11 de mayo de 2008

MADRE DE TODOS LOS DÍAS, Julio Carmona


Madre de todos los días
Y de esta noche social,
Madre que sufres y olvidas
Porque sabes perdonar.

Madre que frente al abismo
De la mentira y la muerte
Te yergues con tu cariño
Que es tu arma más potente.

Madre de la patria, madre
Del sol, la tierra y la espiga

En tu pecho hay vendavales
Para defender la vida.

Madre buena como el pan
Cuando alimentas a tu hijo,
Pero violento volcán
Contra el chacal y el felino.

Madre de todos los días,
Te yergues con tu cariño
Para defender la vida
Contra el chacal y el felino.

Julio Carmona,
Perú


viernes, 18 de abril de 2008

AMIGOS, Julio Carmona



No me canso de leer
A este Vallejo
Con sus huesos humanos
Doliéndome en el verbo.

No me canso de hundir
Mi lengua en los múltiples
Ojos de Neruda
Y su última voz
Sonándome en la dicha.

No me detengo y tomo
Desde su amplio corazón
A Eluard y sus pulmones
Llenos de mundo y
“odio
al reino de los burgueses
al reino de los policías y los curas”.

No por eso mis demás
Amigos,
Compañeros del sueño
Y la vigilia,
Llegan a escarbarme menos:
Mis amigos
Me palpan con su amor
Mis asperezas.

Mis amigos,
Junto a Paul, Pablo y César,
Me exprimen la tenaz
Filantropía de la muerte
En este vacío de amor
Que me enardece.

Julio Carmona,
Perú