Que me premien por bueno, no es mi meta,
pues es, en todo caso, mi deber;
si me acusan de malo por poeta,
pues tendría que volver a nacer.
Me premio solo yo, sin más receta,
cuando el pueblo me entrega su saber;
cuento, de esa manera, con tener
reservas de cariño, cual cometas
cuyos hilos de sangre dejan ver
que se nace y se hace en una clase
y se vive y se muere en ese ser,
porque es casi cariño de mujer
que no te exige boleto ni pase:
solamente el derecho de nacer.
Julio Carmona