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lunes, 13 de septiembre de 2010
José Agustín Goytisolo: LOS CELESTIALES
Vale más canción humilde que sinfonía sin fe. J.C.
"Si no vives para servir, no sirves para vivir" es el lema de
http://www.mesterdeobreria.blogspot.com/
"No todo el que dice: Señor,
Señor, entrará en el reino…"
(Mat., 7,21)
Después y por encima de la pared caída,
de los vidrios caídos, de la puerta arrasada,
cuando se alejó el eco de las detonaciones
y el humo y sus olores abandonaron la ciudad
después, cuando el orgullo se refugió en las cuevas,
mordiéndose los puños para no decir nada,
arriba, en los paseos, en las calles con ruina
que el sol acariciaba con sus manos de amigo,
asomaron los poetas, gente de orden, por supuesto.
Es la hora, dijeron, de cantar los asuntos
maravillosamente insustanciales, es decir,
el momento de olvidarnos de todo lo ocurrido
y componer hermosos versos, vacíos, sí, pero sonoros,
melodiosos como el laúd,
que adormezcan, que transfiguren,
que apacigüen los ánimos, ¡qué barbaridad!
Ante tan sabia solución
se reunieron, pues, los poetas, y en la asamblea
de un café, a votación, sin más preámbulo,
fue Garcilaso desenterrado, llevado en andas, paseando
como reliquia, por las aldeas y revistas,
y entronizado en la capital. El verso melodioso,
la palabra feliz, todos los restos,
fueron comida suculenta, festín de la comunidad.
Y el viento fue condecorado, y se habló
de marineros, de lluvia, de azahares,
y una vez más, la soledad y el campo, como antaño,
y el cauce tembloroso de los ríos,
y todas las grandes maravillas,
fueron, en suma, convocadas.
Esto duró algún tiempo, hasta que, poco
a poco, las reservas se fueron agotando.
Los poetas rendidos de cansancio, se dedicaron
a lanzarse sonetos, mutuamente,
de mesa a mesa, en el café. Y un día,
entre el fragor de los poemas, alguien dijo: Escuchad,
fuera las cosas no han cambiado, nosotros
hemos hecho una meritoria labor, pero no basta.
Los trinos y el aroma de nuestras elegías,
no han calmado las iras, el azote de Dios.
De las mesas creció un murmullo
rumoroso como el océano, los poetas exclamaron:
Es cierto, es cierto, olvidamos a Dios, somos
ciegos mortales, perros heridos por su fuerza,
por su justicia, cantémosle ya.
Y así el buen Dios sustituyó
al viejo padre Garcilaso, y fue llamado
dulce tirano, amigo, mesías
lejanísimo, sátrapa fiel, amante, guerrillero,
gran parido, asidero de mi sangre, y los Oh, Tú,
y los Señor, Señor, se elevaron altísimo, empujados
por los golpes de pecho en el papel,
por el dolor de tantos corazones valientes.
Y así se perduran en la actualidad.
Ésta es la historia, caballeros,
de los poetas celestiales, historia clara
y verdadera, y cuyo ejemplo no han seguido
los poetas locos, que, perdidos
en el tumulto callejero, cantan al hombre,
satirizan o aman el reino de los hombres,
tan pasajero, tan falaz, y en la locura
lanzan gritos, pidiendo paz, pidiendo patria,
pidiendo aire verdadero.
(Salmo al viento, 1958)
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Verso: Goytisolo
martes, 1 de abril de 2008
EL OFICIO DEL POETA, José Agustín Goytisolo
Contemplar las palabras
sobre el papel escritas,
medirlas, sopesar
su cuerpo en el conjunto
del poema, y después,
igual que un artesano,
separarse a mirar
cómo la luz emerge
de la sutil textura.
Así es el viejo oficio
del poeta, que comienza
en la idea, en el soplo
sobre el polvo infinito
de la memoria, sobre
la experiencia vivida,
la historia, los deseos,
las pasiones del hombre.
La materia del canto
nos lo ha ofrecido el pueblo
con su voz. Devolvamos
las palabras reunidas
a su auténtico dueño.
José Agustín Goytisolo,
España
(Texto proporcionado por Gustavo Pérez Hinojosa).
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lunes, 11 de febrero de 2008
ASÍ SON, José Agustín Goytisolo
Su profesión se sabe es muy antigua
Y ha perdurado hasta ahora sin variar
A través de los siglos y civilizaciones.
No conocen vergüenza ni reposo
Se emperran en su oficio a pesar de las críticas
Unas veces cantando
Otras sufriendo el odio y la persecución
Mas casi siempre bajo tolerancia.
Platón no les dio sitio en su República.
Creen en el amor
A pesar de sus muchas corrupciones y vicios
Suelen mitificar bastante la niñez
Y poseen medallones o retratos
Que miran en silencio cuando se ponen tristes.
Ah curiosas personas que en ocasiones yacen
En lechos lujosísimos y enormes
Pero que no desdeñan revolcarse
En los sucios jergones de la concupiscencia
Sólo por un capricho.
Le piden a la vida más de lo que ésta ofrece.
Difícilmente llegan a reunir dinero
La previsión no es su característica
Y se van marchitando poco a poco
De un modo algo ridículo
Si antes no les dan muerte por quién sabe qué cosas.
Así son pues los poetas
Las viejas prostitutas de la Historia.
José Agustín Goytisolo,
Barcelona
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