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jueves, 10 de julio de 2008

CASI FABULA, Alejandro Romualdo


ROMUALDO VIVE

Van a venir a buscarnos
Con un pájaro negro,
Con una fruta dorada,
Con un caballo de copas.

Con un caballo de copas,
Una fruta dorada,
Un pájaro negro,
Van a venir a tentarnos.

Si tú, amor mío, te fueras
En el caballo de copas,
Y yo en el pájaro negro
Una fruta dorada dejaríamos
A los que vienen a tentarnos,
A los que vienen a matarnos,
A los que vienen a quitarnos
La libertad.

Alejandro Romualdo,
Perú

(Texto proporcionado por Carlos Meneses).


jueves, 29 de mayo de 2008

BREVE ANTOLOGÍA, Alejandro Romualdo



PERÚ EN ALTO

Según mi modo de sentir el fuego
Soy del amor: sencillamente ardiendo.
Según mi modo de sufrir el mundo,
Soy del Perú, sencillamente siendo.

Tierra del sol, marcada al negro vivo,
Llorando sangre por los poros, sombra
A media luz del bien, a media noche
Del día por venir. Yo estoy contigo.

Golpe, furia, Perú: ¡todo es lo mismo!
Saber, a ciencia incierta, lo que somos,
Buscando a media luz, otro destino,
Con todo el cielo encima de los hombros.

Por eso quiero alzarte, recibirte
Con los besos abiertos,
Junto a la luz,
Ardiendo de alegría.


SOBRE LA INFANCIA


La infancia nos llena la cabeza de luciérnagas,
De polvo las rodillas y los ojos nos cubre
Dulcemente. La infancia nos llena las manos
De globos y limosnas; la boca de pitos y azucenas
Y nos cobre las espaldas con sus plumas de cigüeña.
En la infancia son monarcas los ratones y los dientes.
¡Oh la infancia, la hora blanca del reloj,
El tierno silabario, el bonete de los ángeles y el duende!
Uno se siente nuevo, herido por un corcho,
Muerto heroicamente sobre un caballo de madera:
Amo mi infancia, mi corazón en pantalones cortos.



EL CUERPO QUE TÚ ILUMINAS


Porque eres como el sol de los ciegos, Poesía,
Profunda y terrible luz que adoro diariamente.
Mis ojos se queman como los ojos de las estatuas
Mi corazón padece como un vaso de vino en un armario.

Tú eres un puente de agonía, un mar animado
De agua viva y palpitante. Tú te alzas y brillas:
Yo giro alrededor de ti; alta y pura te miro
Como los perros a la luna, como un semáforo para morir.

¡Oh Poesía incesante, mi buitre cotidiano,
Me tocó servirte en el reparto de sufrimientos:
Como un niño exploraba las tierras pálidas del sol.

¡Oh Poderosa! Yo soy para ti uno de los miembros
De esta numerosa familia sideral
Compuesta de padres e hijos milenarios.
Yo soy para ti la noche: Tú me enciendes,
Ardo en el vientre universal,
Rabio con las olas y las nubes,
Escribo al girasol que me ama diariamente deslumbrado.

Yo te devuelvo, amor mío, como un espejo desierto
En cuyas entrañas están las cenizas de donde Tú renaces.
Yo te devuelvo amor, mi vientre se renueva sin cesar.
Tú te ocultas y muerdes, entonces, como una ola gloriosa, llena de dulzura y vigor.

¡Oh Poesía, mi rayo divino y cruel, clava tu pico,
Devora el fuego que me abate, apaga esta zarza inmortal!

He aquí mi cuerpo, roído por las estrellas,
Pálido y silencioso como un dios que ha cesado
Y que Tú arrastras, borrándolo, como el mar o la muerte.



SI ME QUITARAN TOTALMENTE TODO


Si me quitaran totalmente todo
Si, por ejemplo, me quitaran el saludo
De los pájaros, o los buenos días
Del sol sobre la tierra,
Me quedaría
Aún
Una palabra. Aún me quedaría una palabra
Donde apoyar la voz.

Si me quitaran las palabras,
O la lengua,
Hablaría con el corazón
En la mano,
O con las manos en el corazón.

Si me quitaran una pierna
Bailaría en un pie.
Si me quitaran un ojo
Lloraría en un ojo.
Si me quitaran un brazo
Me quedaría el otro,
Para saludar a mis hermanos,
Para sembrar los surcos de la tierra,
Para escribir todas las playas del mundo, con tu nombre, amor mío.



RESPONSO POR UN PAYASO NEGRO


Aquí yace Sam Brown. Aquí descansa su rueda pálida,
La que hacía girar sencillamente bajo sus pies como
Un planeta o una ola.
Lejos de su infancia silvestre, de la fiebre sexual, del
Tambor y de la danza hirviente.
Lejos. Dejó su infancia de leopardos y grullas y flores exóticas.
Aquí yace, más frío que la luna, más triste que el vino,
Derramado y oscuro como un vaso de miel para todas las
Moscas de la destrucción.
Una familia de arlequines le reza. Los astros del circo lloran
Y se apagan:
La muerte es una rueda muy traicionera, un jaguar silencioso
Que cae desde lo alto -desde cualquier hora-
Como un fruto encendido cae desde cualquier estación.
Aquí yace Sam Brown, más pálido que un espejo bajo la
Hierba mortal.
Su último traje ya no se arruga, el traje de la función final
En la cual tenía que caer junto con el telón
De la vida y la rueda.

Pidamos que la muerte no nos deje decir nada.
Pidamos que la muerte nos separe, nos desgaje suavemente.
Pidamos que nos haga desaparecer como un ilusionista.
Roguemos porque la muerte llegue como el extraño que nos pregunta por la hora.
Porque Sam Brown ya no se mueve.
Porque aquí yace Sam Brown como un girasol ciego.


Alejandro Romualdo,

Perú




miércoles, 2 de enero de 2008

A OTRA COSA, Alejandro Romualdo



Basta ya de agonía. No me importa
La soledad, la angustia ni la nada.
Estoy harto de escombros y de sombras.
Quiero salir al sol. Verle la cara

Al mundo. Y a la vida que me toca,
Quiero salir, al son de una campana
Que eche a volar olivos y palomas.
Y ponerme, después, a ver qué pasa

Con tanto amor. Abrir una alborada
De paz, en paz con todos los mortales.
Y penetre el amor en las entrañas
Del mundo. Y hágase la luz a mares.

Déjense de sollozos y peleen
Para que los señores sean hombres.
Tuérzanle el llanto a la melancolía.
Llamen siempre a las cosas por sus nombres.

Avívense la vida. Dense prisa.
Esta es la realidad. Y esta es la hora
De acabar de llorar mustios collados,
Campos de soledad. ¡A otra cosa!

Basta ya de gemidos. No me importa
La soledad de nadie. Tengo ganas
De ir por el sol. Y al aire de este mundo
Abrir, de paz en paz, una esperanza.

Alejandro Romualdo,
Perú.