Vale más canción humilde que sinfonía sin fe. J.C.
"Si no vives para servir, no sirves para vivir" es el lema de
http://www.mesterdeobreria.blogspot.com/
José María Arguedas se enfrentó al APRA y cumplió condena por ello. Recientemente le negaron a este 2011 llevar el nombre del escritor, a cien años de su nacimiento. Sin embargo, todos quieren a José María; nadie al APRA.
Sólo lo vi una vez, fue en Lima, me parece que en 1957. Él hablaba pausadamente con los que estaban más próximos, en la mesa del bar. Yo sólo escuchaba. No tuve una nueva oportunidad de verlo y, sobre todo, de poder conversar con él.
Era una de las deudas que tenía conmigo mismo. La lectura de “Los ríos profundos” me había impresionado más que esa reunión con el autor, pero yo sabía que conversando con él esa diferencia desaparecería, la obra y el autor estarían a la misma altura.
Sólo unos 7 u 8 años más tarde viviendo ya fuera del Perú, tuve la satisfacción de leer “Todas las sangres”. Cada página que concluía era un retrato de lo que significa la desigualdad. Una porción del dolor del auténtico peruano maltratado. Sentía voces lanzadas con ferocidad, y ayes, quejidos como toda respuesta.
De las páginas del libro salían los indios heridos, sus mujeres violadas, los niños sin alfabeto y trabajando desde que tenían uso de razón. ¿Y quién tiene la culpa? ¿Y quién queda indiferente ante ese cuadro? ¿Y quién manda y se adueña de todo?
Uno piensa cuando termina la lectura de “Todas las sangres”, ¿Arguedas estuvo presente en ese mundo? ¿Arguedas los vio sufrir? ¿Arguedas supo quién tiene la culpa? Y también uno se entera. Arguedas aprendió primero quechua que castellano. Arguedas alimentó su imaginación con los cuentos de las sufridas y valerosas mujeres indias.
Arguedas se afilió al Partido Comunista para luchar más abiertamente contra la injusticia. Arguedas vive, ha vivido, vivirá a través de su obra, defendiendo a esos otros peruanos humillados. Demostrando la insolidaridad de muchos y clamando por la igualdad, por los mismos derechos para todos. Y al terminar de leer “Los ríos profundos”, “El zorro de arriba y el zorro de abajo”, “Agua”, “Todas las sangres”, los otros libros en los que Arguedas escribe acerca de la realidad peruana como sobre un pentagrama de dolor, uno se pregunta: ¿Y todo va a seguir igual? ¿Y a pesar de esta denuncia emocionada e inteligente, no habrá cambio? ¿Continuará la indiferencia? ¿La sociedad peruana seguirá fragmentada en muchas partes, por culpa de complejos raciales e injusta distribución de la riqueza? Y así ha seguido.
Y aunque se han levantado otras voces después de Arguedas, y se levantaron otras (Mariátegui, Vallejo y más) antes de Arguedas, no hay variante. Hay apego a la costumbre de la indiferencia total. Hay aquello de “yo vivo bien, allá los otros”.
Y finalmente uno se dice, y dice a los demás, y escribe: ¿pero a Arguedas no se le tendría que aplaudir unánimemente? ¿Acaso no ha retratado al Perú con nitidez poniendo el alma? ¿No ha sido él quien ha mostrado en toda su plenitud el drama? ¿No hay premio para su memoria?
El año que corre, el de sus cien años de nacido, merecía ser llamado “Año de José María Arguedas”. ¿Y por qué no se le llamó así? Pregunta con fácil respuesta. No pertenecía a la clase de los indiferentes. Se significó como defensor del indio. Mostró las lacras del país. Quiso un Perú mejor donde unos no pisaran el cuello de los otros.
Sobre todo, el año no llevará su nombre porque Arguedas era comunista. Porque era como Oquendo de Amat, es decir: porque se enfrentó al APRA. Y eso se castiga; lo estamos viendo. Solo hay que leer “El Sexto”, el libro en el que muestra la ferocidad de la cárcel, el enfrentamiento entre comunistas y apristas tras las rejas de la prisión.
Carlos Meneses
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domingo, 30 de enero de 2011
sábado, 16 de octubre de 2010
Carlos Meneses: “Los dos Marios”
Vale más canción humilde que sinfonía sin fe. J.C.
"Si no vives para servir, no sirves para vivir"
es el lema de http://www.mesterdeobreria.blogspot.com/
Con motivo del Nobel otorgado a Mario Vargas Llosa se ha producido una verdadera explosión de comentarios. Como es normal, tratándose de un personaje de su talla, en esas críticas hay desde panegíricos hasta diatribas, pasando por los ceñidos análisis de su obra. No es raro encontrar a los que exclusivamente miran el comportamiento no del narrador sino del hombre. Y rechazan y atacan sus ideas. Esto ha determinado que en algunos casos se llegue a una disyuntiva: ¿hay un Mario bueno y otro malo? Y, más aún, que el Mario bueno que no es otro que el narrador supera al político y al periodista. Mientras que los que manejan la invectiva señalan, y no de buen talante, que el Mario malo es el defensor de ideas y comportamientos que no sólo no convencen sino que van en detrimento de los pueblos en especial del suyo, el Perú.
La obra de Vargas Llosa es muy extensa, en especial la narrativa. No siempre un escritor mantiene un mismo nivel a lo largo de por lo menos quince novelas. Nadie duda que el momento más destacado de esa trayectoria se produjo en el inicio de su carrera, cuando publicó tres novelas excelentes. La ciudad y los perros que denunciaba toda la turbiedad en los colegios militares. La casa verde que era un dechado de técnica narrativa, y Conversación en la Catedral mostrando los rincones tumefactos de la sociedad limeña con la colaboración de un diario y sus principales redactores. La Academia sueca, que es la que concede el Nobel, no ha hecho la menor referencia a estos méritos insoslayables. Quienes han leído con atención a Vargas consideran o podrían considerar que este premio corresponde a ese joven de los años sesenta. Cuando exclusivamente se le calificaba como un renovador o, algo más, un revolucionario de la narrativa en castellano, y también, claro que sí, de las ideas políticas.
En algunos artículos de los que defienden al Mario escritor, del adversario, el Mario al que llamaremos político, se nota que aceptan la parte que muchos llaman desagradable, fea o turbia (sea por la guerra del Petróleo en Irak o por su visión a favor de que la amazonía peruana sea explotada por capitales extranjeros) y sentencian que aunque exista el malo lo que vale es la superioridad del bueno. Esto es demostrativo de que están de acuerdo en la existencia de un Vargas negativo. La literatura nos puede dar muchos ejemplos de escritores con sombras de maldad cuya calidad literaria ha sobresalido por encima de lo nefasto: Ezra Pound, Villon, Arthur Rimbaud, y nuestro José S. Chocano. Vargas Llosa, hombre sobre todo inteligente, agita banderas como la libertad, la paz y naturalmente la verdad. Conceptos que se encuentran tanto en un bando como en otro. Que han perdido una parte de su valor precisamente por eso. La derecha aplaude su concepto de libertad. La izquierda reclama una libertad más amplia, la que abarque a todas las clases sociales sin distinción.
Pero no nos salgamos de las pautas trazadas. Mario Vargas Llosa desde 1970 viene mereciendo el premio Nobel, por esas tres excelentes novelas que no ha podido superar.
En el otro platillo de la balanza pondremos que, a esta altura de su existencia, 74 años de edad, quién no sabe lo que es Mario fuera del mundo de las letras.
"Si no vives para servir, no sirves para vivir"
es el lema de http://www.mesterdeobreria.blogspot.com/
Con motivo del Nobel otorgado a Mario Vargas Llosa se ha producido una verdadera explosión de comentarios. Como es normal, tratándose de un personaje de su talla, en esas críticas hay desde panegíricos hasta diatribas, pasando por los ceñidos análisis de su obra. No es raro encontrar a los que exclusivamente miran el comportamiento no del narrador sino del hombre. Y rechazan y atacan sus ideas. Esto ha determinado que en algunos casos se llegue a una disyuntiva: ¿hay un Mario bueno y otro malo? Y, más aún, que el Mario bueno que no es otro que el narrador supera al político y al periodista. Mientras que los que manejan la invectiva señalan, y no de buen talante, que el Mario malo es el defensor de ideas y comportamientos que no sólo no convencen sino que van en detrimento de los pueblos en especial del suyo, el Perú.La obra de Vargas Llosa es muy extensa, en especial la narrativa. No siempre un escritor mantiene un mismo nivel a lo largo de por lo menos quince novelas. Nadie duda que el momento más destacado de esa trayectoria se produjo en el inicio de su carrera, cuando publicó tres novelas excelentes. La ciudad y los perros que denunciaba toda la turbiedad en los colegios militares. La casa verde que era un dechado de técnica narrativa, y Conversación en la Catedral mostrando los rincones tumefactos de la sociedad limeña con la colaboración de un diario y sus principales redactores. La Academia sueca, que es la que concede el Nobel, no ha hecho la menor referencia a estos méritos insoslayables. Quienes han leído con atención a Vargas consideran o podrían considerar que este premio corresponde a ese joven de los años sesenta. Cuando exclusivamente se le calificaba como un renovador o, algo más, un revolucionario de la narrativa en castellano, y también, claro que sí, de las ideas políticas.
En algunos artículos de los que defienden al Mario escritor, del adversario, el Mario al que llamaremos político, se nota que aceptan la parte que muchos llaman desagradable, fea o turbia (sea por la guerra del Petróleo en Irak o por su visión a favor de que la amazonía peruana sea explotada por capitales extranjeros) y sentencian que aunque exista el malo lo que vale es la superioridad del bueno. Esto es demostrativo de que están de acuerdo en la existencia de un Vargas negativo. La literatura nos puede dar muchos ejemplos de escritores con sombras de maldad cuya calidad literaria ha sobresalido por encima de lo nefasto: Ezra Pound, Villon, Arthur Rimbaud, y nuestro José S. Chocano. Vargas Llosa, hombre sobre todo inteligente, agita banderas como la libertad, la paz y naturalmente la verdad. Conceptos que se encuentran tanto en un bando como en otro. Que han perdido una parte de su valor precisamente por eso. La derecha aplaude su concepto de libertad. La izquierda reclama una libertad más amplia, la que abarque a todas las clases sociales sin distinción.
Pero no nos salgamos de las pautas trazadas. Mario Vargas Llosa desde 1970 viene mereciendo el premio Nobel, por esas tres excelentes novelas que no ha podido superar.
En el otro platillo de la balanza pondremos que, a esta altura de su existencia, 74 años de edad, quién no sabe lo que es Mario fuera del mundo de las letras.
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Prosa: Meneses
sábado, 2 de febrero de 2008
SER MADRE, Carlos Meneses
La madre se quitó el ojo derecho y fue a venderlo. Envió el producto de la venta por correo urgente y esperó ansiosa las noticias. Tiempo después recibió una carta escueta en la que le pedía más dinero. Vendió su pierna izquierda y todo su cabello gris, envió apresuradamente el dinero y esperó. La respuesta llegó con retraso, en realidad sólo fue un nuevo mensaje de clamorosa necesidad. Salió a la calle inmediatamente, ofreció su pecho escuálido y como cobró una miseria vendió también sus antebrazos y algunas de sus gastadas vértebras. El dinero íntegro salió ese mismo día. Pasaron semanas hasta que llegó un nuevo mensaje desesperado que movilizó a la anciana, que angustiada ofreció su vientre, su flaca y encorvada espalda, sus clavículas y la frente, quiso vender su ternura y su esperanza, pero no las aceptó ningún comerciante. El envío lo hizo sin perder tiempo. Como de costumbre, cuando llegó nueva carta las solicitudes fueron las mismas de siempre. Vendió su nariz, sus labios, su cráneo, su viejo e inútil sexo, su mano izquierda, y le rechazaron por falta de atractivos su memoria y sus antiguos sueños. Estaba segura de que tras esa remesa sí lo lograría. Cuando tras varias semanas llegó nueva carta supo que las cosas habían mejorado pero que aun tenía mucho camino que recorrer y, como siempre dijo que no le quedaba ni una moneda. Se quitó el ojo izquierdo, la pierna derecha, sus caderas desvencijadas, la arqueada columna vertebral, el corazón, su último suspiro. Pidió que le mandasen el producto de la venta con la mayor prontitud. Al día siguiente llegaba un alborozado telegrama: ¡Madre, no envíes más dinero, he triunfado!
Carlos Meneses,
Perú
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