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viernes, 21 de marzo de 2008

LO INEFABLE, Delmira Agustini



Yo muero extrañamente... No me mata la Vida,

No me mata la Muerte, no me mata el Amor;
Muero de un pensamiento mudo como una herida...
¿No habéis sentido nunca el extraño dolor

De un pensamiento inmenso que se arraiga en la vida,
Devorando alma y carne, y no alcanza a dar flor?
¿Nunca llevasteis dentro una estrella dormida,
Que os abrazaba enteros y no daba fulgor?

¡Cumbre de los martirios!... ¡Llevar eternamente,
Desgarradora y árida, la trágica simiente
Clavada en las entrañas como un diente feroz!...

Para arrancarla un día en una flor que abriera
Milagrosa, inviolable... ¡Ah, más grande no fuera
Tener entre las manos la cabeza de Dios!

Delmira Agustini,
Uruguay

jueves, 20 de marzo de 2008

POEMA 5 DE "XENIA" II, Eugenio Montale


Del brazo tuyo he bajado por lo menos un millón de escaleras,
Y ahora que no estás cada escalón es un vacío.
También así de breve fue nuestro largo viaje.
El mío aún continúa, más ya no necesito
Los trasbordos, los asientos reservados,
Las trampas, los oprobios de quien cree
Que lo que vemos es la realidad.
He bajado millones de escaleras dándote el brazo
Y no porque cuatro ojos puedan ver más que dos.
Contigo las bajé porque sabía que de ambos
Las únicas pupilas verdaderas, aunque muy empañadas,
Eran las tuyas.

Eugenio Montale,
Italia

Texto proporcionado por "La Maga": Rosina Valcárcel



miércoles, 19 de marzo de 2008

CUANDO ENTRE HIERROS ME PUSIERON, Pompeyo del Valle



Cuando entre hierros me pusieron
Los carceleros de mi patria
Para que no cantara tu hermosura,
Oh, virgen combatiente,
Sonora estrella, luminosa
Palabra de los libres,
Yo soñaba contigo;
Yo besaba uno a uno
Tus pétalos dispersos
De rosa elemental;
yo despertaba
A cada amanecer con la memoria
De tu luz en el alma.

Yo soñaba contigo
Recordando
Muchos nombres queridos
De seres y comarcas.

De noche, en el silencio de mi celda,
Cuando sólo se oían
Los pasos del guardián
Como golpes de cuero
Rebotando en los muros,
Confiaba en tus banderas
Y todo en mi interior resplandecía.

Porque no hay fuerza en el mundo
Capaz de detenerte,
Ni piedra ni puñal que te aniquilen;
Porque tu mano, ¡oh, virgen!
Dadora de esperanza,
¡Capitana!
Fertiliza los campos y alimenta
El fuego matinal cuyo mensaje
Atravesó las rejas de mi celda
Cuando entre hierros me pusieron
Los carceleros de mi patria.

Pompeyo del Valle,
Honduras

martes, 18 de marzo de 2008

DOS SONETOS, Alcides Spelucín



I: "La hora de la desolación"


La cortina del cuarto tiene frío y tirita.
El viento entra con pasos capciosos de ladrón.
La luna es una concha llena de agua bendita,
Y mi alma ya no sabe de la santiguación.

Es tarde. Aún no duermo. ¡Hay algo que me incita
A no dormir en esta paterna habitación!
¡Yo no sé! Esta noche, en mí se han dado cita
Tantos viejos recuerdos, ¡que ya no hay extensión!

¡Y en esta alcoba muda que huele a cirio y rosa,
Hay aleteos de alma! Y una voz temblorosa,
-¡Quizá el silencio mismo!- arrastra una oración.

¡La vida que sonríe, al umbral se detiene!
¡Y hasta el oro fragante de la mañana tiene
Color de labios muertos en esta habitación!

II: "La hora penúltima"

Serás, en esa tarde, como una puerta abierta,
Y a niños y a mancebos prometerás la entrada;
Pero huirán, como huyen de la vetusta rada
Los tiernos bergantines de arboladura experta.

Será un distante anhelo de lumbre tu mirada,
Y tus ojos opacas lagunas de agua muerta.
¡Tendrás la enjuta mueca de una casa desierta,
Y el viento del olvido te dirá su balada!

Será la hora maga en que los aposentos
Se embadurnan de sombra; en que pasan los vientos
Como esas largas colas de las abuelas muertas...

¡Todo tendrá un semblante presagioso de espera,
Y se oirá, por último, la palabra agorera
De ese algo sombrío que hay detrás de las puertas!

Alcides Spelucín,
Perú


domingo, 16 de marzo de 2008

VOLVER A LOS DIECISIETE, Violeta Parra




Volver a los diecisiete
después de vivir un siglo
es como descifrar signos
sin ser sabio competente,
volver a ser de repente
tan frágil como un segundo,
volver a sentir profundo
como un niño frente a Dios,
eso es lo que siento yo
en este instante fecundo.

Se va enredando, enredando,
como en el muro la hiedra,
y va brotando, brotando,
como el musguito en la piedra.
Ay si si si

Mi paso retrocedido
cuando el de ustedes avanza,
el arco de las alianzas
ha penetrado en mi nido,
con todo su colorido
se ha paseado por mis venas
y hasta las duras cadenas
con que nos ata el destino
es como un diamante fino
que alumbra mi alma serena.

Lo que puede el sentimiento
no lo ha podido el saber,
ni el mas claro proceder
ni el más ancho pensamiento,
todo lo cambia el momento
cual mago condescendiente,
nos aleja dulcemente
de rencores y violencias,
sólo el amor con su ciencia
nos vuelve tan inocentes.

El amor es torbellino
de pureza original,
hasta el feroz animal
susurra su dulce trino,
detiene a los peregrinos,
libera a los prisioneros,
el amor con sus esmeros
al viejo lo vuelve niño
y al malo solo el cariño
lo vuelve puro y sincero.

De par en par la ventana
se abrió como por encanto,
entró el amor con su manto
como una tibia mañana,
al son de su bella diana
hizo brotar el jazmín,
volando cual serafín
al cielo le puso aretes
y mis años en diecisiete
los convirtió el querubín.

Violeta Parra,

Chile

sábado, 15 de marzo de 2008

De: VIVIR ADREDE, Mario Benedetti


64. Aleluya

Aleluya. El tiempo pasa y yo sigo viviendo, con los dolores y las ausencias de siempre pero sigo viviendo. Con la suerte y la muerte a la vista, con las golondrinas y los buitres, con el alma en pena y la cordura casi loca, con las cenizas del olvido y el pan duro de las promesas. Pero sigo viviendo.

Aleluya. En alguna rara ocasión mi soledad se llena de prójimas y mis brazos abrazan y abrasan. Mi memoria viaja de noche en noche; mis jardines, de amanecer en amanecer.

De todos los puentes cruzo el más frágil: el que une tu desolación con mi consuelo, y mi consuelo con tu desolación, Acaricio los pinos antes de que en el próximo vendaval besen el suelo.

Aleluya. Cuando encuentre la verdad aún estaré a tiempo para llevar mi infancia conmigo y clavarla luego como un afiche en la pared de la cocina. Nos vamos para volver; volvemos para irnos de nuevo. El tiempo es un viaje de escalas infinitas donde aprendemos y enseñamos algo.

Aleluya. Piso tantos umbrales que los pies desnudos me arden. Desde esos umbrales imagino el infierno, pero de pronto recuerdo (aleluya x 2) que soy ateo, tanto de Dios como del diablo.

Vivir aquí, en los arrabales del universo, no está tan mal. Dos por tres vienen pájaros curiosos, con su experiencia del espacio, y acaban colgándose en un crepúsculo de árboles. Crecimos en un exilio de la esperanza, sin advertir que era un exilio de la nada.

Aleluya. La nada también puede ser todo y los otros también pueden ser nosotros. Si la tristeza nos empapa con su lluvia, digamos aleluya aleluya, primero despacito y luego en alarido, para que al fin nos encierren, así sea medio por az

Adrede

1. Todo es adrede

De todos los tiempos, los viejos y los nuevos, quedan virutas de la vida. A pesar de las tropas invasoras, de las religiones que bendicen las guerras, de los profesionales de la tortura, de los imperios del asco, de los amos del petróleo, del fanatismo con los misiles. A pesar de todo, van quedando las virutas de la vida. A ellas nos abrazamos y encomendamos, con ellas nos nutrimos nuestra endeble conciencia y alimentamos sueños y ensoñaciones.

Todo es adrede, bien lo sabemos. Desde el maleficio de las drogas hasta el desmantelamiento de la juventud. Todo está destinado a que no creamos en nosotros mismos y menos aún en el prójimo indefenso.

Nos obligan a vender por peniques el patrimonio virgen, y en el mercado de cambio compran sentimientos con promesas. Todo es adrede: los celos y el recelo, sospechas y codicias, odios en desmesura, el rencor y la pugna. La consigna es someternos, mentirnos el futuro, reconocernos en nada.

Todo es adrede y por eso construyen ideologías/basura donde intentan moler las virutas de la vida. De la vida. La nuestra. Ah, pero no podrán. También nosotros creamos nuestro adrede. Aposta lo gastamos. Y adrede ya sabemos cómo sobrevivir.

De cachivaches

13

Los médicos cubanos han curado tantas cataratas, que deberían ocuparse de las del Niágara.

15

Se dice que aquellos pontífices que bendecían cañones, padecían insomnios evangélicos.

21

Los pordioseros piden por Dios y por Eros.

51

En los perdones, siempre hay una pizca de hipocresía.

78

Los ascensores suben al décimo piso y luego vuelven a planta baja, pero nadie los llama descensores.

Mario Benedetti,

Uruguay

viernes, 14 de marzo de 2008

FRASES DE ENTRETIEMPO, Jorge Teillier


-Vivo en el campo a riesgo de convertirme en un vegetal.

-Voy a publicar mi autobiografía, porque así puedo contar mentiras.

-La sociedad considera como leprosa a la poesía, entonces mata la imaginación y la inspiración queda relegada al desván de los muebles viejos.

-Los ecólogos son tramposos, deberían, como los indios, vivir alejados de la urbe.

-Si hay guerra, voy a comandar el batallón de los desertores.

-Los pueblos hambrientos siempre ganan la guerra, van al saqueo y lo último que pueden perder es la vida estúpida que llevan.

-A los 50 sólo me queda la andrajosa melancolía de envejecer y ser mal ejemplo para la juventud. Y eso me gusta.

-Ese poeta es demasiado perfecto, es un poeta de computadora.

-Las mesas de madera son muy importantes, porque los árboles están con uno.

-Cuando uno escoge la poesía deja el ser físico, y la inteligencia apuesta por la muerte y el asombro.

.Me gustaría ser famoso, pero sólo mirándome al espejo.

Sobre el beber y los bares

-Bebo para combatir el tiempo y los temibles pasos de la realidad.

-Bebo porque es aburrido ver la realidad.

-Con el alcohol uno se pone siútico, sin problemas con el tiempo.

-Con el vino soportas a la gente, pero la gente no te soporta.

-Beber te ayuda a estar vivo en un país de idiotas.

-Algunos son abstemios por problemas de salud. Otros, son de nacimiento y eso los hace poco humanos. Otros, son alcohólicos arrepentidos.

-En los bares nadie se molesta por las letras que tienes que pagar, por el tiempo que pasa, por los cheques a plazo.

-El bar es un punto de encuentro de fracasados. Los triunfadores son aburridos porque siempre tienen que ganar y tienen miedo a perder sin pena ni gloria.

-Estoy escribiendo un libro que le enseñe a la gente a vivir con los alcohólicos.

Jorge Teillier,

Chile


Texto proporcionado por Juan Cristóbal (igual que el de Facundo Cabral).