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martes, 27 de mayo de 2008

LAS ERAS DE JUNIO, Jorge Bacacorzo


Sabes lo que es una era?
Es un punto de partida
Y un final con nacimiento
Es decir un círculo de vida
Rodando con su muerte


Sabes lo que es una era?
Un lugar de piedra o limo duro
Donde se trillan las mieses
Y donde suenan a himnos primitivos
Los festejos por el parir de la tierra


Una era es también el cántaro
Donde fermenta el alma de la chicha
Que se le bebe el hombre
-Ente sabores de lluvia y de maíz-
Para añadirle bravura a su valor
Y cólera a su lava


Sabes lo que son las eras de junio?
Unos pedazos de mundo
Entre el chili y los montes
Donde las gentes siempre viven
Y mueren para arriba
Aunque las vayan matando
O las entierren con vida


Son las eras unos pedazos de mundo
Entre terremotos y vientos
Donde en un terrible mes de junio
Los hombres verdes que son los soldados
(Al rojo vivo y al humo en torres)
Segaron a hombres y mujeres
A niños y ancianos
Y hasta animales y cosas
Como queriendo acabar con la tierra


No me preguntes
Por qué no hay pavimento en las calles
Por qué hay claros en las vegas
Gentes ciegas y horadadas
Hombres sin cabeza y largos funerales
Pozos de sangre y de llantos en las casas
Turbas de moscas y gallinazos
Y perros aullando
O por qué las eras no tienen piso


No preguntes más
Vuelve las piedras a sus lugares
Cubre de hierbas la ceniza
Saca a los muertos
De los pantanos y las cuevas
Limpia de ataúd al vivo
Mata al gallinazo y atrae a los gorriones
Reanima al deudo ensimismado
En fin saca todo tu amor
Saca todo tu canto
Saca todo tu ancestro
De manzana y piedra
De pájaro y de buey
Y dalos a este lugar
Que a pesar de haber muerto tanto
Ya va a salir de nuevo a las troneras


Ya no preguntes más
Por las eras de junio
Vete a vivir a las albas que vienen


Ya no preguntes más


Junio es ahora
El santo y seña
De la muerte que vendrá
En nombre de la vida


Ya no preguntes más ¡atiza!


Jorge Bacacorzo,
Perú

lunes, 26 de mayo de 2008

CANCIÓN DEL ESPOSO SOLDADO, Miguel Hernández



He poblado tu vientre de amor y sementera,
he prolongado el eco de sangre a que respondo
y espero sobre el surco como el arado espera:
he llegado hasta el fondo.


Morena de altas torres, alta luz y ojos altos,
esposa de mi piel, gran trago de mi vida,
tus pechos locos crecen hacia mí dando saltos
de cierva concebida.


Ya me parece que eres un cristal delicado,
temo que te me rompas al más leve tropiezo,
y a reforzar tus venas con mi piel de soldado
fuera como el cerezo.


Espejo de mi carne, sustento de mis alas,
te doy vida en la muerte que me dan y no tomo.
Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas,
ansiado por el plomo.


Sobre los ataúdes feroces en acecho,
sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa
te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho
hasta en el polvo, esposa.


Cuando junto a los campos de combate te piensa
mi frente que no enfría ni aplaca tu figura,
te acercas hacia mí como una boca inmensa
de hambrienta dentadura.


Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera:
aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo,
y defiendo tu vientre de pobre que me espera,
y defiendo tu hijo.


Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado
envuelto en un clamor de victoria y guitarras,
y dejaré a tu puerta mi vida de soldado
sin colmillos ni garras.


Es preciso matar para seguir viviendo.
Un día iré a la sombra de tu pelo lejano,
y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo
cosida por tu mano.


Tus piernas implacables al parto van derechas,
y tu implacable boca de labios indomables,
y ante mi soledad de explosiones y brechas
recorres un camino de besos implacables.


Para el hijo será la paz que estoy forjando.
Y al fin en un océano de irremediables huesos
tu corazón y el mío naufragarán, quedando
una mujer y un hombre gastados por los besos.


Miguel Hernández,


España

domingo, 25 de mayo de 2008

MADRE, Beethoven Medina



Madre (necesario silencio para que las hojas conversen)

Tu cabeza/ el viento/

Lentitud de las manos de la rosa

Para construir (con la desesperación de haberme mojado)

Castillos con mis granadas o aries solemne

-Sin tiempo a partir de cero-

Atado en último paso al resuello


Ahora con los desposeídos de lo nuestro

Sacándome la camisa cuando una estrella cambia de ubicación

Me desgrano en tus manos

Desvanecida luz/ dejando vacía mi caja/ mis años y esas agujas


La vida

Donde calcé el bivirí (abiertos corazones)

Y empecé a descolgar palabras

Frescos nísperos

-La violencia del brazo-

Cordel construido por tu llanto

Cuando un kilo de arroz no abastece a la alegría


La vida es un venado –anteriormente un árbol-

Copándose en tu vientre/ el suelo y su humedad / soy barro

Cabal en mis medidas

Deshojas espejos en mi voz

Eres un candil en noches de mis viajes

Abrigando la arena de mis pasos



Beethoven Medina,

Perú




sábado, 24 de mayo de 2008

NO TE SALVES, Mario Benedetti



No te quedes inmóvil
Al borde del camino
No congeles el júbilo
No quieras con desgana
No te salves ahora
Ni nunca
No te salves
No te llenes de calma
No reserves del mundo
Sólo un rincón tranquilo
No dejes caer los párpados
Pesados como juicios
No te quedes sin labios
No te duermas sin sueño
No te pienses sin sangre
No te juzgues sin tiempo

Pero si

Pese a todo
No puedes evitarlo
Y congelas el júbilo
Y quieres con desgana
Y te salvas ahora
Y te llenas de calma
Y reservas del mundo
Sólo un rincón tranquilo
Y dejas caer los párpados
Pesados como juicios
Y te quedas sin labios
Y te duermes sin sueño
Y te piensas sin sangre
Y te juzgas sin tiempo
Y te quedas inmóvil
Al borde del camino

Y te salvas

Entonces
No te quedes conmigo.

Mario Benedetti,
Uruguay

(Texto proporcionado por Roquelín Ramírez).


viernes, 23 de mayo de 2008

Recordando a Alfonso de Silva: amigo de Vallejo


Alfonso estás mirándome, lo veo
desde el plano implacable donde moran
lineales los siempres, lineales los jamases.
(Esa noche, dormiste, entre tu sueño
Y mi sueño, en la rue de Ribouté.)
Palpablemente
tu inolvidable cholo te oye andar
en París, te siente en el teléfono callar
y toca en el alambre a tu último acto
tomar peso, brindar
por la profundidad, por mí, por ti.


Yo todavía
compro "du vin, du lait, comptant les sous"
bajo mi abrigo, para que no me vea mi alma,
bajo mi abrigo, aquel, querido Alfonso,
y bajo el rayo simple de la sien compuesta;
yo todavía sufro, y tú, ya no, jamás, hermano!
(Me han dicho que en tus siglos de dolor,
amado sér,
amado estar,
hacías ceros de madera. ¿Es cierto?


En la "bo
îte de nuit", donde tocabas tangos,
tocando tu indignada criatura su corazón,
escoltado de ti mismo, llorando
por ti mismo y por tu enorme parecido con tu sombra,
monsieur Fourgat, el patrón, ha envejecido.
¿Decírselo? ¿Contárselo? No más,
Alfonso; eso, ya nó!


El Hotel des Ecoles funciona siempre
y todavía compran mandarinas;
pero yo sufro, como te digo,
dulcemente, recordando
lo que hubimos sufrido ambos, a la muerte de ambos,
en la apertura de la doble tumba,
de esa otra tumba con tu sér,
y de ésta de caoba con tu estar;
sufro, bebiendo un vaso de ti, Silva,
un vaso para ponerse bien, como decíamos,
y después, ya veremos lo que pasa...


Es este el otro brindis, entre tres,
taciturno, diverso,
en vino, en mundo, en vidrio, al que brindábamos
más de una vez al cuerpo,
y, menos de una vez, al pensamiento.
Hoy es más diferente todavía;
hoy sufro dulce, amargamente,
bebo tu sangre en cuanto a Cristo el duro,
como tu hueso en cuanto Cristo el suave,
porque te quiero, dos a dos, Alfonso,
y casi lo podría decir, eternamente.


César Vallejo,

Perú



jueves, 22 de mayo de 2008

MADRE, Carlos Oquendo de Amat



Tu nombre viene lento como las músicas humildes
Y de tus manos vuelan palomas blancas


Mi recuerdo te viste siempre de blanco
Como un recreo de niños que los hombres miran desde aquí distante.


Un cielo muere en tus brazos y otro nace en tu ternura


A tu lado el cariño se abre como una flor cuando pienso.


Entre ti y el horizonte
Mi palabra está primitiva como la lluvia o como los himnos
Porque ante ti callan las rosas y la canción.


Carlos Oquendo de Amat,

Perú

(Escrito en 1925, publicado en “5 metros de poemas” en l927.

Texto proporcionado por Carlos Meneses).


lunes, 19 de mayo de 2008

LOS ENEMIGOS, Pablo Neruda


Ellos aquí trajeron los fusiles repletos

De pólvora, ellos mandaron el acerbo

Exterminio,

Ellos aquí encontraron un pueblo que cantaba,

Un pueblo por deber y por amor reunido,

Y la delgada niña cayó con su bandera,

Y el joven sonriente rodó a su lado herido,

Y el estupor del pueblo vio caer a los muertos

Con furia y con dolor.

Entonces, en el sitio

Donde cayeron los asesinados,

Bajaron las banderas a empaparse de sangre

Para alzarse de nuevo frente a los asesinos.

Por esos muertos, nuestros muertos,

Pido castigo.

Para los que de sangre salpicaron la patria,

Pido castigo.

Para el verdugo que mandó esta muerte,

Pido castigo.

Para el traidor que ascendió sobre el crimen,

Pido castigo.

Para el que dio la orden de agonía,

Pido castigo.

Para los que defendieron este crimen,

Pido castigo.

No quiero que me den la mano

Empapada con nuestra sangre.

Pido castigo.

No los quiero de embajadores,

Tampoco en su casa tranquilos,

Los quiero ver aquí juzgados

En esta plaza, en este sitio.

Quiero castigo

Pablo Neruda,

Chile