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viernes, 8 de noviembre de 2013

Vale más canción humilde que sinfonía sin fe. J.C. "Si no vives para servir, no sirves para vivir" es el lema de www.mesterdeobreria.blogspot.com

ESCLAVO O SUICIDA

Ella tenía el sol y yo la luna
Y yo tenía luz solo por ella
Su nombre era perfecto de una estrella
Y su piel para espejo de aceituna
Se fue acercando con razones bellas
Construir la ficción de una laguna
Despertar abrazados a una duna
Inaugurar la escultura de una huella
Y vivir para siempre en la retina
De eso que llaman pueblo y es la vida
Entonces fue su luz cauda y felina
La que llenó de flores mis heridas
La que hizo trizas mis llagas intestinas

Convirtiéndome en esclavo o suicida

Julio Carmona


martes, 1 de octubre de 2013

Vale más canción humilde que sinfonía sin fe. J.C. "Si no vives para servir, no sirves para vivir" es el lema de www.mesterdeobreria.blogspot.com

PROFESIÓN DE FE

Acostúmbrate a nunca decir nunca
Acostúmbrate siempre a decir siempre
Acostúmbrate a ser lo que siempre eres
Acostúmbrate a estar siempre sin dudas

Si puedes mantener las manos juntas
Nunca sientas lejanos tus diciembres
Que tu llanto sea siempre por quereres
No niegues al amor premio y ayuda

Si todo tiene revés y derecho
No te creas jamás centro del mundo
O que la vida gira en tu redor

Solo si no naciste derecho y hecho
Podrás sentir que todo es nauseabundo
Sin saber cómo hallar tu buen amor

JULIO CARMONA

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Vale más canción humilde que sinfonía sin fe. J.C. "Si no vives para servir, no sirves para vivir" es el lema de www.mesterdeobreria.blogspot.com

DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS



Impoluto, a pesar de las miserias,
De las traiciones y los malos modos,
Me dedico a reírme de la histeria
Y de la charca en que naufragan todos.

Asiento bien mis pies en la materia,
Rechazo el pesimismo frente al lodo
Porque me friega tanta cara seria
Y tanto arreglo y tantos acomodos.

Compadezco al que frunce ceja y rima
Al que todo lo ve color de suegro
Solo porque lo triste está en la cima,

Pues yo en la risa del porvenir me integro
Que, aunque el blanco siempre haga ópera prima,
El último en reír siempre es el negro.


Julio Carmona

miércoles, 3 de abril de 2013

Julio Carmona: ELEGÍA EN ROBLE MAYOR

Vale más canción humilde que sinfonía sin fe. J.C. "Si no vives para servir, no sirves para vivir" es el lema de www.mesterdeobreria.blogspot.com





Me tumbaron el árbol que sembré,
Me dejaron sin él y sin su risa;
Mis cuidados le di desde bebé
Y él me daba sus dones con la brisa.

Todo por el progreso que anda a prisa
(Aunque mi pueblo ya no tenga fe),
Pero lo cierto es que lo hicieron trizas
Y cada hachazo me causaba estrés.

Hoy miro el estropicio y su cuantía
Como si se tratara de un pariente,
Como si hubieran mutilado al día,

Y como que en mi pueblo falta gente.
Pero su sacrificio y agonía
Me hace ser de la vida más consciente.

Julio Carmona

lunes, 11 de marzo de 2013

Carlos Angulo Rivas*: Vargas Llosa evangeliza a Capriles

Vale más canción humilde que sinfonía sin fe. J.C. "Si no vives para servir, no sirves para vivir" es el lema de www.mesterdeobreria.blogspot.com



Mario Vargas hace una caricatura de sí mismo.



Los últimos artículos de Mario Vargas Llosa marcan una etapa definida. Cumplen a cabalidad con la paga recibida de sus mentores mediáticos. Escribe para el diario español El País, reconocido en épocas pasadas como una publicación liberal, y hoy por los propios ibéricos como un periódico de publicidad franquista y pro fascista. Estos artículos se reproducen en casi toda Latinoamérica proporcionando un pensamiento acorde a los deseos de la publicación de origen. En los temas políticos ya se conoce la dirección asumida por el escribidor Vargas Llosa, por consiguiente sus despachos resultan aburridos, monótonos y pesados. También nos llama la atención cuando toca temas literarios que suponemos de su especialidad.

Hace pocas semanas, en una elucubración fantasiosa pretendió cambiar el título de la novela de William Faulkner “Luz de Agosto” por el de “Alumbramiento en Agosto” un contrabando que a simple vista no tendría mayor importancia idiomática. Sin embargo, este cambio de título, según el escribidor, por mejor traducción del inglés, conlleva la transformación de la idea central de la novela, pues no se trata “del nacimiento (alumbramiento) del niño de Lena Grove y el borrachín, vago y canallita Lucas Burch,” sino de la denuncia fundamental del racismo extremo “evangélico” contra los negros en los Estados Unidos; así como cuando los colonizadores españoles siguiendo a los curas y propagandizadores de la fé católica repetían que los indígenas no tenían alma. Antes, en otro artículo: “Sartre y sus ex amigos” el escribidor Vargas Llosa pretende descalificar al gran pensador francés que, por principio, rechazó recibir el Premio Nóbel de Literatura adjudicado a él en reconocimiento a su producción. Para pasar el contrabando ideológico Vargas Llosa dice de Jean Paúl Sartre: “sus libros y sus ideas marcaron mi adolescencia y mis años universitarios... y suma como fracaso “su empeño en fundir el existencialismo y el marxismo” para luego agregar con el descaro de un cínico “después de veinte años de leerlo y estudiarlo con verdadera devoción, quedé decepcionado de sus vaivenes ideológicos, sus exabruptos políticos, su logomaquia, y convencido de que buena parte del esfuerzo intelectual que dediqué a sus obras de ficción, sus mamotretos filosóficos, sus polémicas y sus úcases hubiera sido tal vez más provechoso consagrarlo a otros autores...”

En realidad, los muertos no pueden defenderse de este “vivillo” innato convertido por la propaganda internacional en discutible Premio Nóbel de Literatura. Me duele decirlo porque soy peruano, y debería estar orgulloso de tener un compatriota Nóbel, pero no me perdonaría faltar a la verdad. Vargas Llosa es un hombre inteligente, cultivado, intelectual de oficio, narrador con cierto dominio de la lengua española, pero todo ello no le da derecho a mentir de la manera como lo hace porque siendo erudito y culto sabe perfectamente lo que dice. Ni Faulkner ni Sartre pueden aclararle sus conceptos mentirosos, sin embargo, siguiendo la trayectoria de los últimos cuarenta años de Vargas Llosa todos reconocen sus veleidades político-ideológicas y sus cambios de posición, por supuesto, no las que quiere achacarle a  Sartre con aquello de  “sus vaivenes ideológicos, sus exabruptos políticos,” pues, en primer lugar, deberíamos preguntarnos ¿quién cambió el joven adolescente ferviente admirador o Sartre? Basta tomar conciencia de las permanentes afirmaciones del escribidor Vargas Llosa en sus artículos, sobre literatura y política, para darnos cuenta que éste ha ingresado de manera irreversible a una etapa definida: la de la decadencia intelectual prematura o tal vez se ha tomado en serio aquello de ser marqués de los Borbones; y por consiguiente, le interesa un comino las críticas, los comentarios negativos y rechazos a sus escritos, que en noventa por ciento publican sus lectores a pie de página.

Confieso haber estado esperando el artículo de Vargas Llosa referente a la dolorosa desaparición física del comandante presidente Hugo Chávez. Lo extraño de parte del escribidor hubiera sido no cumplir con los encargos de la gran prensa internacional y la paga recibida –contratos son contratos, deben cumplirse–. Pero en ese afán de cumplir con la paga, lastimosamente Mario Vargas Llosa confunde sus deseos con la realidad y se manifiesta de forma inverosímil llevándose de encuentro el conocimiento humano, pues este marqués de los Borbones piensa que el único inteligente sobre la tierra es él, por eso mismo afirma “el comandante Hugo Chávez Frías pertenecía a la robusta tradición de los caudillos, que, aunque más presente en América Latina que en otras partes, no deja de asomar por doquier, aun en democracias avanzadas, como Francia. Ella revela ese miedo a la libertad que es una herencia del mundo primitivo, anterior a la democracia y al individuo, cuando el hombre era masa todavía y prefería que un semidiós, al que cedía su capacidad de iniciativa y su libre albedrío, tomara todas las decisiones importantes sobre su vida. Cruce de superhombre y bufón, el caudillo hace y deshace a su antojo, inspirado por Dios o por una ideología en la que casi siempre se confunden el socialismo y el fascismo –dos formas de estatismo y colectivismo– y se comunica directamente con su pueblo, a través de la demagogia, la retórica y espectáculos multitudinarios y pasionales de entraña mágico-religiosa.”

La falta de respeto a la inteligencia, a la verdad y la razón, es absoluta, pues se puede discrepar sin llegar al extremo ridículo de edificar pensamientos rústicos e ignorantes como lo hace Vargas Llosa cuando en su diatriba señala un “miedo a la libertad” y el ceder “la capacidad de iniciativa” precisamente todo lo contrario a la visión que el mundo entero tiene de la revolución bolivariana y de la democracia participativa de consulta popular eficaz y permanente. Nunca como antes en América Latina la iniciativa se ha trasladado a las decisiones del pueblo, nunca como antes el presidente de la república se ha sometido al voto revocatorio, nunca como antes en catorce años se han realizado 18 consultas populares entre elecciones nacionales, regionales y referendos; las evidencias no son invenciones y más bien Vargas Llosa vive en el mundo primitivo que define, ya que no sólo aplaude a las monarquías, hablando de absolutismos, sino se incorpora a ellas aceptando el cargo nobiliario de marqués o bufón de la corte. Y en cuanto al “miedo a la libertad” todo parece indicar que Mario Vargas Llosa padece esa enfermedad incurable en su caso, porque en Venezuela la libertad plena se practica en todo el territorio nacional y, por supuesto, ese ejercicio de hombres libres aterroriza al escribidor en tanto la libertad para él y sus congéneres es mantener a la gente en la ignorancia, el analfabetismo, la explotación, el hambre, la enfermedad, la falta de empleo, la opresión y la esclavitud. La Venezuela de hoy tiene todavía mucho por construir, sin embargo, orgullosa puede exhibir enormes logros en los principales aspectos mencionados; y de libertad y democracia, salvo los organismos interamericanos nos mientan y las Naciones Unidas se hayan vuelto “chavistas.”

Asevera también el “científico social” Vargas Llosa que el socialismo y el fascismo se confunden. O sea insiste en que la gente no entiende, por ello trata de colocar en el mismo saco a la feroz dictadura capitalista de sus amigos del Partido Popular español o del imperialismo norteamericano dominando el mundo a través de la dictadura de las empresas multinacionales, la privatización y la globalización, con los intentos verídicos de mejorar el nivel de vida, educar, curar, alimentar, y lograr una mejor distribución de la riqueza socialmente generada, camino al socialismo. Para Vargas Llosa la dedicación de demostrar eficacia frente a sus patrones lo lleva a decir barbaridades; lo lleva a comparar la violenta represión fascista de eliminar líderes políticos y sindicales, de amedrentar a la población con el terrorismo de estado, de llenar las cárceles de luchadores sociales, con la democracia participativa. Muestra de esta manera su decadencia total como intelectual de prestigio, a través de escritos irracionales y extravagantes dirigidos a la reacción internacional y al candidato Henrique Capriles y sus partidarios enfermos de sufrir derrotas consecutivas. Vargas Llosa se extralimita, ciego de presunción, se niega a aceptar la multitudinaria despedida a un ser humano esencial como Hugo Chávez, los “caudillos no dejan herederos” dice cuando el camino está sembrado y el liderazgo bolivariano continúa creciendo ya no en función de personas sino de un pueblo convencido de su destino histórico. Ahí existe una revolución joven capaz de aglutinar con energía no sólo a los venezolanos sino, como se ha venido demostrando, a los pueblos Latinoamericanos y del Caribe, de allí la contrariedad preocupada de la decadencia intelectual de Vargas Llosa tratando de catequizar, con su mensaje, al débil candidato Henrique Capriles.

La muerte del presidente Hugo Chávez nos apena y a la vez nos fortalece, nos une en torno a su epónima figura de líder de los pobres, de hombre clarividente capaz de haber impulsado la unidad de América Latina como única empresa de quebrar los lazos del intervencionismo imperial, rescatando las soberanías nacionales y la independencia económica, política y social. La Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe CELAC, UNASUR, ALBA, la integración solidaria y económica, no podrán ser derrotadas ni en Venezuela ni en otros países por una oposición ofuscada, enceguecida por el odio y la revancha. Una corriente de gobiernos progresistas en Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Brasil, Argentina, Uruguay, y la Cuba revolucionaria, acompañan a Venezuela. El próximo 14 de abril la oposición de ultraderecha encabezada por Henrique Capriles y los grupos partidarios de la corrupción endémica venezolana caerá derrotada, democráticamente en las urnas. Mario Vargas Llosa seguirá hundiéndose en la decadencia intelectual por él escogida, aupado a la monarquía de los ex colonizadores y al imperialismo mundial que defiende por substanciales pagas aseguradas.

* Poeta y escritor peruano.

viernes, 1 de marzo de 2013

Julio Carmona: SONETO CON ESTRAMBOTE

Vale más canción humilde que sinfonía sin fe. J.C. "Si no vives para servir, no sirves para vivir" es el lema de www.mesterdeobreria.blogspot.com




Cuando llegaste, yo pensé que estabas
poniendo a prueba mi pasión o enojo.
Te vi avanzar con mucho de sonrojo
y una pizca de insulto en la mirada.

Te dije: “Hola, me gustas enojada;
aunque prefiero verte en son de risa”.
Y tú, como quien anda muy de prisa,
me dijiste que todo eso te llegaba…

“Guarda allá –dije, en plan conciliador–:
Qué pasa con los ángeles del cielo
que vienen sin su pulcro buen humor…”

Dispuesto estaba a comprender recelos
y hasta odio, por –supuesto– desamor.
Más no un puñete ni un jalón de pelos.

Y solo dije: “Adiós. Murió la flor”.  

Mujer de armas tomar
Julio Carmona

jueves, 21 de febrero de 2013

Julio Carmona: “El carnicero de Lyon, Un itinerario de muerte”

Vale más canción humilde que sinfonía sin fe. J.C. "Si no vives para servir, no sirves para vivir" es el lema de www.mesterdeobreria.blogspot.com



Cuando alguien escribe sobre un acontecimiento cruel, negativo y hasta absurdo ocurrido en el pasado, yo suelo ponerme en guardia. Y esto me lo hizo ver Belén Gopegui –escritora vasca, de obra silenciada, obviamente, entre nosotros– en una excelente crítica que le hace a La fiesta del chivo, de Mario Vargas Llosa. Novela esta que, después de leída, hace exclamar a algunos: ¡Qué horrorosa la tiranía de Rafael Leonidas Trujillo en República Dominicana, ocurrida antaño!; pero otros preguntamos: ¿y las atrocidades de Busch y de Obama, hogaño?
Y lo mismo suele ocurrir con La guerra del fin del mundo, del mismo Vargas: ¡Qué terrible violencia la de los canudos y la del ejército brasileño en los últimos años del siglo XIX! ¿Y la violencia de los sionistas en Palestina y de los mismos civilizados occidentales en los países árabes, en los siglos XX y XXI?
E igual ocurre con las versiones cinematográficas o narrativas de la segunda guerra mundial y sus más destacados protagonistas: los ingleses, los franceses y –como diría Piero– los americanos, y en el lado opuesto el nazi-fascismo con, por supuesto, Hitler y Mussolini (los soviéticos son actores de segunda, extras, metiches y –bueno– con una sola vela en el entierro). Con la reiteración de ese hecho siempre me tinca que se busca hacer un juego de espejos: ¡cuántos millones de judíos muertos! Y entonces surge la conclusión del silogismo: los muertos del presente, localizados en países aislados, hacen un número exiguo, comparados con aquel holocausto. Es más cómodo ver la paja en ojo ajeno. Es como si se dijera que los horrores del pasado minimizan los del presente.
Y, ante esa superposición de imágenes, a uno le dan ganas de retrucar: Oye, pero si en esa época no existía Israel como país o Estado; los países agredidos, y con más millones de muertos, fueron casi todos los Estados europeos (con excepción del Vaticano, aliado entonces de Hitler; y no olvidemos que fue Mussolini quien le dio status de Estado, en 1929; independiente de Italia. Los Pactos de Letrán son firmados por la Santa Sede y Benito Mussolini, primer ministro del Reino de Italia con poderes dictatoriales).
Y hago reflexión de todo esto, después de leer la novela El carnicero de Lyon, de Manuel Lasso, peruano residente en USA. Sin lugar a dudas, existe un solo personaje con ese apelativo que da título a la novela. Y no es otro que Klaus Barbie, el tristemente célebre miembro de las huestes hitlerianas que tantos crímenes cometiera no solo en Lyon, Francia, sino por todos los lugares por donde sus botas –equivalentes a los cascos de Atila– no dejaban crecer la yerba. Y mi primera reacción fue como aquella: ¿y ahora dónde lo pongo, si ya sabemos quién fue y cómo actuó y a cuántas personas asesinó? Y estuve tentado de abandonar la lectura. Pero –y es virtud del novelista– el personaje histórico y su anécdota pasaron a un segundo plano; el informe periodístico, el dato sociológico, las cifras estadísticas se esfumaron para dar paso a la acción y la pasión del personaje literario. Las palabras (como las imágenes en movimiento del cine) dan vida a otro ser. Del personaje histórico se nos dice que mató a cientos de personas en Europa o en Bolivia o en Perú, y nos horrorizamos por la magnitud del siniestro; pero al personaje literario lo vemos torturar y eliminar a sus víctimas, pero además lo vemos reírse de eso, vanagloriarse de eso y adorar a los jefes que le dieron la orden, y justificarse a sí mismo y, de paso, a ellos, con el rostro impasible y la conciencia sucia con la cruz gamada destilando sangre.
Pero la inveterada costumbre de no dejarnos obnubilar por la destreza técnica del narrador, nos lleva a preguntarnos, otra vez, ¿y ahora dónde lo pongo? Y es entonces que surge la responsabilidad del lector literario. ¿Me contento con la simple anécdota?, ¿es esa la intención de esta novela, y es que está tomando el tema como pretexto para hacer alarde de su virtuosismo técnico? o, por último, ¿hay un mensaje oculto, subyacente en esa estructuración? De ser así, ¿cuál es ese mensaje?: ¿otra vez “llorar sobre leche derramada” para minimizar la sangre vertida hoy con similar ensañamiento por otros carniceros, clones siniestros de aquel de Lyon? 
Y lo que hago es interpretar, a partir de los elementos proporcionados por la misma novela. Y veo abrirse una doble perspectiva. Por un lado, la que sugiere el propio protagonista, de convertirse en modelo para otros esbirros en América (especialmente, Bolivia y Perú), es decir, buscar el amparo de regímenes similares al suyo para que lo blinden y serles útil en sus respectivos países. Por eso, cuando se entera que los servicios de inteligencia de Israel le siguen los pasos como perros de presa: “Klaus siguió tosiendo, muy rubicundo, inhalando el aire con un silbido y con los ojos que se le salían, pero dio un último tosido y se calmó. Pensó que si la Mossad iba a secuestrarlo en La Paz o en Lima tendría que ponerse en los tobillos un collar con púas de acero como los de su doberman, para que a sus captores no les fuese tan fácil aprisionarlo.”
Y, por otro lado, se abre la otra perspectiva (a la vez sorpresiva) de las luchas populares (que tienen un único cordón umbilical que las une en todo el mundo), a partir del capítulo 15, se abre un nuevo frente narrativo: los republicanos españoles que, casi paralelamente, llegan a refugiarse en América. Y se constituyen en adoctrinadores de esas luchas (no olvidemos la participación de Alberto Bayo Giroud en los preparativos de la revolución cubana). Y uno de esos españoles, Iván Gonzales –protagonista del capítulo 15–, encuentra apoyo en el peruano Anselmo Sánchez y en su hija Manuela, siendo esta última quien tiene en sus manos la oportunidad de ajusticiar al “carnicero de Lyon”, convertido en “carnicero de Lima” (empleándose como fámula en casa de este), luego de que su padre fuera victimado por la policía secreta “peruana” asesorada por Klaus Barbie. La performance de este no solo lo convierte en “el carnicero de Lima”, sino de toda América Latina. Cada una de nuestras dolidas repúblicas ha tenido un Klaus Barbie en su historia. Es pertinente mencionar sólo a los más feroces: Rafael Leonidas Trujillo, Rep. Dominicana (1930-1961); Anastasio Somoza, Nicaragua (toda una dinastía: 1937-1956); Gustavo Rojas Pinilla, Colombia (1953-1957); Francois Duvalier, Haití (1957-1971); Carlos Castillo Armas, Guatemala (1954-1957); Fulgencio Batista, Cuba (1952-1959); Humberto Branco, Brasil (1964-1967); Hugo Banzer, Bolivia (1971-1978); Alfredo Stroessner, Paraguay (1954-1989); Juan María Bordaberry, Uruguay (1972-1976); Augusto Pinochet, Chile (1973-1990); Alberto Fujimori, Perú (1990-2000). Sin mencionar, por obvios, a los que han gobernado USA, lo cierto es que cada cual se empeñó en ser una “versión mejorada” de su común padre putativo.
Pero Manuelita Sánchez y su padre y los milicianos españoles y todos los mártires de esos carniceros en Nuestra América son nuestros padres y madres apodícticos. Nosotros somos herederos de las víctimas de esos carniceros. Si muchos de ellos fracasaron en su intento justiciero (como es el caso de Manuelita Sánchez, en la novela), con ese solo intento queda abierta la posibilidad de que otras Manuelitas Sánchez continúen con ese objetivo supremo de alcanzar justicia (sin olvido ni perdón) en contra del nazi-fascismo, porque si bien el “carnicero de Lyon” murió viejo y loco en su cárcel perpetua, sus herederos siguen adosando a su actividad carnicera el nombre de los pueblos que luchan por acabar con la ideología de los Hitlers y Mussolinis que gobiernan el mundo como líderes del ultra capitalismo liberal: el más feroz carnicero de la Historia Universal.