Vale más canción humilde que sinfonía sin fe. J.C.
"Si no vives para servir, no sirves para vivir"
es el lema de www.mesterdeobreria.blogspot.com
LITERATURA- “Yo no escribo para agradar ni tampoco para desagradar. Escribo para desasosegar” (2009). – “Sigo escribiendo, intentándolas comprender (las cosas), porque no tengo nada mejor que hacer y sabiendo que llegaré al final sabiendo lo mismo que sabía antes, es decir poco o casi nada” (2007). – “El triunfo nunca ha sido un objetivo para mi” (2007). – “En un tiempo como el de ahora, en el que tan fácilmente se desprecia a los mayores, creo que soy un ejemplo muy bueno. Entre los 60 y los 84 he hecho una obra. Por tanto ¡ojo con los viejos!” (2007). – “Antes de empezar a escribir, tengo que escuchar lo que suena en mi cabeza, porque si acabo una frase con todo sentido, pero a esa frase le faltan armonía y melodía, es que aún sigue incompleta” (2007). – “No es que sea pesimista, es que el mundo es pésimo” (2005). – “El escritor es sólo un pobre diablo que trabaja” (2004). – “Yo no escribo por amor, sino por desasosiego; escribo porque no me gusta el mundo donde estoy viviendo” (2003). – “Si la literatura pudiera cambiar el mundo, ya lo habría hecho” (1999).
PREMIO NOBEL DE LITERATURA 1998 (DISCURSO DE ACEPTACIÓN) – “El hombre más sabio que he conocido en toda mi vida no sabía leer ni escribir”. – “Conocí gente del pueblo engañada por una Iglesia tan cómplice como beneficiaria del poder del Estado y de los terratenientes latifundistas, gente permanentemente vigilada por la policía, gente que durante innumerables veces fue víctima inocente de las arbitrariedades de una justicia falsa”. – “No he tenido que renunciar al comunismo para llegar al Nobel”.
POLÍTICA – “Antes nos gustaba decir que la derecha era estúpida, pero hoy día no conozco nada más estúpido que la izquierda” (2007). – “Disentir es uno de los derechos que le faltan a la Declaración de los Derechos Humanos” (2009). – George Bush, Tony Blair y José María Aznar son ejemplos de “mentiras universales” (2005). – La democracia se ha convertido “en un instrumento de dominio del poder económico y no tiene ninguna capacidad de controlar los abusos de este poder” (2004). – Sobre los secuestrados en Colombia: “Tres mil personas exigen en Colombia que sus vidas no sean utilizadas como peones en un ajedrez de intereses que no son los suyos” (2004). – “Hay que recuperar, mantener y transmitir la memoria histórica, porque se empieza por el olvido y se termina en la indiferencia” (2005). – Con la elección del alemán Joseph Ratzinger como Papa “la Inquisición ha subido al poder” (2005). – “Ser comunista, socialista, o tener cualquier otra ideología es una cuestión hormonal” (1999). – Sobre el Sahara: “La ONU debe imponer a Marruecos la obligación de cumplir con sus resoluciones porque no se puede, no vamos a repetir aquí, en este caso, lo que pasó y continúa pasando con el problema de la causa palestina” (2009).
MODERNIDAD – “El centro comercial es la nueva catedral de la sociedad actual” (2001). – El bombardeo informático y de la televisión “nos ha rodeado de un ruido de fondo que nos impide pensar, dialogar y que las personas se encuentren frente a frente” (1997). – “Estamos llegando al fin de una civilización , sin tiempo para reflexionar, en la que se ha impuesto una especie de impudor que nos ha llegado a convencer de que la privacidad no existe” (2001).
MUERTE – La muerte es un proceso “natural, casi inconsciente”. “Entraré en la nada y me disolveré en ella” (2005). – “Nuestra única defensa contra la muerte es el amor” (2005). – “Espero morir como he vivido, respetándome a mí mismo como condición para respetar a los demás y sin perder la idea de que el mundo debe ser otro y no esta cosa infame” (1998). – “El menor de los males de nuestra civilización es la indiferencia y el mayor la violencia y ahora nos movemos inevitablemente entre ambos polos negativos” (1996).
La editorial Santillana también ha recopilado algunas de las frases más importantes del escritor.
“Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar, necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte”. (Última entrada en el blog de José Saramago, bajo el título “Pensar, pensar”).
“Escribo para comprender, y desearía que el lector hiciera lo mismo, es decir, que leyera para comprender. ¿Comprender qué? No para comprender en la línea que yo estoy tratando de hacerlo; él tiene sus propios motivos y razones para comprender algo, pero ese algo lo determina él”.
“En cierto sentido se podría decir que, letra a letra, palabra a palabra, página a página, libro a libro, he venido, sucesivamente, implantando en el hombre que fui los personajes que creé. Considero que sin ellos no sería la persona que soy hoy, sin ellos tal vez mi vida no hubiese logrado ser más que un esbozo impreciso, una promesa como tantas otras que de promesa no consiguieron pasar, la existencia de alguien que tal vez pudiese haber sido y no llegó a ser”.
“La importancia que puede tener usar una palabra en vez de otra, aquí, más allá, un verbo más certero, un adjetivo menos visible, parece nada y finalmente lo es todo”.
“Un libro es casi un objeto. Porque si es verdad que es algo voluminoso, que se puede tocar, abrir, cerrar, colocar en un estante, mirar e incluso oler (¿quién no ha aspirado alguna vez el aroma de la tinta y el papel ya fundidos en una página?) también es verdad que un libro es más que eso, porque dentro lleva, nada más y nada menos, la persona que es el autor. De ahí que sea necesario tener mucho cuidado con los libros, enfrentarse a ellos dispuestos a dialogar, a entender y a tratar de contarles lo que nosotros mismos somos. Los buenos libros, que es de lo que aquí se trata, están hechos con la honestidad y el trabajo de autor, luego hay que tratarlos también con honestidad y sin regatear esfuerzos”.
“Llevamos siglos preguntándonos los unos a los otros para qué sirve la literatura y el hecho de que no exista respuesta no desanimará a los futuros preguntadores. No hay respuesta posible. O las hay infinitas: la literatura sirve para entrar en una librería y sentarse en casa, por ejemplo. O para ayudar a pensar. O para nada. ¿Por qué ese sentido utilitario de las cosas? Si hay que buscar el sentido de la música, de la filosofía, de una rosa, es que no estamos entendiendo nada. Un tenedor tiene una función. La literatura no tiene una función. Aunque pueda consolar a una persona. Aunque te pueda hacer reír. Para empeorar la literatura basta con que se deje de respetar el idioma. Por ahí se empieza y por ahí se acaba”.
sábado, 19 de junio de 2010
viernes, 18 de junio de 2010
José Saramago: La isla desconocida
Vale más canción humilde que sinfonía sin fe. J.C.
"Si no vives para servir, no sirves para vivir"
es el lema de www.mesterdeobreria.blogspot.com
(José Saramago ya no está con nosotros; pero lo está su obra, que no es decir poco.)
Un hombre llamó a la puerta del rey y le dijo, Dame un barco. La casa del rey tenía muchas más puertas, pero aquélla era la de las peticiones. Como el rey se pasaba todo el tiempo sentado ante la puerta de los obsequios (entiéndase: los obsequios que le ofrecían a él), cada vez que oía que alguien llamaba a la puerta de las peticiones se hacía el desentendido, y sólo cuando el continuo repiquetear de la aldaba de bronce subía a un tono, más que notorio, escandaloso, impidiendo el sosiego de los vecinos (las personas comenzaban a murmurar, Qué rey tenemos, que no atiende), daba orden al primer secretario para que fuera a ver lo que quería el impetrante, que no había manera de que se callara. Entonces, el primer secretario llamaba al segundo secretario, éste llamaba al tercero, que mandaba al primer ayudante, que a su vez mandaba al segundo, y así hasta llegar a la mujer de la limpieza, que, no teniendo en quien mandar, entreabría la puerta de las peticiones y preguntaba por el resquicio. Y tú, qué quieres. El suplicante decía a lo que venía, o sea, pedía lo que tenía que pedir, después se instalaba en un canto de la puerta, a la espera de que el requerimiento hiciese, de uno en uno, el camino contrario, hasta llegar al rey. Ocupado como siempre estaba con los obsequios, el rey demoraba la respuesta, y ya no era chica señal de atención al bienestar y felicidad del pueblo cuando pedía un informe fundamentado por escrito al primer secretario, que, excusado será decirlo, pasaba el encargo al segundo secretario, éste al tercero, sucesivamente, hasta llegar otra vez a la mujer de la limpieza, que opinaba sí o no de acuerdo con el humor con que se hubiera levantado.Sin embargo, en el caso del hombre que quería un barco, las cosas no ocurrieron así. Cuando la mujer de la limpieza le preguntó por el resquicio de la puerta, Y tú qué quieres, el hombre, en vez de pedir, como era la costumbre de todos, un título, una condecoración, o simplemente dinero, respondió, Quiero hablar con el rey, Ya sabes que el rey no puede venir, está en la puerta de los obsequios, respondió la mujer, Pues entonces ve y dile que no me iré de aquí hasta que él venga personalmente para saber lo que quiero, remató el hombre, y se tumbó todo lo largo que era en el rellano, tapándose con una manta porque hacía frío. Entrar y salir sólo pasándole por encima. Ahora bien, esto suponía un enorme problema, si tenemos en consideración que, de acuerdo con la pragmática de las puertas, sólo se puede atender a un suplicante de cada vez, de donde resulta que mientras haya alguien esperando una respuesta, ninguna otra persona podrá aproximarse para exponer sus necesidades o sus ambiciones. A primera vista, quien ganaba con este artículo del reglamento era el rey, puesto que al ser menos numerosa la gente que venía a incomodarlo con lamentos, más tiempo tenía, y más sosiego, para recibir, contemplar y guardar los obsequios. A segunda vista, sin embargo, el rey perdía, y mucho, porque las protestas públicas, al notarse que la respuesta tardaba más de lo que era justo, aumentaban gravemente el descontento social, lo que, a su vez, tenía inmediatas y negativas consecuencias en el flujo de obsequios.En el caso que estamos narrando, el resultado de la ponderación entre los beneficios y los perjuicios fue que el rey, al cabo de tres días, y en real persona, se acercó a la puerta de las peticiones (...) Abre la puerta, dijo el rey a la mujer de la limpieza, y ella preguntó, Toda o sólo un poco. El rey dudó durante un instante, verdaderamente no le gustaba mucho exponerse a los aires de la calle, pero después reflexionó que parecía mal, aparte de ser indigno de su majestad, hablar con un súbdito a través de una rendija, como si le tuviese miedo, sobre todo asistiendo al coloquio la mujer de la limpieza, que luego iría por ahí diciendo Dios sabe qué, De par en par, ordenó. El hombre que quería un barco se levantó del suelo cuando comenzó a oír los ruidos de los cerrojos, enrolló la manta y se puso a esperar. Estas señales de que finalmente alguien atendería y que por tanto el lugar pronto quedaría desocupado, hicieron aproximarse a la puerta a unos cuantos aspirantes a la liberalidad del trono que andaban por allí, prontos para asaltar el puesto apenas quedase vacío. La inopinada aparición del rey (nunca una tal cosa había sucedido desde que usaba corona en la cabeza) causó una sorpresa desmedida, no sólo a los dichos candidatos, sino también entre la vecindad que, atraída por el alborozo repentino, se asomó a las ventanas de las casas, en el otro lado de la calle.
La única persona que no se sorprendió fue el hombre que vino a pedir un barco. Calculaba él, y acertó en la previsión, que el rey, aunque tardase tres días, acabaría sintiendo la curiosidad de ver la cara de quien, nada más y nada menos, con notable atrevimiento, lo había mandado llamar. Dividido entre la curiosidad irreprimible y el desagrado de ver tantas personas juntas, el rey, con el peor de los modos, hizo tres preguntas seguidas, Tú qué quieres, Por qué no dijiste lo que querías, Te crees que no tengo más nada que hacer; pero el hombre sólo respondió a la primera pregunta, Dame un barco, dijo. El asombro dejó al Rey hasta tal punto desconcertado, que la mujer de la limpieza se vio obligada a acercarle una silla de enea, la misma en que ella se sentaba (...) Mal sentado, porque la silla de enea era mucho más baja que el trono, el rey buscaba la mejor manera de acomodar las piernas (...) Y tú para qué quieres un barco, si puede saberse, fue lo que el rey preguntó (...) Para buscar la isla desconocida, respondió el hombre, Qué isla desconocida, preguntó el rey, disimulando la risa, como si tuviese enfrente a un loco de atar, de los que tienen manías de navegaciones, a quien no sería bueno contrariar así de entrada, La isla desconocida, repitió el hombre, Hombre, ya no hay islas desconocidas, Quién te ha dicho, rey, que ya no hay islas desconocidas, Están todas en los mapas, En los mapas, están sólo las islas conocidas, Y qué isla desconocida es esa que tú buscas, Si te lo pudiese decir, entonces no sería desconocida, A quién has oído hablar de ella, preguntó el rey, ahora más serio, A nadie, En ese caso, por qué te empeñas en decir que ella existe, Simplemente porque es imposible que no exista una isla desconocida, Y has venido aquí para pedirme un barco, Sí, vine aquí para pedirte un barco, Y tú quién eres para que yo te lo dé, Y tú quién eres para no dármelo, Soy el rey de este reino y los barcos del reino me pertenecen todos, Más les pertenecerás tú a ellos que ellos a ti, Qué quieres decir, preguntó el rey inquieto, Que tú sin ellos eres nada, y que ellos, sin ti, pueden navegar siempre, Bajo mis órdenes, con mis pilotos y mis marineros, No te pido marineros ni piloto, sólo te pido un barco, Y esa isla desconocida, si la encuentras, será para mí, A ti, rey, sólo te interesan las islas conocidas, También me interesan las desconocidas, cuando dejan de serlo, Tal vez ésta no se deje conocer, Entonces no te doy el barco, Darás.Al oír esta palabra, pronunciada con tranquila firmeza, los aspirantes a la puerta de las peticiones, en quienes, minuto tras minuto, desde el principio de la conversación iba creciendo la impaciencia, más por librarse de él que por simpatía solidaria, resolvieron intervenir en favor del hombre que quería el barco, comenzando a gritar, Dale el barco, dale el barco. El rey abrió la boca para decirle a la mujer de la limpieza que llamara a la guardia de palacio para que estableciera inmediatamente el orden público e impusiera disciplina, pero, en ese momento, las vecinas que asistían a la escena desde las ventanas se unieron al coro con entusiasmo, gritando como los otros, Dale el barco, dale el barco. Ante tan ineludible manifestación de voluntad popular y preocupado con lo que, mientras tanto, habría perdido en la puerta de los obsequios, el rey levantó la mano derecha imponiendo silencio y dijo, Voy a darte un barco, pero la tripulación tendrás que conseguirla tú, mis marineros me son precisos para las islas conocidas. Los gritos de aplauso del público no dejaron que se percibiese el agradecimiento del hombre que vino a pedir un barco (...) Vas al muelle, preguntas por el capitán del puerto, le dices que te mando yo, y él que te dé el barco, llevas mi tarjeta. El hombre que iba a recibir un barco leyó la tarjeta de visita, donde decía Rey debajo del nombre del rey, y eran estas las palabras que él había escrito sobre el hombre de la mujer de la limpieza, Entrega al portador un barco, no es necesario que sea grande, pero que navegue bien y sea seguro (...)
Cuando el hombre levantó la cabeza, se supone que esta vez iría a agradecer la dádiva, el rey ya se había retirado, sólo estaba la mujer de la limpieza mirándolo con cara de circunstancias. El hombre bajó del peldaño de la puerta, señal de que los otros candidatos podían avanzar por fin, superfluo será explicar que la confusión fue indescriptible, todos queriendo llegar al sitio en primer lugar, pero con tan mala suerte que la puerta ya estaba cerrada otra vez. La aldaba de bronce volvió a llamar a la mujer de la limpieza, pero la mujer de la limpieza no está, dio la vuelta y salió con el cubo y la escoba por otra puerta, la de las decisiones, que apenas es usada, pero cuando lo es, es. Ahora sí, ahora se comprende el porqué de la cara de circunstancias con que la mujer de la limpieza había estado mirando, ya que, en ese preciso momento, tomó la decisión de seguir al hombre así que él se dirigiera al puerto para hacerse cargo del barco. Pensó que ya bastaba de una vida de limpiar y lavar palacios, que había llegado la hora de mudar de oficio, que lavar y limpiar barcos era su vocación verdadera, al menos en el mar el agua no le faltaría (...) Andando, andando, el hombre llegó al puerto, fue al muelle, preguntó por el capitán, y mientras venía, se puso a adivinar cuál sería, de entre los barcos que allí estaban, el que iría a ser suyo, grande ya sabía que no, la tarjeta de visita del rey era muy clara en este punto (...) Un poco apartada de allí, escondida detrás de unos bidones, la mujer de la limpieza pasó los ojos por los barcos atracados. Para mi gusto, aquél, pensó, aunque su opinión no contaba, ni siquiera había sido contratada, vamos a oír antes lo que dirá el capitán del puerto.
El capitán vino, leyó la tarjeta, miró al hombre de arriba abajo, y le hizo la pregunta que al rey no se le había ocurrido, Sabes navegar, tienes carné de navegación, a lo que el hombre respondió, Aprenderé en el mar. El capitán dijo, No te lo aconsejaría, capitán soy yo, y no me atrevo con cualquier barco, Dame entonces uno con el que pueda atreverme, no, uno de ésos no, dame un barco que yo respete y que pueda respetarme a mí, Ese lenguaje es de marinero, pero tú no eres marinero, Si tengo el lenguaje, es como si lo fuese. El capitán volvió a leer la tarjeta del rey, después preguntó, Puedes decirme para qué quieres el barco, Para ir en busca de la isla desconocida, Ya no hay islas desconocidas, Lo mismo me dijo el rey, Lo que él sabe de islas, lo aprendió conmigo, Es extraño que tú, siendo hombre de mar, me digas eso, que ya no hay islas desconocidas, hombre de tierra soy yo, y no ignoro que todas las islas, incluso las conocidas, son desconocidas mientras no desembarcamos en ellas, Pero tú, si bien entendí, vas a la búsqueda de una donde nadie haya desembarcado nunca, Lo sabré cuando llegue, Si llegas. Sí, a veces se naufraga en el camino, pero si tal me ocurre, deberás escribir en los anales del puerto que el punto a donde llegué fue ese, Quieres decir que llegar, se llega siempre, No serías quien eres si no lo supieses ya. El capitán del puerto dijo. Voy a a darte la embarcación que te conviene, Cuál, Es un barco con mucha experiencia, todavía del tiempo en que toda la gente andaba buscando islas desconocidas, Cuál, Creo que incluso encontró algunas, Cuál, Aquél. Así que la mujer de la limpieza percibió para donde apuntaba el capitán, salió corriendo de detrás de los bidones y gritó, Es mi barco, es mi barco, hay que perdonarle la insólita reivindicación de propiedad, a todo título abusiva, el barco era aquel que le había gustado, simplemente. Parece una carabela (...), después pasó por arreglos y adaptaciones que la modificaron un poco, Pero continúa siendo una carabela, Sí, en el conjunto conserva el antiguo aire, Y tiene mástiles y velas, Cuando se va en busca de islas desconocidas, es lo más recomendable. La mujer de la limpieza no se contuvo, Para mí no quiero otro, Quién eres tú, preguntó el hombre, No te acuerdas de mí, No tengo idea, Soy la mujer de la limpieza, Qué limpieza, La del palacio del rey, La que abría la puerta de las peticiones, No había otra, Y por qué no estás en el palacio del rey, limpiando y abriendo puertas, Porque las puertas que yo quería ya fueron abiertas y porque de hoy en adelante sólo limpiaré barcos. Entonces estás decidida a ir conmigo en busca de la isla desconocida, Salí del palacio por la puerta de las decisiones, Siendo así, ve para la carabela mira cómo está aquello después del tiempo pasado debe precisar de un buen lavado, y ten cuidado con las gaviotas, que no son de fiar, No quieres venir conmigo a conocer tu barco por dentro, Dijiste que era tuyo, Disculpa, fue sólo porque me gustó, Gustar es probablemente la mejor manera de tener, tener debe ser la peor manera de gustar. El capitán del puerto interrumpió la conversación, Tengo que entregar las llaves al dueño del barco, a uno o a otro, resuélvanse, a mí tanto me da, Los barcos tienen llave, preguntó el hombre, Para entrar, no, pero allí están las bodegas y los pañoles, y el camarote del comandante con el diario de a bordo, Ella que se encargue de todo, yo voy a reclutar la tripulación, dijo el hombre, y se apartó.
La mujer de la limpieza fue a la oficina del capitán para recoger las llaves, después entró en el barco, dos cosas le valieron, la escoba del palacio y el aviso contra las gaviotas, todavía no había acabado de atravesar la pasarela que unía la amurada al atracadero y ya las malvadas se precitaban sobre ella gritando, furiosas, con las fauces abiertas, como si la fueran a devorar allí mismo. No sabían con quién se enfrentaban. La mujer de la limpieza posó el cubo, se guardó las llaves en el seno, plantó bien los pies en la pasarela, y, remolineando la escoba como si fuese un espadón de los buenos tiempos, consiguió poner en desbandada a la cuadrilla asesina. Sólo cuando entró en el barco comprendió la ira de las gaviotas, había nidos por todas partes, muchos de ellos abandonados, otros todavía con huevos, y unos pocos con gaviotillas de pico abierto, a la espera de comida (...) Tiró al agua los nidos vacíos, los otros los dejó, luego veremos. Después se remangó las mangas y se puso a lavar la cubierta. Cuando acabó la dura tarea, abrió el pañol de las velas y procedió a un examen minucioso del estado de las costuras, ha pasado tanto tiempo sin ir al mar y sin haber soportado los estirones saludables del viento. Las velas son los músculos del barco, basta ver cómo se hinchan cuando se esfuerzan, pero, y eso mismo les sucede a los músculos, si no se les da uso regularmente, se aflojan, se ablandan, pierden nervio, Y las costuras son los nervios de las velas, pensó la mujer de la limpieza (...) Encontró deshilachadas algunas bastillas, pero se conformó con señalarlas (...) En cuanto a los otros pañoles, enseguida vio que estaban vacíos (...) Ya le enfadó, y mucho, la falta absoluta de municiones de boca en el pañol respectivo, no por ella, que estaba de sobra acostumbrada al mal rancho del palacio, sino por el hombre al que dieron este barco: no falta mucho para que el sol se ponga, y él aparecerá por ahí clamando que tiene hambre (...)
No merecía la pena preocuparse tanto. El sol acababa de sumirse en el océano cuando el hombre que tenía un barco surgió en el extremo del muelle. Traía un bulto en la mano, pero venía solo y cabizbajo. La mujer de la limpieza fue a esperarlo a la pasarela, pero antes de que abriera la boca para enterarse de cómo había transcurrido el resto del día, él dijo, Estate tranquila, traigo comida para los dos, Y los marineros, preguntó ella, Como puedes ver, no vino ninguno, Pero los dejaste apalabrados, al menos, volvió a preguntar ella, Me dijeron que ya no hay islas desconocidas, y que, incluso habiéndolas, no iban a dejar el sosiego de sus lares y la buena vida de los barcos de línea para meterse en aventuras oceánicas a la búsqueda de un imposible, como si todavía estuviéramos en el tiempo del mar tenebroso. Y tú qué les respondiste, Que el mar es siempre tenebroso, Y no les hablaste de la isla desconocida, Cómo podría hablarles de una isla desconocida, si no la conozco, Pero tienes la certeza de que existe, Tanta como de que el mar es tenebroso, En este momento, visto desde aquí, con las aguas color de jade y el cielo como un incendio, de tenebroso no le encuentro nada, Es una ilusión tuya, también las islas a veces parece que fluctúan sobre las aguas y no es verdad, Qué piensas hacer, si te falta una tripulación, Todavía no lo sé, Podríamos quedarnos a vivir aquí, yo me ofrecería para lavar los barcos que vienen al muelle, y tú, Y yo, Tendrás un oficio, una profesión, como ahora se dice, Tengo, tuve, tendré si fuera preciso, pero quiero encontrar la isla desconocida, quiero saber quién soy yo cuando esté en ella, No lo sabes, Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual (...) Dijo el hombre, Dejemos las filosofías para el filósofo del rey, que para eso le pagan, ahora vamos a comer, pero la mujer no estuvo de acuerdo. Primero tienes que ver tu barco, sólo lo conoces por fuera, Qué tal lo encontraste, Hay algunas costuras de las velas que necesitan refuerzo, Bajaste a la bodega, encontraste agua abierta, En el fondo hay alguna, mezclada con el lastre, pero eso me parece que es lo apropiado, le hace bien al barco, Cómo aprendiste esas cosas, Así, Así cómo, Como tú, cuando dijiste al capitán del puerto que aprenderías a navegar en la mar, Todavía no estamos en el mar, Pero ya estamos en el agua, Siempre tuve la idea de que para la navegación sólo hay dos maestros verdaderos, uno es el mar, el otro es el barco. Y el cielo, te olvidas del cielo, Sí, claro, el cielo, Los vientos, Las nubes, El cielo, Sí, el cielo.
En menos de un cuarto de hora habían acabado la vuelta por el barco: una carabela, incluso transformada, no da para grandes paseos. Es bonita, dijo el hombre, pero si no consigo tripulantes suficientes para la maniobra, tendré que ir a decirle al rey que ya no la quiero. Te desanimas a la primera contrariedad, La primera contrariedad fue esperar al rey tres días, y no desití. Si no encuentras marineros que quieran venir, ya nos las arreglaremos los dos, Estás loca, dos personas solas no serían capaces de gobernar un barco de éstos, yo tendría que estar siempre al timón, y tú, ni vale la pena explicarlo, es un disparate, Después veremos, ahora vamos a cenar (...) Es realmente bonita nuestra carabela, dijo la mujer, y enmendó enseguida. La tuya, tu carabela, Supongo que no será mía por mucho tiempo, Navegues o no navegues con ella, la carabela es tuya, te la dio el rey, Se la pedí para buscar una isla desconocida, Pero estas cosas no se hacen de un momento para otro, necesitan su tiempo, ya mi abuelo decía que quien va al mar se avía en tierra, y eso que él no era marinero, Sin marineros no podremos navegar, Eso ya lo has dicho, Y hay que abastecer el barco de las mil cosas necesarias para un viaje como éste que no se sabe dónde nos llevará, Evidentemente, y después tendremos que esperar a que sea la estación propia, y salir con marea buena, y que venga gente al puerto a desearnos buen viaje, Te estás riendo de mí, Nunca me reiría de quien me hizo salir por la puerta de las decisiones, Discúlpame, Y no volveré a pasar por ella, suceda lo que suceda. La luz de la luna inluminaba la cara de la mujer de la limpieza, Es bonita, realmente es bonita, pensó el hombre, y esta vez no se refería a la carabela. La mujer, ésa, no pensó nada, debía haberlo pensado todo durante aquellos tres días, cuando entreabría de vez en cuando la puerta para ver si aquél aún continuaba fuera, a la espera (...) La sirena de un paquebote que salía para el mar soltó un ronquido potente, como debieron ser los del leviatán, y la mujer dijo, Cuando sea nuestra vez, haremos menos ruido. A pesar de que estaban en el interior del muelle, el agua se onduló un poco al paso del paquebote, y el hombre me dijo, Pero nos balancearemos mucho más. Se rieron los dos, después se callaron, pasado un rato uno de ellos opinó que lo mejor sería irse a dormir, No es que yo tenga mucho sueño, y el otro concordó, Ni yo, después se callaron otra vez, la luna subió y continuó subiendo, a cierta altura la mujer dijo, Hay literas abajo, y el hombre dijo, Sí, y entonces fue cuando se levantaron y descendieron a la cubierta, ahí la mujer dijo, Hasta mañana, yo voy para este lado, y el hombre resondió, Y yo para éste, hasta mañana, no dijeron babor o estribor, probablemente porque todavía están practicando en las artes. La mujer volvió atrás, Me había olvidado, se sacó del bolsillo dos cabos de velas, Los encontré cuando limpiaba, pero no tengo cerillas, Yo tengo, dijo el hombre. Ella mantuvo las velas, una en cada mano, él encendió un fósforo, después, abrigando la llama bajo la cúpula de los dedos curvados, la llevó con todo el cuidado a los viejos pábilos, la luz prendió, creció lentamente como la de la luna, bañó la cara de la mujer de la limpieza, no sería necesario decir que él pensó, Es bonita, pero lo que ella pensó, sí, Se ve que sólo tiene ojos para la isla desconocida, he aquí como se equivocan las personas interpretando miradas, sobre todo al principio. Ella le entregó una vela, dijo, Hasta mañana, duerme bien, él quiso decir lo mismo de otra manera, Que tengas sueños felices, fue la frase que le salió dentro de nada, cuando esté abajo, acostado en su litera, se le ocurrirán otras frases, más espiritosas, sobre todo más insinuantes, como se espera que sean las de un hombre cuando está a solas con una mujer. Se preguntaba si ella dormiría, si habría tardado en entrar en el sueño, después imaginó que andaba buscándola y no la encontraba en ningún sitio, que estaban perdidos los dos en un barco enorme, el sueño es un prestidigitador hábil, muda las proporciones de las cosas y sus distancias, separa a las personas que están juntas, las reúne, y casi no se ven una a otra, la mujer duerme a pocos metros y él no sabe cómo alcanzarla, con lo fácil que es ir de babor a estribor.
Le había deseado buenos sueños, pero fue él quien se pasó toda la noche soñando. Soñó que su carabela nevegaba por alta mar, con las tres velas triangulares gloriosamente hinchadas, abriendo camino sobre las olas, mientras él manejaba la rueda del timón y la tripulación descansaba a la sombra. No entendía cómo estaban allí los marineros que en el puerto y en la ciudad se habían negado a embarcar con él para buscar la isla desconocida, probablemente se arrepintieron de la grosera ironía con que lo trataron. Veía animales esparcidos por la cubierta, patos, conejos, gallinas, lo habitual de la crianza doméstica (...), el viento dio una cabriola, la vela mayor se movió y ondeó, detrás estaba lo que antes no se veía, un grupo de mujeres que incluso sin contarlas se adivinaba que eran tantas cuantos los marineros, se ocupan de sus cosas de mujeres, todavía no ha llegado el tiempo de ocuparse de otras, está claro que esto sólo puede ser un sueño, en la vida real nunca se ha viajado así. El hombre del timón buscó con los ojos a la mujer de la limpieza y no la vio, Tal vez esté en la litera de estribor, descansando de la limpieza de la cubierta, pensó, pero fue un pensar fingido, porque bien sabe, aunque tampoco sepa cómo la sabe, que ella a última hora no quiso venir, que saltó para embarcadero, diciendo desde allí, Adiós, adiós, ya que sólo tienes ojos para la isla desconocida, me voy, y no era verdad, ahora mismo andan los ojos de él pretendiéndola y no la encuentran. En este momento se cubrió el cielo y comenzó a llover, y, habiendo llovido, comenzaron a brotar innumerables plantas de las filas de sacos de tierra alineados a lo largo de la amurada, no están allí porque se sospeche que no haya tierra bastante en la isla desconocida, sino porque así se ganará tiempo, el día que lleguemos sólo tendremos que transplantar los árboles frutales, sembrar los granos de las pequeñas cosechas que van madurando aquí, adornar los jardines con las flores que abrirán de estos capullos. El hombre del timón pregunta a los marineros que descansan en cubierta si avistan alguna isla desconocida, y ellos responden que no ven ni de unas ni de otras, pero que están pensando desembarcar en la primera tierra habitada que aparezca, siempre que haya un puerto donde fondear, una taberna donde beber y una cama donde folgar, que aquí no se puede, con toda esta gente junta. Y la isla desconocida, preguntó el hombre del timón, La isla desconocida es cosa inexistnte, no pasa de una idea de tu cabeza, los geógrafos del rey fuero a ver en los mapas y declararon que islas por conocer es algo que se acabó hace mucho tiempo, Debíais haberos quedado en la ciudad, en lugar de venir a entorpecerme la navegación, Andábamos buscando un lugar mejor para vivir y decidimos aprovechar tu viaje, No sois marineros, Nunca lo fuimos, Solo, no seré capaz de gobernar el barco, Haber pensado en eso antes de pedírselo al rey, el mar no enseña a navegar. Entonces el hombre del timón vio tierra a lo lejos y quiso pasar adelante, hacer cuenta que ella era el reflejo de una otra tierra, una imagen que hubiese venido del otro lado del mundo por el espacio, pero los hombres que nunca habían sido marineros protestaron, dijeron que era allí mismo donde querían desembarcar, Ésta es una isla del mapa, gritaron, te mataremos si no nos llevas. Entonces, por sí misma, la carabela viró la proa en dirección a tierra, entró en el puerto y se encostó a la muralla del embarcadero, Podeis iros, dijo el hombre del timón, acto seguido salieron en orden, primero las mujeres, después los hombres, pero no se fueron solos, se llevaron con ellos los patos, los conejos y la gallinas (...) El hombre del timón contempló la desbandada en silencio, no hizo nada para retener a quienes lo abandonaban, al menos le habían dejado los árboles, los trigos y las flores, con las trepadoras que se enrollaban a los mástiles y pendían de la amurada como festones. Debido al atropello de la salida se habían roto y derramado los sacos de tierra, de modo que la cubierta era como un campo labrado y sembrado, sólo falta que venga un poco más de lluvia para que sea un buen año agrícola. Desde que el viaje a la isla desconocida comenzó, no se ve al hombre del timón comer, debe ser porque está soñando, apenas soñando, y si en el sueño le apeteciese un trozo de pan o una manzana, sería un puro invento, nada más. Las raíces de los árboles están penetrando en el armazón del barco, no tardará mucho en que estas velas hinchadas dejen de ser necesarias, bastará que el viento sople en las copas y vaya encaminando la carabela a su destino.
Es un bosque que navega y se balancea sobre las olas, un bosque en donde, sin saberse cómo, comenzaron a cantar pájaros, debían de estar escondidos por ahí y de repente decidieron salir a la luz, tal vez porque la cosecha ya esté madura y sea la hora de la siega. Entonces el hombre fijó la rueda del timón y bajó al campo con la hoz en la mano, y, cuando había segado las primeras espigas, vio una sombra al lado de su sombra. Se despertó abrazado a la mujer de la limpieza, y ella a él, confundidos los cuerpos, confundidas las literas, que no se sabe si ésta es la de babor o la de estribor. Después, apenas el sol acabó de nacer, el hombre y la mujer fueron a pintar en la proa del barco, de un lado y de otro, en blancas letras, el nombre que todavía le faltaba a la carabela. Hacia la hora del mediodía, con la marea, La Isla Desconocida se hizo por fin a la mar, a la búsqueda de sí misma.
"Si no vives para servir, no sirves para vivir"
es el lema de www.mesterdeobreria.blogspot.com
(José Saramago ya no está con nosotros; pero lo está su obra, que no es decir poco.)
Un hombre llamó a la puerta del rey y le dijo, Dame un barco. La casa del rey tenía muchas más puertas, pero aquélla era la de las peticiones. Como el rey se pasaba todo el tiempo sentado ante la puerta de los obsequios (entiéndase: los obsequios que le ofrecían a él), cada vez que oía que alguien llamaba a la puerta de las peticiones se hacía el desentendido, y sólo cuando el continuo repiquetear de la aldaba de bronce subía a un tono, más que notorio, escandaloso, impidiendo el sosiego de los vecinos (las personas comenzaban a murmurar, Qué rey tenemos, que no atiende), daba orden al primer secretario para que fuera a ver lo que quería el impetrante, que no había manera de que se callara. Entonces, el primer secretario llamaba al segundo secretario, éste llamaba al tercero, que mandaba al primer ayudante, que a su vez mandaba al segundo, y así hasta llegar a la mujer de la limpieza, que, no teniendo en quien mandar, entreabría la puerta de las peticiones y preguntaba por el resquicio. Y tú, qué quieres. El suplicante decía a lo que venía, o sea, pedía lo que tenía que pedir, después se instalaba en un canto de la puerta, a la espera de que el requerimiento hiciese, de uno en uno, el camino contrario, hasta llegar al rey. Ocupado como siempre estaba con los obsequios, el rey demoraba la respuesta, y ya no era chica señal de atención al bienestar y felicidad del pueblo cuando pedía un informe fundamentado por escrito al primer secretario, que, excusado será decirlo, pasaba el encargo al segundo secretario, éste al tercero, sucesivamente, hasta llegar otra vez a la mujer de la limpieza, que opinaba sí o no de acuerdo con el humor con que se hubiera levantado.Sin embargo, en el caso del hombre que quería un barco, las cosas no ocurrieron así. Cuando la mujer de la limpieza le preguntó por el resquicio de la puerta, Y tú qué quieres, el hombre, en vez de pedir, como era la costumbre de todos, un título, una condecoración, o simplemente dinero, respondió, Quiero hablar con el rey, Ya sabes que el rey no puede venir, está en la puerta de los obsequios, respondió la mujer, Pues entonces ve y dile que no me iré de aquí hasta que él venga personalmente para saber lo que quiero, remató el hombre, y se tumbó todo lo largo que era en el rellano, tapándose con una manta porque hacía frío. Entrar y salir sólo pasándole por encima. Ahora bien, esto suponía un enorme problema, si tenemos en consideración que, de acuerdo con la pragmática de las puertas, sólo se puede atender a un suplicante de cada vez, de donde resulta que mientras haya alguien esperando una respuesta, ninguna otra persona podrá aproximarse para exponer sus necesidades o sus ambiciones. A primera vista, quien ganaba con este artículo del reglamento era el rey, puesto que al ser menos numerosa la gente que venía a incomodarlo con lamentos, más tiempo tenía, y más sosiego, para recibir, contemplar y guardar los obsequios. A segunda vista, sin embargo, el rey perdía, y mucho, porque las protestas públicas, al notarse que la respuesta tardaba más de lo que era justo, aumentaban gravemente el descontento social, lo que, a su vez, tenía inmediatas y negativas consecuencias en el flujo de obsequios.En el caso que estamos narrando, el resultado de la ponderación entre los beneficios y los perjuicios fue que el rey, al cabo de tres días, y en real persona, se acercó a la puerta de las peticiones (...) Abre la puerta, dijo el rey a la mujer de la limpieza, y ella preguntó, Toda o sólo un poco. El rey dudó durante un instante, verdaderamente no le gustaba mucho exponerse a los aires de la calle, pero después reflexionó que parecía mal, aparte de ser indigno de su majestad, hablar con un súbdito a través de una rendija, como si le tuviese miedo, sobre todo asistiendo al coloquio la mujer de la limpieza, que luego iría por ahí diciendo Dios sabe qué, De par en par, ordenó. El hombre que quería un barco se levantó del suelo cuando comenzó a oír los ruidos de los cerrojos, enrolló la manta y se puso a esperar. Estas señales de que finalmente alguien atendería y que por tanto el lugar pronto quedaría desocupado, hicieron aproximarse a la puerta a unos cuantos aspirantes a la liberalidad del trono que andaban por allí, prontos para asaltar el puesto apenas quedase vacío. La inopinada aparición del rey (nunca una tal cosa había sucedido desde que usaba corona en la cabeza) causó una sorpresa desmedida, no sólo a los dichos candidatos, sino también entre la vecindad que, atraída por el alborozo repentino, se asomó a las ventanas de las casas, en el otro lado de la calle.
La única persona que no se sorprendió fue el hombre que vino a pedir un barco. Calculaba él, y acertó en la previsión, que el rey, aunque tardase tres días, acabaría sintiendo la curiosidad de ver la cara de quien, nada más y nada menos, con notable atrevimiento, lo había mandado llamar. Dividido entre la curiosidad irreprimible y el desagrado de ver tantas personas juntas, el rey, con el peor de los modos, hizo tres preguntas seguidas, Tú qué quieres, Por qué no dijiste lo que querías, Te crees que no tengo más nada que hacer; pero el hombre sólo respondió a la primera pregunta, Dame un barco, dijo. El asombro dejó al Rey hasta tal punto desconcertado, que la mujer de la limpieza se vio obligada a acercarle una silla de enea, la misma en que ella se sentaba (...) Mal sentado, porque la silla de enea era mucho más baja que el trono, el rey buscaba la mejor manera de acomodar las piernas (...) Y tú para qué quieres un barco, si puede saberse, fue lo que el rey preguntó (...) Para buscar la isla desconocida, respondió el hombre, Qué isla desconocida, preguntó el rey, disimulando la risa, como si tuviese enfrente a un loco de atar, de los que tienen manías de navegaciones, a quien no sería bueno contrariar así de entrada, La isla desconocida, repitió el hombre, Hombre, ya no hay islas desconocidas, Quién te ha dicho, rey, que ya no hay islas desconocidas, Están todas en los mapas, En los mapas, están sólo las islas conocidas, Y qué isla desconocida es esa que tú buscas, Si te lo pudiese decir, entonces no sería desconocida, A quién has oído hablar de ella, preguntó el rey, ahora más serio, A nadie, En ese caso, por qué te empeñas en decir que ella existe, Simplemente porque es imposible que no exista una isla desconocida, Y has venido aquí para pedirme un barco, Sí, vine aquí para pedirte un barco, Y tú quién eres para que yo te lo dé, Y tú quién eres para no dármelo, Soy el rey de este reino y los barcos del reino me pertenecen todos, Más les pertenecerás tú a ellos que ellos a ti, Qué quieres decir, preguntó el rey inquieto, Que tú sin ellos eres nada, y que ellos, sin ti, pueden navegar siempre, Bajo mis órdenes, con mis pilotos y mis marineros, No te pido marineros ni piloto, sólo te pido un barco, Y esa isla desconocida, si la encuentras, será para mí, A ti, rey, sólo te interesan las islas conocidas, También me interesan las desconocidas, cuando dejan de serlo, Tal vez ésta no se deje conocer, Entonces no te doy el barco, Darás.Al oír esta palabra, pronunciada con tranquila firmeza, los aspirantes a la puerta de las peticiones, en quienes, minuto tras minuto, desde el principio de la conversación iba creciendo la impaciencia, más por librarse de él que por simpatía solidaria, resolvieron intervenir en favor del hombre que quería el barco, comenzando a gritar, Dale el barco, dale el barco. El rey abrió la boca para decirle a la mujer de la limpieza que llamara a la guardia de palacio para que estableciera inmediatamente el orden público e impusiera disciplina, pero, en ese momento, las vecinas que asistían a la escena desde las ventanas se unieron al coro con entusiasmo, gritando como los otros, Dale el barco, dale el barco. Ante tan ineludible manifestación de voluntad popular y preocupado con lo que, mientras tanto, habría perdido en la puerta de los obsequios, el rey levantó la mano derecha imponiendo silencio y dijo, Voy a darte un barco, pero la tripulación tendrás que conseguirla tú, mis marineros me son precisos para las islas conocidas. Los gritos de aplauso del público no dejaron que se percibiese el agradecimiento del hombre que vino a pedir un barco (...) Vas al muelle, preguntas por el capitán del puerto, le dices que te mando yo, y él que te dé el barco, llevas mi tarjeta. El hombre que iba a recibir un barco leyó la tarjeta de visita, donde decía Rey debajo del nombre del rey, y eran estas las palabras que él había escrito sobre el hombre de la mujer de la limpieza, Entrega al portador un barco, no es necesario que sea grande, pero que navegue bien y sea seguro (...)
Cuando el hombre levantó la cabeza, se supone que esta vez iría a agradecer la dádiva, el rey ya se había retirado, sólo estaba la mujer de la limpieza mirándolo con cara de circunstancias. El hombre bajó del peldaño de la puerta, señal de que los otros candidatos podían avanzar por fin, superfluo será explicar que la confusión fue indescriptible, todos queriendo llegar al sitio en primer lugar, pero con tan mala suerte que la puerta ya estaba cerrada otra vez. La aldaba de bronce volvió a llamar a la mujer de la limpieza, pero la mujer de la limpieza no está, dio la vuelta y salió con el cubo y la escoba por otra puerta, la de las decisiones, que apenas es usada, pero cuando lo es, es. Ahora sí, ahora se comprende el porqué de la cara de circunstancias con que la mujer de la limpieza había estado mirando, ya que, en ese preciso momento, tomó la decisión de seguir al hombre así que él se dirigiera al puerto para hacerse cargo del barco. Pensó que ya bastaba de una vida de limpiar y lavar palacios, que había llegado la hora de mudar de oficio, que lavar y limpiar barcos era su vocación verdadera, al menos en el mar el agua no le faltaría (...) Andando, andando, el hombre llegó al puerto, fue al muelle, preguntó por el capitán, y mientras venía, se puso a adivinar cuál sería, de entre los barcos que allí estaban, el que iría a ser suyo, grande ya sabía que no, la tarjeta de visita del rey era muy clara en este punto (...) Un poco apartada de allí, escondida detrás de unos bidones, la mujer de la limpieza pasó los ojos por los barcos atracados. Para mi gusto, aquél, pensó, aunque su opinión no contaba, ni siquiera había sido contratada, vamos a oír antes lo que dirá el capitán del puerto.
El capitán vino, leyó la tarjeta, miró al hombre de arriba abajo, y le hizo la pregunta que al rey no se le había ocurrido, Sabes navegar, tienes carné de navegación, a lo que el hombre respondió, Aprenderé en el mar. El capitán dijo, No te lo aconsejaría, capitán soy yo, y no me atrevo con cualquier barco, Dame entonces uno con el que pueda atreverme, no, uno de ésos no, dame un barco que yo respete y que pueda respetarme a mí, Ese lenguaje es de marinero, pero tú no eres marinero, Si tengo el lenguaje, es como si lo fuese. El capitán volvió a leer la tarjeta del rey, después preguntó, Puedes decirme para qué quieres el barco, Para ir en busca de la isla desconocida, Ya no hay islas desconocidas, Lo mismo me dijo el rey, Lo que él sabe de islas, lo aprendió conmigo, Es extraño que tú, siendo hombre de mar, me digas eso, que ya no hay islas desconocidas, hombre de tierra soy yo, y no ignoro que todas las islas, incluso las conocidas, son desconocidas mientras no desembarcamos en ellas, Pero tú, si bien entendí, vas a la búsqueda de una donde nadie haya desembarcado nunca, Lo sabré cuando llegue, Si llegas. Sí, a veces se naufraga en el camino, pero si tal me ocurre, deberás escribir en los anales del puerto que el punto a donde llegué fue ese, Quieres decir que llegar, se llega siempre, No serías quien eres si no lo supieses ya. El capitán del puerto dijo. Voy a a darte la embarcación que te conviene, Cuál, Es un barco con mucha experiencia, todavía del tiempo en que toda la gente andaba buscando islas desconocidas, Cuál, Creo que incluso encontró algunas, Cuál, Aquél. Así que la mujer de la limpieza percibió para donde apuntaba el capitán, salió corriendo de detrás de los bidones y gritó, Es mi barco, es mi barco, hay que perdonarle la insólita reivindicación de propiedad, a todo título abusiva, el barco era aquel que le había gustado, simplemente. Parece una carabela (...), después pasó por arreglos y adaptaciones que la modificaron un poco, Pero continúa siendo una carabela, Sí, en el conjunto conserva el antiguo aire, Y tiene mástiles y velas, Cuando se va en busca de islas desconocidas, es lo más recomendable. La mujer de la limpieza no se contuvo, Para mí no quiero otro, Quién eres tú, preguntó el hombre, No te acuerdas de mí, No tengo idea, Soy la mujer de la limpieza, Qué limpieza, La del palacio del rey, La que abría la puerta de las peticiones, No había otra, Y por qué no estás en el palacio del rey, limpiando y abriendo puertas, Porque las puertas que yo quería ya fueron abiertas y porque de hoy en adelante sólo limpiaré barcos. Entonces estás decidida a ir conmigo en busca de la isla desconocida, Salí del palacio por la puerta de las decisiones, Siendo así, ve para la carabela mira cómo está aquello después del tiempo pasado debe precisar de un buen lavado, y ten cuidado con las gaviotas, que no son de fiar, No quieres venir conmigo a conocer tu barco por dentro, Dijiste que era tuyo, Disculpa, fue sólo porque me gustó, Gustar es probablemente la mejor manera de tener, tener debe ser la peor manera de gustar. El capitán del puerto interrumpió la conversación, Tengo que entregar las llaves al dueño del barco, a uno o a otro, resuélvanse, a mí tanto me da, Los barcos tienen llave, preguntó el hombre, Para entrar, no, pero allí están las bodegas y los pañoles, y el camarote del comandante con el diario de a bordo, Ella que se encargue de todo, yo voy a reclutar la tripulación, dijo el hombre, y se apartó.
La mujer de la limpieza fue a la oficina del capitán para recoger las llaves, después entró en el barco, dos cosas le valieron, la escoba del palacio y el aviso contra las gaviotas, todavía no había acabado de atravesar la pasarela que unía la amurada al atracadero y ya las malvadas se precitaban sobre ella gritando, furiosas, con las fauces abiertas, como si la fueran a devorar allí mismo. No sabían con quién se enfrentaban. La mujer de la limpieza posó el cubo, se guardó las llaves en el seno, plantó bien los pies en la pasarela, y, remolineando la escoba como si fuese un espadón de los buenos tiempos, consiguió poner en desbandada a la cuadrilla asesina. Sólo cuando entró en el barco comprendió la ira de las gaviotas, había nidos por todas partes, muchos de ellos abandonados, otros todavía con huevos, y unos pocos con gaviotillas de pico abierto, a la espera de comida (...) Tiró al agua los nidos vacíos, los otros los dejó, luego veremos. Después se remangó las mangas y se puso a lavar la cubierta. Cuando acabó la dura tarea, abrió el pañol de las velas y procedió a un examen minucioso del estado de las costuras, ha pasado tanto tiempo sin ir al mar y sin haber soportado los estirones saludables del viento. Las velas son los músculos del barco, basta ver cómo se hinchan cuando se esfuerzan, pero, y eso mismo les sucede a los músculos, si no se les da uso regularmente, se aflojan, se ablandan, pierden nervio, Y las costuras son los nervios de las velas, pensó la mujer de la limpieza (...) Encontró deshilachadas algunas bastillas, pero se conformó con señalarlas (...) En cuanto a los otros pañoles, enseguida vio que estaban vacíos (...) Ya le enfadó, y mucho, la falta absoluta de municiones de boca en el pañol respectivo, no por ella, que estaba de sobra acostumbrada al mal rancho del palacio, sino por el hombre al que dieron este barco: no falta mucho para que el sol se ponga, y él aparecerá por ahí clamando que tiene hambre (...)
No merecía la pena preocuparse tanto. El sol acababa de sumirse en el océano cuando el hombre que tenía un barco surgió en el extremo del muelle. Traía un bulto en la mano, pero venía solo y cabizbajo. La mujer de la limpieza fue a esperarlo a la pasarela, pero antes de que abriera la boca para enterarse de cómo había transcurrido el resto del día, él dijo, Estate tranquila, traigo comida para los dos, Y los marineros, preguntó ella, Como puedes ver, no vino ninguno, Pero los dejaste apalabrados, al menos, volvió a preguntar ella, Me dijeron que ya no hay islas desconocidas, y que, incluso habiéndolas, no iban a dejar el sosiego de sus lares y la buena vida de los barcos de línea para meterse en aventuras oceánicas a la búsqueda de un imposible, como si todavía estuviéramos en el tiempo del mar tenebroso. Y tú qué les respondiste, Que el mar es siempre tenebroso, Y no les hablaste de la isla desconocida, Cómo podría hablarles de una isla desconocida, si no la conozco, Pero tienes la certeza de que existe, Tanta como de que el mar es tenebroso, En este momento, visto desde aquí, con las aguas color de jade y el cielo como un incendio, de tenebroso no le encuentro nada, Es una ilusión tuya, también las islas a veces parece que fluctúan sobre las aguas y no es verdad, Qué piensas hacer, si te falta una tripulación, Todavía no lo sé, Podríamos quedarnos a vivir aquí, yo me ofrecería para lavar los barcos que vienen al muelle, y tú, Y yo, Tendrás un oficio, una profesión, como ahora se dice, Tengo, tuve, tendré si fuera preciso, pero quiero encontrar la isla desconocida, quiero saber quién soy yo cuando esté en ella, No lo sabes, Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual (...) Dijo el hombre, Dejemos las filosofías para el filósofo del rey, que para eso le pagan, ahora vamos a comer, pero la mujer no estuvo de acuerdo. Primero tienes que ver tu barco, sólo lo conoces por fuera, Qué tal lo encontraste, Hay algunas costuras de las velas que necesitan refuerzo, Bajaste a la bodega, encontraste agua abierta, En el fondo hay alguna, mezclada con el lastre, pero eso me parece que es lo apropiado, le hace bien al barco, Cómo aprendiste esas cosas, Así, Así cómo, Como tú, cuando dijiste al capitán del puerto que aprenderías a navegar en la mar, Todavía no estamos en el mar, Pero ya estamos en el agua, Siempre tuve la idea de que para la navegación sólo hay dos maestros verdaderos, uno es el mar, el otro es el barco. Y el cielo, te olvidas del cielo, Sí, claro, el cielo, Los vientos, Las nubes, El cielo, Sí, el cielo.
En menos de un cuarto de hora habían acabado la vuelta por el barco: una carabela, incluso transformada, no da para grandes paseos. Es bonita, dijo el hombre, pero si no consigo tripulantes suficientes para la maniobra, tendré que ir a decirle al rey que ya no la quiero. Te desanimas a la primera contrariedad, La primera contrariedad fue esperar al rey tres días, y no desití. Si no encuentras marineros que quieran venir, ya nos las arreglaremos los dos, Estás loca, dos personas solas no serían capaces de gobernar un barco de éstos, yo tendría que estar siempre al timón, y tú, ni vale la pena explicarlo, es un disparate, Después veremos, ahora vamos a cenar (...) Es realmente bonita nuestra carabela, dijo la mujer, y enmendó enseguida. La tuya, tu carabela, Supongo que no será mía por mucho tiempo, Navegues o no navegues con ella, la carabela es tuya, te la dio el rey, Se la pedí para buscar una isla desconocida, Pero estas cosas no se hacen de un momento para otro, necesitan su tiempo, ya mi abuelo decía que quien va al mar se avía en tierra, y eso que él no era marinero, Sin marineros no podremos navegar, Eso ya lo has dicho, Y hay que abastecer el barco de las mil cosas necesarias para un viaje como éste que no se sabe dónde nos llevará, Evidentemente, y después tendremos que esperar a que sea la estación propia, y salir con marea buena, y que venga gente al puerto a desearnos buen viaje, Te estás riendo de mí, Nunca me reiría de quien me hizo salir por la puerta de las decisiones, Discúlpame, Y no volveré a pasar por ella, suceda lo que suceda. La luz de la luna inluminaba la cara de la mujer de la limpieza, Es bonita, realmente es bonita, pensó el hombre, y esta vez no se refería a la carabela. La mujer, ésa, no pensó nada, debía haberlo pensado todo durante aquellos tres días, cuando entreabría de vez en cuando la puerta para ver si aquél aún continuaba fuera, a la espera (...) La sirena de un paquebote que salía para el mar soltó un ronquido potente, como debieron ser los del leviatán, y la mujer dijo, Cuando sea nuestra vez, haremos menos ruido. A pesar de que estaban en el interior del muelle, el agua se onduló un poco al paso del paquebote, y el hombre me dijo, Pero nos balancearemos mucho más. Se rieron los dos, después se callaron, pasado un rato uno de ellos opinó que lo mejor sería irse a dormir, No es que yo tenga mucho sueño, y el otro concordó, Ni yo, después se callaron otra vez, la luna subió y continuó subiendo, a cierta altura la mujer dijo, Hay literas abajo, y el hombre dijo, Sí, y entonces fue cuando se levantaron y descendieron a la cubierta, ahí la mujer dijo, Hasta mañana, yo voy para este lado, y el hombre resondió, Y yo para éste, hasta mañana, no dijeron babor o estribor, probablemente porque todavía están practicando en las artes. La mujer volvió atrás, Me había olvidado, se sacó del bolsillo dos cabos de velas, Los encontré cuando limpiaba, pero no tengo cerillas, Yo tengo, dijo el hombre. Ella mantuvo las velas, una en cada mano, él encendió un fósforo, después, abrigando la llama bajo la cúpula de los dedos curvados, la llevó con todo el cuidado a los viejos pábilos, la luz prendió, creció lentamente como la de la luna, bañó la cara de la mujer de la limpieza, no sería necesario decir que él pensó, Es bonita, pero lo que ella pensó, sí, Se ve que sólo tiene ojos para la isla desconocida, he aquí como se equivocan las personas interpretando miradas, sobre todo al principio. Ella le entregó una vela, dijo, Hasta mañana, duerme bien, él quiso decir lo mismo de otra manera, Que tengas sueños felices, fue la frase que le salió dentro de nada, cuando esté abajo, acostado en su litera, se le ocurrirán otras frases, más espiritosas, sobre todo más insinuantes, como se espera que sean las de un hombre cuando está a solas con una mujer. Se preguntaba si ella dormiría, si habría tardado en entrar en el sueño, después imaginó que andaba buscándola y no la encontraba en ningún sitio, que estaban perdidos los dos en un barco enorme, el sueño es un prestidigitador hábil, muda las proporciones de las cosas y sus distancias, separa a las personas que están juntas, las reúne, y casi no se ven una a otra, la mujer duerme a pocos metros y él no sabe cómo alcanzarla, con lo fácil que es ir de babor a estribor.
Le había deseado buenos sueños, pero fue él quien se pasó toda la noche soñando. Soñó que su carabela nevegaba por alta mar, con las tres velas triangulares gloriosamente hinchadas, abriendo camino sobre las olas, mientras él manejaba la rueda del timón y la tripulación descansaba a la sombra. No entendía cómo estaban allí los marineros que en el puerto y en la ciudad se habían negado a embarcar con él para buscar la isla desconocida, probablemente se arrepintieron de la grosera ironía con que lo trataron. Veía animales esparcidos por la cubierta, patos, conejos, gallinas, lo habitual de la crianza doméstica (...), el viento dio una cabriola, la vela mayor se movió y ondeó, detrás estaba lo que antes no se veía, un grupo de mujeres que incluso sin contarlas se adivinaba que eran tantas cuantos los marineros, se ocupan de sus cosas de mujeres, todavía no ha llegado el tiempo de ocuparse de otras, está claro que esto sólo puede ser un sueño, en la vida real nunca se ha viajado así. El hombre del timón buscó con los ojos a la mujer de la limpieza y no la vio, Tal vez esté en la litera de estribor, descansando de la limpieza de la cubierta, pensó, pero fue un pensar fingido, porque bien sabe, aunque tampoco sepa cómo la sabe, que ella a última hora no quiso venir, que saltó para embarcadero, diciendo desde allí, Adiós, adiós, ya que sólo tienes ojos para la isla desconocida, me voy, y no era verdad, ahora mismo andan los ojos de él pretendiéndola y no la encuentran. En este momento se cubrió el cielo y comenzó a llover, y, habiendo llovido, comenzaron a brotar innumerables plantas de las filas de sacos de tierra alineados a lo largo de la amurada, no están allí porque se sospeche que no haya tierra bastante en la isla desconocida, sino porque así se ganará tiempo, el día que lleguemos sólo tendremos que transplantar los árboles frutales, sembrar los granos de las pequeñas cosechas que van madurando aquí, adornar los jardines con las flores que abrirán de estos capullos. El hombre del timón pregunta a los marineros que descansan en cubierta si avistan alguna isla desconocida, y ellos responden que no ven ni de unas ni de otras, pero que están pensando desembarcar en la primera tierra habitada que aparezca, siempre que haya un puerto donde fondear, una taberna donde beber y una cama donde folgar, que aquí no se puede, con toda esta gente junta. Y la isla desconocida, preguntó el hombre del timón, La isla desconocida es cosa inexistnte, no pasa de una idea de tu cabeza, los geógrafos del rey fuero a ver en los mapas y declararon que islas por conocer es algo que se acabó hace mucho tiempo, Debíais haberos quedado en la ciudad, en lugar de venir a entorpecerme la navegación, Andábamos buscando un lugar mejor para vivir y decidimos aprovechar tu viaje, No sois marineros, Nunca lo fuimos, Solo, no seré capaz de gobernar el barco, Haber pensado en eso antes de pedírselo al rey, el mar no enseña a navegar. Entonces el hombre del timón vio tierra a lo lejos y quiso pasar adelante, hacer cuenta que ella era el reflejo de una otra tierra, una imagen que hubiese venido del otro lado del mundo por el espacio, pero los hombres que nunca habían sido marineros protestaron, dijeron que era allí mismo donde querían desembarcar, Ésta es una isla del mapa, gritaron, te mataremos si no nos llevas. Entonces, por sí misma, la carabela viró la proa en dirección a tierra, entró en el puerto y se encostó a la muralla del embarcadero, Podeis iros, dijo el hombre del timón, acto seguido salieron en orden, primero las mujeres, después los hombres, pero no se fueron solos, se llevaron con ellos los patos, los conejos y la gallinas (...) El hombre del timón contempló la desbandada en silencio, no hizo nada para retener a quienes lo abandonaban, al menos le habían dejado los árboles, los trigos y las flores, con las trepadoras que se enrollaban a los mástiles y pendían de la amurada como festones. Debido al atropello de la salida se habían roto y derramado los sacos de tierra, de modo que la cubierta era como un campo labrado y sembrado, sólo falta que venga un poco más de lluvia para que sea un buen año agrícola. Desde que el viaje a la isla desconocida comenzó, no se ve al hombre del timón comer, debe ser porque está soñando, apenas soñando, y si en el sueño le apeteciese un trozo de pan o una manzana, sería un puro invento, nada más. Las raíces de los árboles están penetrando en el armazón del barco, no tardará mucho en que estas velas hinchadas dejen de ser necesarias, bastará que el viento sople en las copas y vaya encaminando la carabela a su destino.
Es un bosque que navega y se balancea sobre las olas, un bosque en donde, sin saberse cómo, comenzaron a cantar pájaros, debían de estar escondidos por ahí y de repente decidieron salir a la luz, tal vez porque la cosecha ya esté madura y sea la hora de la siega. Entonces el hombre fijó la rueda del timón y bajó al campo con la hoz en la mano, y, cuando había segado las primeras espigas, vio una sombra al lado de su sombra. Se despertó abrazado a la mujer de la limpieza, y ella a él, confundidos los cuerpos, confundidas las literas, que no se sabe si ésta es la de babor o la de estribor. Después, apenas el sol acabó de nacer, el hombre y la mujer fueron a pintar en la proa del barco, de un lado y de otro, en blancas letras, el nombre que todavía le faltaba a la carabela. Hacia la hora del mediodía, con la marea, La Isla Desconocida se hizo por fin a la mar, a la búsqueda de sí misma.
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Prosa: Saramago
miércoles, 16 de junio de 2010
Jorge Bacacorzo: Poemas
Vale más canción humilde que sinfonía sin fe. J.C.
"Si no vives para servir, no sirves para vivir" es el lema de
http://www.mesterdeobreria.blogspot.com/
CRUZANDO MEDIO PERÚ
CRUZANDO medio Perú y todos los vientos,
voces cantarinas envueltas en colores
son música entre piedras y estrategias.
Cruzando medio Perú y burlando a las jaurías
viene a ofrecer sus ánimas al pueblo.
Y en la pequeña plaza que camina
al son de los pasos guerrilleros,
ojos con decisiones y ternuras,
y cabelleras agitadas levantan nuevos días
y el valor de todos es un árbol
que se sacude poderosos y es la tormenta
y en ella muchachas y botellas
se encuentran cara a cara con el fuego.
Del libro “Las Botellas Rojas” (1983)
POEMA XXXVIII
ESA puerta no tiene casa ni calle,
entre baldíos el tiempo, se yergue.
De esa puerta salen voces cada vez más próximas,
himnos a la aurora entre pasos que se acercan.
Apenas se oyen gritos y se alzan banderas,
en el umbral aparecen constructores
con abrazos y martillos.
Del libro “Los Umbrales” (1984)
"Si no vives para servir, no sirves para vivir" es el lema de
http://www.mesterdeobreria.blogspot.com/
CRUZANDO MEDIO PERÚ
CRUZANDO medio Perú y todos los vientos,
voces cantarinas envueltas en colores
son música entre piedras y estrategias.
Cruzando medio Perú y burlando a las jaurías
viene a ofrecer sus ánimas al pueblo.
Y en la pequeña plaza que camina
al son de los pasos guerrilleros,
ojos con decisiones y ternuras,
y cabelleras agitadas levantan nuevos días
y el valor de todos es un árbol
que se sacude poderosos y es la tormenta
y en ella muchachas y botellas
se encuentran cara a cara con el fuego.
Del libro “Las Botellas Rojas” (1983)
POEMA XXXVIII
ESA puerta no tiene casa ni calle,
entre baldíos el tiempo, se yergue.
De esa puerta salen voces cada vez más próximas,
himnos a la aurora entre pasos que se acercan.
Apenas se oyen gritos y se alzan banderas,
en el umbral aparecen constructores
con abrazos y martillos.
Del libro “Los Umbrales” (1984)
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Verso: Bacacorzo
jueves, 10 de junio de 2010
César Ángeles L.
EL ACORAZADO POTEMKIM SOMOS TODOS
Para mi padre, Eduardo Ángeles Figueroa,
navegante como yo.
“es un hombre fuerte” dijo de mi padre
el anestesiólogo
cuando con mis hermanos y mi madre
lo veíamos a distancia allí entubado
luego de su crisis de oxigenación más difícil
en una isla de r e c u p e r a c i ó n
en el blanco celeste difícil
hospital estatal fap
donde todo iba entre cuyes camellos elefantes y avestruces
de vez en cuando peces
una que otra estrella
y el sol terco a gotas
bajo la almohada de mi padre
en su cama ala 5
(5to piso 4 hijos una esposa)
mi padre después del ataque cerebral
que arremetió
sus 91 peones
como una reina loca sin corazón
un cruel trozo de iceberg
desprendido
para atacar
el buque insignia
de la Armada bolchevique
y yo allí en representación de todos los hijos del planeta
hijos orgánicos
hijos inorgánicos
al pie de esta batalla desigual
la vieja muerte con su bata
blanca sin mácula
un uniforme al fin
como cualquier otro
zarandeando de un extremo a otro
el barco la cama el avión la cuna
la nuca del postrado finalmente
y los corazones múltiples
de todos nosotros
que peleamos con él
jardín de flores erizadas
acuáticas
ante embates de la vieja muerte
bella y desdentada
humana y sangrienta
atlética y desfigurada
te vi muerte
en cada retrato humano
o máscara de cal
que sonreía o lloraba
mi padre también estuvo
en su navegación
difícil
(difícil país difícil papel difícil horizonte)
un día tan maltrecho
como el que más
en sala de cuidados intensivos
junto a un púber de 12 años
desnudo como Paris
al fin de la batalla
que una mano como iceberg
lo empujó al
vacío
sobre calaminas siempre rotas de un primer piso y no sé qué más escuché
y eran solo 2 allí
cama a cama
el niño bonito y mi anciano padre
sin saberse / unidos
por la puta muerte
una dama sin embargo
que tuvo siempre gusto por el mejor vestuario
y manejaba diestra sus cubiertos de hueso
una dama insaciable eso sí
desnuda como la que más
envolviéndote en piel de shushupe
sirena amazónica
imantada hacia el fondo oscuro
de inmensos ríos sin nombre
que se mezclan con el mar
horizonte dorado púrpura cadmio
silencio apenas roto
por loros guacamayos garzas
ayaymamas lechuzas
tucanes manshacos
sacha patos
y demás pajarería
en cada paso del tigre
que empuja árboles lianas
el hocico abierto
baba cayendo en hilachas
impunes
yo no estuve allí
pero me dijeron que en la selva de mi país
por esos días de mi padre y el Potemkim
la muerte mojó
con una joven reina de belleza
estrellada al amanecer en su moto
sangró
y se murió
descerebrada
y todas las lágrimas
de Loreto
no pudieron sanar sus pasos
sus sales luminosas
murió casi tan joven como nació
(Paris se salvó finalmente
sus ojos abiertos
la sonrisa confundida
y sus brazos hélices
de un viento inmisericorde)
aquí no se respeta ni la belleza
de una muchacha (19)
cuando cae la lluvia
cuando todo resbala
cuando nada en la selva suena
cuando nada en la selva suena
cuídate padre
un hombre fuerte
(si tiene razón el anestesiólogo
y todos los que te queremos
inclusive
los que no saben quién eres
allí entubado vendado
rodeado por tus ángeles
bolcheviques)
es un hombre fuerte
y eso lo sabían tus 8 hermanos
tu padre Víctor
tu madre Zoila
el completo callejón de Huaylas
donde anduvimos a caballo
en un poema anterior
(recuerdas?)
nos han dicho
que la audición es lo último que se lesiona
así que escucha este papel estas palabras mudas
escucha nuestro silencio conmovido
al lado tuyo
escucha sobre todo nuestro corazón
esa anticcua imagen para decirlo todo
o para decir nada
y nada entre las olas nocturnas
deste océano
que te reta en cada esquina
elévate con tu escuadra
impónle tu acero
tu cometa
la esencial
la del magenta en nuestros corazones
navega tu inocencia
y otra nave va ahora
rompiendo en trozos la grisura
cómo un barco
lleno de amor se estrella sin piedad
en una autopista perdida / km 60
costa sur de mi país
su sala de máquinas
reventada en pedazos
y aquí los doctores
solo llegaron para recoger
el corazón abierto (“infarto súbito” dijo alguien)
de mi primo Andrés
y ya la arena revoloteaba
en el aire
como si no hubiese pasado nada
pero había pasado todo / y seguía pasando nada
pero había pasado todo / y seguía pasando nada
salgo
como salí esa noche de marzo
del cuarto de r e c u p e r a c i ó n
donde estabas desnudo
respirando por fin otra vez
respirando
tan solamente respirando (¿ves?)
mis hermanos y mi madre sonreían
casi me tropiezo y caigo sobre ti
al besarte la frente
antes de salir
la bata los cables la vida
qué será
solo te digo sin decir
que mientras sonreías
todo estará bien
mientras sonrías
como siempre, o casi, supiste sonreír
y eso padre
lo saben tan bien (aunque callen)
el mar las montañas
los pájaros y javier heraud
que sobrevuelan tu navegación
todos lo saben en verdad
porque al nacer
somos el mismo llanto y grito largos
luego las sonrisas y los aplausos
siempre las sonrisas y los aplausos
recuerda eso
y ahora respira / simple mente res pi ra
co
mo
ha
go
yo
aho
ra
a tu lado
marzo-junio 2010 lima H2O
NOTICIA. Escribí este poema cuando mi padre, Eduardo Ángeles Figueroa, salía de una grave crisis de respiración, a fines del verano pasado (marzo). Su internamiento en el hospital FAP (institución a la que se vinculó desde 1939) fue casi constante, desde que en julio del 2009 tuviese un ataque cerebral.
De su vocación por la lectura y la escritura, literaria y testimonial, dan fe sus quince libros, publicados de manera muy personal y, sobre todo, para sus amistades y conocidos más cercanos.
Por esos días del último marzo, pasaron otros dos hechos que me conmovieron: la muerte de una muchacha joven, en Loreto, lugar medular de la Amazonía peruana y escenario para varias vivencias felices de mi padre. Asimismo, la trágica muerte de un buen primo de la familia Tafur, a la que se hallaba vitalmente unido desde su primer matrimonio. Todos estos sucesos se juntaron en mi imaginación con sentimientos encontrados, y nació esta suerte de homenaje e invocación por la mermada salud de mi padre.
Para bien o mal, depende de cómo se vea, esta historia ha culminado el 7 de mayo del presente año (el mes del terremoto de Yungay, 1970: él era de Ancash). Sé que donde quiera que mi padre se halle, le alegrarán leer estas líneas y estos versos. Que sea nuestra forma de compartir un abrazo virtual este 10 de junio: fecha de su 92 feliz cumpleaños. (C.A.L.)
Para mi padre, Eduardo Ángeles Figueroa,
navegante como yo.
“es un hombre fuerte” dijo de mi padre
el anestesiólogo
cuando con mis hermanos y mi madre
lo veíamos a distancia allí entubado
luego de su crisis de oxigenación más difícil
en una isla de r e c u p e r a c i ó n
en el blanco celeste difícil
hospital estatal fap
donde todo iba entre cuyes camellos elefantes y avestruces
de vez en cuando peces
una que otra estrella
y el sol terco a gotas
bajo la almohada de mi padre
en su cama ala 5
(5to piso 4 hijos una esposa)
mi padre después del ataque cerebral
que arremetió
sus 91 peones
como una reina loca sin corazón
un cruel trozo de iceberg
desprendido
para atacar
el buque insignia
de la Armada bolchevique
y yo allí en representación de todos los hijos del planeta
hijos orgánicos
hijos inorgánicos
al pie de esta batalla desigual
la vieja muerte con su bata
blanca sin mácula
un uniforme al fin
como cualquier otro
zarandeando de un extremo a otro
el barco la cama el avión la cuna
la nuca del postrado finalmente
y los corazones múltiples
de todos nosotros
que peleamos con él
jardín de flores erizadas
acuáticas
ante embates de la vieja muerte
bella y desdentada
humana y sangrienta
atlética y desfigurada
te vi muerte
en cada retrato humano
o máscara de cal
que sonreía o lloraba
mi padre también estuvo
en su navegación
difícil
(difícil país difícil papel difícil horizonte)
un día tan maltrecho
como el que más
en sala de cuidados intensivos
junto a un púber de 12 años
desnudo como Paris
al fin de la batalla
que una mano como iceberg
lo empujó al
vacío
sobre calaminas siempre rotas de un primer piso y no sé qué más escuché
y eran solo 2 allí
cama a cama
el niño bonito y mi anciano padre
sin saberse / unidos
por la puta muerte
una dama sin embargo
que tuvo siempre gusto por el mejor vestuario
y manejaba diestra sus cubiertos de hueso
una dama insaciable eso sí
desnuda como la que más
envolviéndote en piel de shushupe
sirena amazónica
imantada hacia el fondo oscuro
de inmensos ríos sin nombre
que se mezclan con el mar
horizonte dorado púrpura cadmio
silencio apenas roto
por loros guacamayos garzas
ayaymamas lechuzas
tucanes manshacos
sacha patos
y demás pajarería
en cada paso del tigre
que empuja árboles lianas
el hocico abierto
baba cayendo en hilachas
impunes
yo no estuve allí
pero me dijeron que en la selva de mi país
por esos días de mi padre y el Potemkim
la muerte mojó
con una joven reina de belleza
estrellada al amanecer en su moto
sangró
y se murió
descerebrada
y todas las lágrimas
de Loreto
no pudieron sanar sus pasos
sus sales luminosas
murió casi tan joven como nació
(Paris se salvó finalmente
sus ojos abiertos
la sonrisa confundida
y sus brazos hélices
de un viento inmisericorde)
aquí no se respeta ni la belleza
de una muchacha (19)
cuando cae la lluvia
cuando todo resbala
cuando nada en la selva suena
cuando nada en la selva suena
cuídate padre
un hombre fuerte
(si tiene razón el anestesiólogo
y todos los que te queremos
inclusive
los que no saben quién eres
allí entubado vendado
rodeado por tus ángeles
bolcheviques)
es un hombre fuerte
y eso lo sabían tus 8 hermanos
tu padre Víctor
tu madre Zoila
el completo callejón de Huaylas
donde anduvimos a caballo
en un poema anterior
(recuerdas?)
nos han dicho
que la audición es lo último que se lesiona
así que escucha este papel estas palabras mudas
escucha nuestro silencio conmovido
al lado tuyo
escucha sobre todo nuestro corazón
esa anticcua imagen para decirlo todo
o para decir nada
y nada entre las olas nocturnas
deste océano
que te reta en cada esquina
elévate con tu escuadra
impónle tu acero
tu cometa
la esencial
la del magenta en nuestros corazones
navega tu inocencia
y otra nave va ahora
rompiendo en trozos la grisura
cómo un barco
lleno de amor se estrella sin piedad
en una autopista perdida / km 60
costa sur de mi país
su sala de máquinas
reventada en pedazos
y aquí los doctores
solo llegaron para recoger
el corazón abierto (“infarto súbito” dijo alguien)
de mi primo Andrés
y ya la arena revoloteaba
en el aire
como si no hubiese pasado nada
pero había pasado todo / y seguía pasando nada
pero había pasado todo / y seguía pasando nada
salgo
como salí esa noche de marzo
del cuarto de r e c u p e r a c i ó n
donde estabas desnudo
respirando por fin otra vez
respirando
tan solamente respirando (¿ves?)
mis hermanos y mi madre sonreían
casi me tropiezo y caigo sobre ti
al besarte la frente
antes de salir
la bata los cables la vida
qué será
solo te digo sin decir
que mientras sonreías
todo estará bien
mientras sonrías
como siempre, o casi, supiste sonreír
y eso padre
lo saben tan bien (aunque callen)
el mar las montañas
los pájaros y javier heraud
que sobrevuelan tu navegación
todos lo saben en verdad
porque al nacer
somos el mismo llanto y grito largos
luego las sonrisas y los aplausos
siempre las sonrisas y los aplausos
recuerda eso
y ahora respira / simple mente res pi ra
co
mo
ha
go
yo
aho
ra
a tu lado
marzo-junio 2010 lima H2O
NOTICIA. Escribí este poema cuando mi padre, Eduardo Ángeles Figueroa, salía de una grave crisis de respiración, a fines del verano pasado (marzo). Su internamiento en el hospital FAP (institución a la que se vinculó desde 1939) fue casi constante, desde que en julio del 2009 tuviese un ataque cerebral.
De su vocación por la lectura y la escritura, literaria y testimonial, dan fe sus quince libros, publicados de manera muy personal y, sobre todo, para sus amistades y conocidos más cercanos.
Por esos días del último marzo, pasaron otros dos hechos que me conmovieron: la muerte de una muchacha joven, en Loreto, lugar medular de la Amazonía peruana y escenario para varias vivencias felices de mi padre. Asimismo, la trágica muerte de un buen primo de la familia Tafur, a la que se hallaba vitalmente unido desde su primer matrimonio. Todos estos sucesos se juntaron en mi imaginación con sentimientos encontrados, y nació esta suerte de homenaje e invocación por la mermada salud de mi padre.
Para bien o mal, depende de cómo se vea, esta historia ha culminado el 7 de mayo del presente año (el mes del terremoto de Yungay, 1970: él era de Ancash). Sé que donde quiera que mi padre se halle, le alegrarán leer estas líneas y estos versos. Que sea nuestra forma de compartir un abrazo virtual este 10 de junio: fecha de su 92 feliz cumpleaños. (C.A.L.)
sábado, 5 de junio de 2010
Juan Víctor Alfaro: "SALVAMENTO"
Vale más canción humilde que sinfonía sin fe. J.C. "Si no vives para servir, no sirves para vivir" es el lema de www.mesterdeobreria.blogspot.com
¿A dónde se fue el cielo que cabía en tus ojos
Sin llegar a ser lluvia en el mar de los míos?
¿Dónde el perfil de duna de tu espalda mordida
Por la luz de la tarde y mis dedos de angustia?
Despedazo los leños que carcome la noche
Buscando aquellos puntos cardinales de tu alba
Y herido por las brasas maceradas de un beso
Retrocedo sin ganas ya de construir la esfera
Casi casi un guiñapo que la derrota impulsa
Repto y rapto gajitos de esperanza al olvido
Seguro de que lo único que no muere es el eco
Del dolor con su cauce de río embravecido
Y allí en el horizonte de mi celda de sueños
El cielo de tus ojos me perfila tu piel.
¿A dónde se fue el cielo que cabía en tus ojos
Sin llegar a ser lluvia en el mar de los míos?
¿Dónde el perfil de duna de tu espalda mordida
Por la luz de la tarde y mis dedos de angustia?
Despedazo los leños que carcome la noche
Buscando aquellos puntos cardinales de tu alba
Y herido por las brasas maceradas de un beso
Retrocedo sin ganas ya de construir la esfera
Casi casi un guiñapo que la derrota impulsa
Repto y rapto gajitos de esperanza al olvido
Seguro de que lo único que no muere es el eco
Del dolor con su cauce de río embravecido
Y allí en el horizonte de mi celda de sueños
El cielo de tus ojos me perfila tu piel.
martes, 1 de junio de 2010
Ernesto Toledo Brückmann: "Javier Heraud: juventud y realidad"
Vale más canción humilde que sinfonía sin fe. J.C. "Si no vives para servir, no sirves para vivir" es el lema de www.mesterdeobreria.blogspot.com
Nacer en el exclusivo distrito de Miraflores, estudiar en el Colegio Markham, ocupar el segundo puesto en la promoción, destacar en competencias deportivas, colaborar en la revista escolar con artículos y poemas; posteriormente ingresar con el primer puesto a la Facultad de Letras de la Universidad Católica, ocupar una plaza de profesor de Castellano e Inglés, así como viajar a Francia, publicar su primer libro a los 18 años de edad y ser premiado como El Poeta Joven del Perú. Todo ello pareciera ser el ideal de algún padre de familia conservador cuyo hijo encabezará la defensa de "la moral" y "las buenas costumbres." Sin embargo el tiempo pasa y la adolescencia abre paso a una juventud que difiere de los paradigmas del progenitor al recorrer la Unión Soviética, Asia y Cuba socialista, hacerse guerrillero, sumergirse en la selva peruana y morir abaleado en la orilla de un río. Todo ello describe la fugaz pero fructífera vida de Javier Heraud, muerto y enterrado hace cuarenta años en la provincia amázónica de Puerto Maldonado.
Aunque muchos se refieran a un acto ingenuo y confuso de un joven rebelde que subestimó la capacidad militar del adversario, no pocos reconocerán el desprendimiento de quien dejó las comodidades para entregar su existencia física a la construcción de una nueva sociedad; aunque la muerte le llegó a los 21 años de edad, el tiempo le fue generoso para ejercer la docencia en el Instituto industrial N° 24 y los colegios Guadalupe y Melitón Carvajal.
Como si fuera poco, el sentido internacionalista de cualquier revolución no lo desligaría de su condición de peruano y del amor a su propia tierra, tal como lo demuestra en su poema Palabra de guerrillero: "Porque mi patria es hermosa como una espada en el aire y más grande ahora y aún y más hermosa todavía, yo hablo y la defiendo con mi vida"
Pero todo tiene un final; el 15 de mayo de 1963 es interceptada la pequeña balsa de Javier y sus dos compañeros que se desplazaban sobre la superficie de río Madre de Dios; posteriormente una furiosa andanada de proyectiles cae sobre sus cuerpos. Un trapo blanco sujeto a los agarrotados dedos de uno de los cadáveres, habría demostrado el interés de rendirse. El baño de sangre fue perpetrado ante el testimonio y la complicidad de cientos de lugareños.
Ningún soldado, policía y civil imaginó que Javier predijo su desaparición física en más de un poema y que finalmente cumplió su sueño: "Yo nunca me río de la muerte...Simplemente sucede que no tengo miedo de morir entre pájaros y árboles."
En adelante Heraud será considerado como un hito en la poesía peruana contemporánea ya que su muerte induce hasta hoy a la polémica entre los artistas «puros» y «sociales» de los cultores del individualismo y los comprometidos con la realidad social y sus protagonistas generadores de cambio. Asimismo la muerte de heraud demostró, sin ánimo de actitudes guerreristas, que la carencia de medios tecnológicos puede ser sustituida por la creatividad literaria y una conciencia política que lo llevó a asumir responsabilidad en la militancia del Ejército de Liberación Nacional ELN.
Si bien la generación de Heraud tuvo en la revolución cubana un paradigma a emular y en Francia a la generadora del "servicio intelectual obligatorio", la generación de los 90', beneficiosa del Internet y protagonista del tercer milenio, mantiene aún los rezagos de la política de despolitización y embrutecimiento colectivo, generado por el neoliberalismo de Fujimori. Todo ello se evidenció hasta en la participación de la juventud en la caída de la dictadura ya que cualquier manifestación callejera reflejaba inconsistencia política e ideológica, cundiendo el espontaneismo y sin un interés conciente de analizar la raíz de la problemática.
La intolerancia, los interés individuales y el afán de figuración demostrados en este último enfrentamiento bélico ponen en evidencia el carácter humanista de la inmensa mayoría de hombres del mundo, quienes contradicen en algunos casos a sus propios gobernantes; frente a ello el romanticismo debe materializarse en acciones concretas de interés colectivo. La necesidad de asumir compromisos formales, el respeto de las direcciones políticas y "desmontar del caballo para mirar las flores"-metáfora china que invita a la relación directa con la realidad de las mayorías- debería ser la tarea asumida por los peruanos ya que siendo realistas, las condiciones están dadas para que Javier Heraud se reencarne en millones de artistas con características particulares pero con ideales en común; solo así abriremos la única puerta por la que se podrá entrar al mundo del futuro: la puerta al socialismo.
Nacer en el exclusivo distrito de Miraflores, estudiar en el Colegio Markham, ocupar el segundo puesto en la promoción, destacar en competencias deportivas, colaborar en la revista escolar con artículos y poemas; posteriormente ingresar con el primer puesto a la Facultad de Letras de la Universidad Católica, ocupar una plaza de profesor de Castellano e Inglés, así como viajar a Francia, publicar su primer libro a los 18 años de edad y ser premiado como El Poeta Joven del Perú. Todo ello pareciera ser el ideal de algún padre de familia conservador cuyo hijo encabezará la defensa de "la moral" y "las buenas costumbres." Sin embargo el tiempo pasa y la adolescencia abre paso a una juventud que difiere de los paradigmas del progenitor al recorrer la Unión Soviética, Asia y Cuba socialista, hacerse guerrillero, sumergirse en la selva peruana y morir abaleado en la orilla de un río. Todo ello describe la fugaz pero fructífera vida de Javier Heraud, muerto y enterrado hace cuarenta años en la provincia amázónica de Puerto Maldonado.
Aunque muchos se refieran a un acto ingenuo y confuso de un joven rebelde que subestimó la capacidad militar del adversario, no pocos reconocerán el desprendimiento de quien dejó las comodidades para entregar su existencia física a la construcción de una nueva sociedad; aunque la muerte le llegó a los 21 años de edad, el tiempo le fue generoso para ejercer la docencia en el Instituto industrial N° 24 y los colegios Guadalupe y Melitón Carvajal.
Como si fuera poco, el sentido internacionalista de cualquier revolución no lo desligaría de su condición de peruano y del amor a su propia tierra, tal como lo demuestra en su poema Palabra de guerrillero: "Porque mi patria es hermosa como una espada en el aire y más grande ahora y aún y más hermosa todavía, yo hablo y la defiendo con mi vida"
Pero todo tiene un final; el 15 de mayo de 1963 es interceptada la pequeña balsa de Javier y sus dos compañeros que se desplazaban sobre la superficie de río Madre de Dios; posteriormente una furiosa andanada de proyectiles cae sobre sus cuerpos. Un trapo blanco sujeto a los agarrotados dedos de uno de los cadáveres, habría demostrado el interés de rendirse. El baño de sangre fue perpetrado ante el testimonio y la complicidad de cientos de lugareños.
Ningún soldado, policía y civil imaginó que Javier predijo su desaparición física en más de un poema y que finalmente cumplió su sueño: "Yo nunca me río de la muerte...Simplemente sucede que no tengo miedo de morir entre pájaros y árboles."
En adelante Heraud será considerado como un hito en la poesía peruana contemporánea ya que su muerte induce hasta hoy a la polémica entre los artistas «puros» y «sociales» de los cultores del individualismo y los comprometidos con la realidad social y sus protagonistas generadores de cambio. Asimismo la muerte de heraud demostró, sin ánimo de actitudes guerreristas, que la carencia de medios tecnológicos puede ser sustituida por la creatividad literaria y una conciencia política que lo llevó a asumir responsabilidad en la militancia del Ejército de Liberación Nacional ELN.
Si bien la generación de Heraud tuvo en la revolución cubana un paradigma a emular y en Francia a la generadora del "servicio intelectual obligatorio", la generación de los 90', beneficiosa del Internet y protagonista del tercer milenio, mantiene aún los rezagos de la política de despolitización y embrutecimiento colectivo, generado por el neoliberalismo de Fujimori. Todo ello se evidenció hasta en la participación de la juventud en la caída de la dictadura ya que cualquier manifestación callejera reflejaba inconsistencia política e ideológica, cundiendo el espontaneismo y sin un interés conciente de analizar la raíz de la problemática.
La intolerancia, los interés individuales y el afán de figuración demostrados en este último enfrentamiento bélico ponen en evidencia el carácter humanista de la inmensa mayoría de hombres del mundo, quienes contradicen en algunos casos a sus propios gobernantes; frente a ello el romanticismo debe materializarse en acciones concretas de interés colectivo. La necesidad de asumir compromisos formales, el respeto de las direcciones políticas y "desmontar del caballo para mirar las flores"-metáfora china que invita a la relación directa con la realidad de las mayorías- debería ser la tarea asumida por los peruanos ya que siendo realistas, las condiciones están dadas para que Javier Heraud se reencarne en millones de artistas con características particulares pero con ideales en común; solo así abriremos la única puerta por la que se podrá entrar al mundo del futuro: la puerta al socialismo.
lunes, 31 de mayo de 2010
Jorge Luis Roncal: "Redoble de amor por la poesía y la belleza"
Vale más canción humilde que sinfonía sin fe. J.C. "Si no vives para servir, no sirves para vivir" es el lema de www.mesterdeobreria.blogspot.com
Te mirarán como a un bicho raro, un duende, un aparecido
como a un desquiciado sin nombre y sin memoria
Pretenderán que le cantes al ruiseñor, las libélulas, los lirios
a la inmaculada concepción
a la bondad de las inversiones extranjeras
al crecimiento sostenido de la economía
Te ofrecerán el oro y el moro
un cheque en blanco
el premio nóbel de la paz (de los cementerios)
la mujer más bella de la tierra
el varón más hermoso del planeta
la presidencia del congreso
Te guiñarán el ojo
te contarán el cuento
te pasarán la mano, te susurrarán al oído,
te aplaudirán afiebrados antes de escucharte
dirán que eres lo máximo, lo ya no ya, el despelote
Prometerán coronarte en la explanada de Palacio
otorgarte el laurel de oro de los vates
el premio mundial de poesía
la beca más sabrosa de por vida
llenarte de medallas y diplomas
y el honoris causa de Harvard
Desearán que desconozcas a Mariátegui y Vallejo
que te olvides de Oquendo, Arguedas y Churata
que te enemistes con Romualdo, Rose, Scorza y Valcárcel
que consideres aventureros e ilusos a Heraud y al Che Guevara
piezas de museo al Grupo Intelectual Primero de Mayo
y al Grupo Narración
y huacos inservibles a Mazzi, Huanay y Bacacorzo
Querrán expropiarte el ritmo y la cadencia
confiscarte la métrica, las imágenes, la magia y la sorpresa
hurtarte la alegría de río turbulento
arrebarte la frescura, rebeldía y desenfado de tu pueblo
extirparte la insurgencia
arrancarte de cuajo el manantial de palabras que deslumbran
Te expulsarán de los parques, las plazas y las calles
y brotarás danzando en las montañas
Arruinarán tus poemas clandestinos
tus versos de amor en servilletas
y tú, obstinada, digna, irreverente
esculpirás tus graffitis en cerros y paredes
Te expulsarán del viento y volverás como tormenta
te arrojarán del cielo y crecerá tu incendio
te impondrán la última versión de la mordaza, el grillete, la capucha
y tu música se escuchará hasta en la luna
Querrán mutilarte los sueños
matar tus ilusiones
enterrar tu júbilo, tu risa, tu jarana
Violarán el cuarto del poeta
causarán destrozos, romperán la única mesa de escritura
sembrarán dinamita, propaganda, manuscritos
para encerrarte de por vida en Piedras Gordas
Te enseñarán sus fauces, sus colmillos, sus metracas
te harán una pasantía por las torturas más horrendas
te mostrarán el rincón donde mueren los presos olvidados
buscarán trabajarte al susto con las fosas de la guerra
Te reventarán el pecho a culatazos
te colgarán de las uñas
te aplicarán el submarino
y crecerá tu sonrisa de muchacha enamorada
Querrán romperte y corromperte
Querrán silenciarte y mancillarte
Querrán desaparecerte del mapa para siempre
Querrán quebrarte y no podrán quebrarte
Querrán comprarte y no podrán comprarte
¡Querrán callarte y no podrán callarte!
Te mirarán como a un bicho raro, un duende, un aparecido
como a un desquiciado sin nombre y sin memoria
Pretenderán que le cantes al ruiseñor, las libélulas, los lirios
a la inmaculada concepción
a la bondad de las inversiones extranjeras
al crecimiento sostenido de la economía
Te ofrecerán el oro y el moro
un cheque en blanco
el premio nóbel de la paz (de los cementerios)
la mujer más bella de la tierra
el varón más hermoso del planeta
la presidencia del congreso
Te guiñarán el ojo
te contarán el cuento
te pasarán la mano, te susurrarán al oído,
te aplaudirán afiebrados antes de escucharte
dirán que eres lo máximo, lo ya no ya, el despelote
Prometerán coronarte en la explanada de Palacio
otorgarte el laurel de oro de los vates
el premio mundial de poesía
la beca más sabrosa de por vida
llenarte de medallas y diplomas
y el honoris causa de Harvard
Desearán que desconozcas a Mariátegui y Vallejo
que te olvides de Oquendo, Arguedas y Churata
que te enemistes con Romualdo, Rose, Scorza y Valcárcel
que consideres aventureros e ilusos a Heraud y al Che Guevara
piezas de museo al Grupo Intelectual Primero de Mayo
y al Grupo Narración
y huacos inservibles a Mazzi, Huanay y Bacacorzo
Querrán expropiarte el ritmo y la cadencia
confiscarte la métrica, las imágenes, la magia y la sorpresa
hurtarte la alegría de río turbulento
arrebarte la frescura, rebeldía y desenfado de tu pueblo
extirparte la insurgencia
arrancarte de cuajo el manantial de palabras que deslumbran
Te expulsarán de los parques, las plazas y las calles
y brotarás danzando en las montañas
Arruinarán tus poemas clandestinos
tus versos de amor en servilletas
y tú, obstinada, digna, irreverente
esculpirás tus graffitis en cerros y paredes
Te expulsarán del viento y volverás como tormenta
te arrojarán del cielo y crecerá tu incendio
te impondrán la última versión de la mordaza, el grillete, la capucha
y tu música se escuchará hasta en la luna
Querrán mutilarte los sueños
matar tus ilusiones
enterrar tu júbilo, tu risa, tu jarana
Violarán el cuarto del poeta
causarán destrozos, romperán la única mesa de escritura
sembrarán dinamita, propaganda, manuscritos
para encerrarte de por vida en Piedras Gordas
Te enseñarán sus fauces, sus colmillos, sus metracas
te harán una pasantía por las torturas más horrendas
te mostrarán el rincón donde mueren los presos olvidados
buscarán trabajarte al susto con las fosas de la guerra
Te reventarán el pecho a culatazos
te colgarán de las uñas
te aplicarán el submarino
y crecerá tu sonrisa de muchacha enamorada
Querrán romperte y corromperte
Querrán silenciarte y mancillarte
Querrán desaparecerte del mapa para siempre
Querrán quebrarte y no podrán quebrarte
Querrán comprarte y no podrán comprarte
¡Querrán callarte y no podrán callarte!
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