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lunes, 31 de marzo de 2008

A CÉSAR CALVO AGRADECIÉNDOLE QUE ESTÉ AQUÍ, Manuel Scorza


En el principio el hombre abandonaba a sus muertos.
Hace cincuenta mil años comenzó a cavar tumbas.
En la piel de las cavernas cinceló sus miedos bellísimos:
Descubrió la poesía.
Por eso estamos aquí,
Aventando palabras contra el cielo indiferente.

Cecilia, mi hija, juega con sus años:
Cuatro guijarros de colores.
La vida pasa tan rápido, César, que una tarde
La miraremos salir para el parque
Y regresar hermosísima mujer.
Así es, César, la vida huye tan rápido
Que uno de estos días deberíamos tratar de decir la verdad.
Por favor, qué ocurrencia.
¡El mayordomo tiene órdenes estrictas
De tirarle la puerta al pasado!

Porque jóvenes áureos,
En las breñas del horror de América combatían entonces
Por un mundo más bello.
Mortalmente heridos caían
Más que por la metralla llagados por sus sueños.
Hermosos nacían a la muerte.
Mientras nosotros tatuábamos poemas olvidados
En cuerpos olvidados de mujeres olvidadas.
En chinganas de mala muerte cauterizábamos nuestra melancolía
Bebiendo aguardiente que no era Agua Ardiente.

Lenín no apreciaba a los poetas:
Cortó groseramente un poema de Maicovski.
Vladimir Maicovski se mató.
Pero Lenín se equivocaba: el Che llevaba en su mochila
Acribillados versos de León Felipe
Y Javier Heraud llevaba una carta tuya en su chaqueta.
El impiadoso río Madre de Dios arrastró su cuerpo,
Tu cuerpo, mi cuerpo, nuestra acribillada juventud, todo.
Pero la vida fluye más rápido que el río Madre de Dios.
¡Imposible erigir un mundo nuevo
Sin desembarcar en las Indias entrevistas en nuestros sueños!
Una revolución que sólo es una revolución no es una revolución.
¡Hay que volcarlo todo, hay que quemarlo todo, hay que arrancarlo todo!
No permitir que vuelva a retornar jamás la misma realidad,
La misma familia, la misma agua, los mismos padres, la misma
Luz, la misma patria, el mismo futuro, la misma tristeza, la
Misma
religión, el mismo sol!

¿Quién se atrevería a absolvernos?
Un inmortal poema nos absolvería.
Pero los años han pasado y no hemos mencionado la Palabra Ígnea.

La vida es tan fugaz, César, que una de estas tardes
Saldrás a comprar cigarros
Y regresarás a contar chistes en nuestros velorios.
Y ahora sí te acepto un pisco.
Porque a pesar de esta tristeza, la vida vale la pena:
Estoy alegre, estoy árbol, estoy exaltado, estoy
Con mis amigos, estoy relámpago, estoy luz.
Porque el hombre que está más cerca de su muerte
Que de su nacimiento
Necesita urgentemente ser feliz.

Hace cincuenta mil años, en la piel de las cavernas,
Comencé a grabar este poema.
Por eso estoy aquí aventando palabras contra el cielo indiferente.

Manuel Scorza,

Perú

(Texto proporcionado por la imprescindible Maga Rosina Valcárcel).



sábado, 16 de febrero de 2008

EPÍSTOLA A LOS POETAS QUE VENDRÁN, Manuel Scorza



Tal vez mañana los poetas pregunten
Por qué no celebramos la gracia de las muchachas;
Tal vez mañana los poetas pregunten
Por qué nuestros poemas
Eran largas avenidas
Por donde venía la ardiente cólera.

Yo respondo:
Por todas partes oíamos el llanto,
Por todas partes nos sitiaba un muro de olas negras.
¿Iba a ser la Poesía
Una solitaria columna de rocío?
Tenía que ser un relámpago perpetuo.

Mientras alguien padezca,
La rosa no podrá ser bella;
Mientras alguien mire al pan con envidia,
El trigo no podrá dormir;
Mientras llueva sobre el pecho de los mendigos,
Mi corazón no sonreirá.

Matad la tristeza, poetas.
Matemos a la tristeza con un palo.
No digáis el romance de los lirios.
Hay cosas más altas
Que llorar amores perdidos:
El rumor de un pueblo que despierta
¡Es más bello que el rocío!
El metal resplandeciente de su cólera
¡Es más bello que la espuma!
Un Hombre Libre
¡Es más puro que el diamante!

El poeta libertará al fuego
De su cárcel de ceniza.
El poeta encenderá la hoguera
Donde se queme este mundo sombrío.

Manuel Scorza,
Perú