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sábado, 26 de abril de 2008

LA CREACIÓN DEL MUNDO, Thiago de Mello


No desfloré a nadie.
La primera mujer que vi desnuda
(era adulta de alma y de cabellos)
Fue la primera que me mostró los astros,
Pero no fui el primero a quien se los mostró.

Vi el resplandor de sus nalgas
De espaldas a mí: era morena,
Mas al darse vuelta fue dorada.

Sonrió porque sus pechos me asombraron,
Por mi mirada de adolescente no acostumbrado
A la gloria de la belleza corporal.
Era de mañana en la selva, pero nacían
Estrellas de sus brazos y resbalaban
Por el cuello, lo recuerdo, era el cuello
Lo que me enseñaba a deletrear secretos
Guardados en la clavícula. Pedía,
Ya echada de bruces y llamándome,
Que posara mis labios por los pétalos
Con rocío de la nuca, eran lilas;
Que alisara, levemente, con las yemas
Las espaldas de espumas y esmeraldas;
Quería que mi mano recorriera,
Yendo y viniendo, el valle de la columna,
Trés doucement, porque me cuidaba.
Ella inauguró en mí la alegría
Inefable de dar felicidad.
Tanto conocimiento no podía
Ser sino innato, pienso ahora.
Pero no.
Era un saber hecho de experiencia,
Más que ingenio para transmitirlo.
Ella era de otras aguas, una fuente
De treinta años, que vino desde el Sena
Con el destino de darme de beber
—En la aurora de sus ojos, en sus pechos,
En la boca musical, en el mar del vientre,
En la risa de azucena, en la voz densa,
En las cejas y en el vértice de las piernas—
La miel antigua de la sabiduría,
De saber que el deseo crece cuando entiende
Que la chispa se enciende en la ternura,
Que las antesalas se prolongan
Hasta que uno esté listo para entrar en el cielo.


Thiago de Mello,
Brasil


(Texto proporcionado por Christina Castello).


jueves, 28 de febrero de 2008

CANTIGA DE CLARIDAD, Thiago de Mello


Campesino, plantas el grano
En lo oscuro — y nace un albor.
Quiero llamarte hermano.

De noche, comiendo el pan
Siento el gusto de esa aurora
Que te despunta en la mano.

Haces de sombras un haz
De luz para multitudes.
Un compañero tan claro
Que vive en la oscuridad.

Y mientras no llegue el día
En que la tierra sea un reino
De trabajo y de alegría,
Cantando juntos alcemos
Armas de amor en acción.
La rosa ya se hace llama
Al hilo del corazón.

Campesino, plantas el grano
En el oscuro y ya nace el agua.
Un día serás el dueño
Del sueño verde del campo.
Nunca vi verde tan verde
Como el de tu corazón.


Thiago de Mello,
Brasil


domingo, 27 de enero de 2008

ESTATUTOS DEL HOMBRE, Thiago de Mello



(Acta institucional permanente)

A Carlos Heitor Cony

Artículo I.


Queda decretado que ahora vale la verdad,

Que ahora vale la vida
Y que con las manos unidas
Trabajaremos todos por la vida verdadera.

Artículo II.
Queda decretado que todos los días de la semana,
Incluso los feriados más solemnes,
Tienen derecho a convertirse en mañanas de domingo.

Artículo III.
Queda decretado que a partir de este instante
Habrá girasoles en todas las ventanas,
Que los girasoles tendrán derecho
A abrirse dentro de la sombra
Y que las ventanas han de permanecer, el día entero,
Abiertas hacia el verde donde crece la esperanza.

Artículo IV
Queda decretado que el hombre
No precisará nunca más dudar de los seres humanos.
Que cada hombre confiará en su especie
Como la palmera en el viento,
Como el viento en el aire,
Como el aire en el campo azul del cielo.

Parágrafo único:
Un hombre confiará en los hombres
Como un niño pequeño confía en los otros.

Artículo V.
Queda decretado que los hombres
Están libres del yugo de la mentira.
Nunca más será necesario usar la coraza del silencio,
Ni la armadura de las palabras.
El hombre se sentará a la mesa
Con el corazón limpio,
Porque la verdad será servida antes de la sobremesa.

Artículo VI.
Queda establecida, por lo menos durante diez siglos,
La práctica soñada por el profeta Elías,
En la que lobo y cordero pastarán juntos
Y su alimento tendrá el gusto mismo de la aurora.

Artículo VII.
Por decreto inderogable queda establecido
El reinado permanente de la justicia y la claridad.
Y la alegría será bandera generosa
Por siempre resguardada en el alma del pueblo.

Artículo VIII.
Queda decretado que el mayor dolor siempre ha sido y será
No poder darse en amor a quien se ama,
Sabiendo que precisamente esa agua
Es la que da a las plantas el milagro de la flor.

Artículo IX.
Queda permitido que el pan cotidiano
Ofrezca a cada hombre los signos de su esfuerzo.
Pero, sobre todo, que tenga siempre el dulcísimo sabor de la ternura.

Artículo X.
Queda permitido a cualquier persona,
En cualquier hora de su vida,
Usar el traje más blanco.

Artículo XI
Queda decretado, por definición,
Que el ser humano es un animal que ama
Y que por eso es bello,
Mucho más aún que la estrella de la mañana.

Artículo XII.
Decrétase que nada será obligado ni prohibido:
Todo será permitido,
Incluso brincar como los rinocerontes
Y caminar por las tardes
Con una inmensa begonia en la solapa.

Parágrafo único:
Sólo una cosa queda prohibida:
Hacer el amor sin amor.

Artículo XIII.
Queda decretado que el dinero
No podrá comprar jamás el sol de las mañanas venideras.
Expulsado del gran baúl del miedo
Será sólo una espada fraternal
Para defender el derecho a cantar en la fiesta del día que nace.

Artículo final.
Queda vetado el uso de la palabra "libertad".
Será suprimida en los diccionarios
Y en el pantano engañoso de las bocas.
A partir de este instante
La libertad será algo vivo y transparente,
Como un fuego, como un río, como la simiente del trigo,
Y su morada será por siempre
El corazón de los hombres.

Thiago de Mello,
Brasil