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jueves, 17 de julio de 2008

POEMA, Juan Gonzalo Rose



Poema

Yo recuerdo que tú eras

como la primavera trizada en las rosas
o como las palabras que los niños musitan
sonriendo en sus sueños.

Yo recuerdo que tú eras
como el agua que beben silenciosos los ciegos
o como la saliva de las aves
cuando el amor las tumba de gozo en los aleros.

En la última arena de la tarde tendías
agobiado de gracia tu cuerpo de gacela
y la noche arribaba a tu pecho desnudo
como aborda la luna los navíos de vela.

Y ahora, Marisel, la vida pasa
sin que ningún instante nos traiga alegría...
Ha debido morirse con nosotros el tiempo
o has debido quererme como yo te quería.

Juan Gonzalo Rose,
Perú

(Texto proporcionado por Marisueño).


domingo, 20 de abril de 2008

VOZ DE ORDEN, Juan Gonzalo Rose




Vamos al campo, pronto, vamos todos.
Vamos al campo, todos, vamos pronto.
Esta es la orden general del viento.

Pero no vamos a ir a sembrar
Campanas ni a aplaudir la vuelta de los gorriones
Ni a sentarnos al borde del arroyo
A ver cómo se pudre de amor la primavera.

Vamos al campo, todos, ven conmigo.
Vamos al campo pronto, ven contigo.
Vamos al campo abierto de la guerra
A buscarle la muerte al enemigo.

Basta ya de mentiras
Que nos tienen con los huesos hinchados.
Basta ya de verdades
Que nos tienen colgados de los suelos.
Basta de andarse con el tronco ardiendo
Y por fuera sólo haciendo versos.

Vamos al campo, todos, vamos pronto,
Para enseñarle al malo lo que es bueno,
Ahora cuando todo está claro, muy claro.

Aquel que anda buscando cuatro patas al gato,
Hace más de cien años que nos cuentan el cuento
Mientras cada cien días asesinan al pueblo.

Maldito el que me diga que me calle la boca
Mientras se va cantando ¡Viva la América libre y serena!

Algunos me dirán que no es cristiano
Cantar de esta manera
Yo les pregunto a todos los cristianos:
¿Es cristiana la guerra?
¿Es cristiano que venga el extranjero
A quitarnos las uñas de la tierra?
¿Es el hambre cristiano?
¿Son cristianos los mocos
De los niños tullidos de inocencia
Sin que sus pies descalzos correteen
En el patio de la tibia primavera?
¿Es cristiano el pan cuando es ajeno el trigo?
Yo les pregunto a todos los cristianos
¿Son cristianos todos los cristianos?

Aquél que entre vosotros esté libre de culpa
Que lo diga ya y que les devuelva la dicha a mis hermanos .

Juan Gonzalo Rose,
Perú


(Texto proporcionado por Gustavo Pérez Hinojosa).



miércoles, 16 de abril de 2008

PIEDRA NEGRA SOBRE PIEDRA ROJA, Juan Gonzalo Rose


Ya no le tenéis miedo
A César el Vallejo,

Ya no guerrea,
Ya no suda,
Ya no canta,
Hundís vuestra cabeza en su boca tremenda,
Ya no muerde,
Hasta le amáis ahora
Vosotros mercaderes
Polizontes
Profesionales del hacerse el sueco.

Habéis dicho que venga
Ahora que está muerto ¡así qué gracia!
Hasta podéis ponerlo en vuestras mesas
Y usar de ceniceros sus alvéolos,
Colgar de su esqueleto una campana
Para la cita con que el Directorio
(Un toro calvo y otros cuatro gatos)
Iluminan la sala respetable
Con curvas-secretarias y alegatos.

¿Y para qué traerlo?
¿Queréis estar seguros de que ha muerto?
¿Queréis poner el dedo en esa llaga?
Él no la tiene, mártir, al costado:
Su llaga está en la tierra,
Está en la tierra y se llama España.

O lo que queréis acaso con vosotros, por temor
A que todos rodeemos su cadáver
Y le digamos: ¡César levántate y combate!
Y entonces él, usando otra vez su vos llorada,
Repita como entonces: la harina es de los pobres
Y los demás se pelan ¡camarada!,
O lo queréis
Para decirle Juanito: toca no hace nada
Para decirle a Yohnny: hinca, no hace nada
(Se toca y no se lee: ¡peruanada!

Casi os comprendo, casi:
Estando en vuestras manos
Lo pondréis en museos
A él, que como nadie
Llevaba tan Vallejos sus huesos por las calles,
Casi os comprendo, claro,
Le aplicaréis domados psicoanálisis
Para explicar por qué llegado un día
Él se fue a la España guerrillera, con su voz
Con su cholo y su manera...
(No faltará pintor iluminado
-Señor de rentas pulcro y afeitado
De esos que pintan muy de cuando en cuando-
Que le haga un cuadro donde se le vea
Vestido de sargento y comulgando).

Ya no le tenéis miedo
A César el Vallejo,
Ya no guerrea,
Ya no suda,
Ya no canta,
Ya no os dice aquello:
No quiero ver yo piedra sobre piedra
De ese Perú de sedas y de cuarzo
¡Pero temblad!: su poesía vive
Y anda por la tierra reclutando
Los guerrilleros que vendrán en Marzo.

Juan Gonzalo Rose,
Perú

lunes, 7 de abril de 2008

EL VASO, Juan Gonzalo Rose



Roto ha de estar, supongo,

El vaso cojo de mi antigua casa.
¡Cómo ha podido contener, él solo,
El agua toda que bebí en mi infancia!

Alguna mano familiar y amiga
Debió romperlo -una tarde acaso-
Y toda el agua de mi infancia rota
Cayó en mi alma, viuda de ese vaso.

No lo neguéis (mamá, no ha sido adrede)
Desde aquí estoy viendo,
Parado y solo en terraplén extraño,
El agua de mi infancia derramada.

Así como yo cuido mi corazón, cuidadme
Los amados objetos de este reino
Que edifiqué con risa ya llorada.

Ayer -no me lo dijo nadie, lo he sabido
Como se advierte el dolor del llanto
En la cama de hotel que nos cobija-
Alguien ha roto el vaso donde un niño
Supo peinar la sed de lo jugado.

Por eso insisto:
Guardad las cosas del que está lejano,
Defendedlas de los vuelos terribles de la mano.

Estar ausente tantos años hace
Sentirse un muerto al vivo más presente
Y por eso perdono (yo, el culpable)
Tanto naufragio,
Tanta rotura de alma impunemente.

Pero el vaso, no, el vaso nunca:
Otros vasos habrá, pero ninguno
Que conserve los versos de la fuente.

Juan Gonzalo Rose,
Perú

viernes, 22 de febrero de 2008

LAS CARTAS SECUESTRADAS, Juan Gonzalo Rose


Tengo en el alma una baranda en sombras.
A ella diariamente me asomo, matutino,
A preguntar si no ha llegado carta;
Y cuántas veces
La tristeza celebra con mi rostro
Sus óperas de nada.

Una carta.

Que me escriba una carta quien me hizo
Los ojos negros y la letra gótica,
Que me escriba una carta aquella amiga
Analfabeta de pasión cristiana;
Duraznos de mi tierra: que me escriban,
Vientos los de mi rambla: que me escriban,
Y redacte una carta pequeñita
Mi hermana abecedaria y pensativa.

Muertos los de mi infancia
Que se fueron
Dormidos entre el humo de las flores,
Novias que se marcharon
Bajo un farol diciendo eternidades,
Amigos hasta el vino torturado:
¿No hay una carta para Juan Gonzalo?

Si no fuera poeta, expresidiario,
Extranjero hasta el colmo de la gracia,
Descubridor de calles en la noche,
Coleccionista de apellidos pálidos:
Quisiera ser cartero de los tristes
Para que ellos bendigan mis zapatos.

El día que me muera ¿en una piedra?
El día que navegue ¿en una cama?
Desgarren mi camisa y en el pecho
¡Manos sobrevivientes que me amaron!
Entierren una carta.

Juan Gonzalo Rose,

Perú


sábado, 26 de enero de 2008

CARTA A MARIA TERESA, Juan Gonzalo Rose


Para ti debo ser, pequeña hermana,

El hombre malo que hace llorar a mamá.

Yo me interrogo ahora

¿Por qué no he amado sólo

Las rosas repentinas,

Las mareas de junio,

Las lunas sobre el mar?

¿Por qué he debido amar

la rosa y la justicia,

El mar y la justicia,

La justicia y la luz?

Fui un niño como todos.

También mi infancia

La atravesaba un río

Y tenía una hora misteriosa

En la cual las palomas

A mi alma obedecían.

Pero me preguntaba

¿Por qué en mi calle

La alegría es un viento

Fugaz e inesperado?

¿Por qué no siembran trigo

También sobre mi pecho,

Si aquí en mi corazón,

Todas las noches,

Se desbordan los ríos?

Por eso fue una noche

El rostro de mi madre,

Astro de cera y llanto

En el cielo apagado de mi celda;

Por eso me negaron

El Perú en mi desvelo,

Y vanamente grito:

Devolvedme mi patria,

Devolvedme mi escuela de palomas,

Mi casa frente al mar,

Devolvedme su calle más pequeña,

Su lámpara más rota,

Su más ciego lugar.

A pesar de todo esto,

Para ti debo ser, pequeña hermana,

El fantasma que vuelca

La sal sobre la mesa,

El mal hado que rompe

Las puntas de los días:

Y es que a ti te hace daño

Ver llorar a mamá.

Mas una tarde, hermana,

Te han de herir en la calle

Los juguetes ajenos;

La risa de los pobres

Ceñirá tu cintura

Y andando de puntillas

Llegará tu perdón.

Cuando esa hora suene

Es que amarás las rosas,

Las mareas de junio,

El jardín de diciembre

Donde los niños van;

Es que amarás mis sueños

Y mis cosas,

¡Sabrás por qué se rompe

Fácilmente

Por la mitad el pan!

Cuando esa hora suene

Y se empadrine en padre mi orfandad,

Iremos de la mano

Por las calles de Lima,

En trinidad de gozo:

La risa de mamá.



Juan Gonzalo Rose,

Perú


jueves, 10 de enero de 2008

LOS MALOS POEMAS, Juan Gonzalo Rose


No los destruyas.
No los eches
al pozo de los cielos.

Tal vez ellos retornen
después que la belleza
se haya ido.

Cuando la soledad
camine libremente
de la cama hasta el patio
y mi casa parezca
-al ojo del infante-
algún enorme erizo.

Entonces,
quizás entre sus líneas
descubras un instante
inadvertido;
la palabra extraviada
en domingos zoológicos;
algo más verdadero que lo hermoso.

Nadie sabe.
Consérvalos.

Cambia tu piel. También
la piel del mundo.
Pero el poema queda
guardando su misterio.

Tal vez no hay en tu cuerpo
-todavía-
esa única lámpara
con la que puedes verlo.

Juan Gonzalo Rose,

Perú.